miércoles, 23 de julio de 2014

Estado de Israel = Genocidio Racista

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Imperdible documental sobre la fundación del genocida, racista e imperialista Estado de Israel en tierra palestina. Bajo auspicio del millonario Lord Rothschild, y con el Imperio Británico como herramienta.
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jueves, 19 de junio de 2014

Paul Singer, el rostro de la usura internacional

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Por Augusto Bleda
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Ante ustedes el fundador del fondo buitre Elliott Management, quien ha puesto en jaque, de la mano del juez Griesa y la corte suprema de los Estados Unidos de América, la re-negociación de la deuda argentina. Ya hizo lo propio en su momento con Perú y el Congo. Su método consiste en comprar bonos de deuda de países sin capacidad de pago o en default, a precios irrisorios, para luego exigir intereses punitorios altísimos. Así ha amasado una fortuna de miles de millones de dólares. 

Actualmente Argentina ha renegociado su deuda externa con el 92% de los bonistas, mientras que un 8%, entre ellos Singer, continua reclamando el pago al contado. El juez T. Griesa ha ordenado el pago a Singer, y la corte suprema yanqui ha convalidado su exigencia: por lo tanto se le está imponiendo a la Argentina caer en default. Pues si pagara a Elliot Management, el gobierno argentino debiera pagar también al resto de los buitres (los otros formantes del 8%), y podrían también reclamar su pago los bonistas que ingresaron a los canje de deuda (el restante 92%), lo cual vaciaría de inmediato las reservas del Banco Central... dejando el país al borde de la quiebra y siendo presa fácil de los ataques especulativos con que sueñan Singer et alia

Pero de hecho, el gobierno argentino ha venido cumpliendo de sobremanera en el frente externo con el capital internacional: la compensación a Repsol por la expropiación de YPF y el arreglo de pago de la deuda con el Club de París, así como los pagos que religiosamente ha hecho de los bonos de deuda renegociados, dan sobradas muestras de nuestra condición de "pagadores seriales" (CFK, sic) y de nuestra voluntad de entrar en el juego del "capitalismo serio" (CFK, sic). Tenemos voluntad y capacidad de pago, ¿qué sentido tiene forzarnos a caer en default?, un sentido teológico-político, diría Carl Schmit. Para entender esto, veamos de quién se trata.

¿Quién es Paul Singer?

Dejemos primero que se presente él mismo. Ante todo, es exitoso hombre de negocios. Destacado aparece lo siguiente: "Lanzado en 1977 con un millón de dólares de capital, el fondo de Elliot Management ha crecido hasta aproximadamente $23 billones al día de hoy".

Pero también es un filántropo. Si, escucharon bien. La fundación que lleva su nombre nos dice lo siguiente: "En sus actividades filantrópicas, el señor Paul Singer ha jugado un rol de liderazgo en el apoyo a la investigación y a académicos en las áreas de economía de libre-mercado, imperio de la ley, innovación en los sistemas de salud, seguridad nacional de los Estados Unidos de América, y el futuro de Israel. El sr. Singer también es activo en el apoyo a los esfuerzos por la igualdad de LGBT" [la traducción y el destacado es nuestro].

Este es el rostro de la oligarquía global: transnacional, pero unida al destino político de Estados Unidos e Israel. Depredadora, no sólo del tercer mundo, sino de cualquier otro país que no sea alguno de los mencionados. Judío de nacimiento, es un partidario de los republicanos, principal financista de las campañas de George Bush y Mitt Romney. Pero es también un promotor del progresismo moral. Entre las noticias de prensa que exhiben los aportes de su fundación se destacan las campañas a favor del matrimonio homosexual (no puede dejar de enlazarse esta, donde se ve que es una conducta común a la élite oligárquica y no una excepción) y las destinadas a brindar reparo económico a los soldados estadounidenses lesionados en Irak y Afganistán.

La oligarquía es democrático-imperialista en política ("llevar la democracia a Irak"), liberal en materia económica, progresista en materia moral. Pero fundamentalmente es el pueblo de Yahvé: aprendió de su cruel trato con Abraham a ejercer la crueldad con quienes cumplen sus reglas. Argentina ha venido cumpliendo tanto con los dictados de los centros de poder financieros, como con el progresismo moral que promueven sus fundaciones filantrópicas. Pero ha creído falsamente que ello le daría algún tipo de autoridad para reclamar un trato entre iguales. El "capitalismo serio" (CFK), o en otros términos, el "imperio de la ley" (Singer) sólo es la carnada para que los súbditos como nosotros cumplan incondicionalmente con sus amos. No hay recompensa, sino castigo ejemplar para los que cumplen: "por este camino sólo avanza el pueblo de Dios", eso significa el fallo de Griesa, políticamente hablando, fundado en hondas implicancias fundamentalistas, teológicas y racistas. El sistema se funda sobre la excepción a la ley: Yahvé. Quienes en la tierra tienen una Alianza con él, se hacen ellos mismos excepción como pueblo, y se ponen por sobre toda ley, y sobre toda moral, para desde ese lugar expoliar, someter y exterminar al resto. Ellos son los buitres, la extrema derecha sionista. Económicamente, el fallo significa que la deuda no puede pagarse, es decir, que la usura ha de ser necesariamente eterna, y que ha de someter a condiciones infrahumanas a toda población nacional (léase, gentila expensas de pagos cada vez más abultados. Culturalmente significa que el progresismo juega para el enemigo, para lo cual ya hemos mencionado alguna vez el apoyo de George Soros y Rockefeller a la legalización de la marihuana. Sólo conociendo al enemigo, y su estrategia, podrá empezar a combatírselo.

Fuentes:
http://elfrentenegro.blogspot.com.ar/2013/09/rockefeller-y-soros-los-principales.html

Addenda: 

23/07/2014: Paul Singer, propietario del fondo buitre NML Elliott aportó más de 5 millones de dólares a dos organizaciones encargadas de hacer lobby en contra de que se alcance un acuerdo de paz entre Irán y las potencias de OccidenteFuente: Télam

lunes, 16 de junio de 2014

¿Qué piensa la oligarquía?

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Por Jaume Farrerons
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La idea de una "extrema derecha que gobierna el mundo" representa en sí misma una paradoja. Como ya señalábamos en entradas anteriores, "ultraderecha" es un término despectivo que alude a un sector político marginal, minoritario y mundialmente despreciado. Sin embargo, sostenemos, la extrema derecha gobierna el mundo. ¿Cómo es esto posible? Pues porque existe una extrema derecha, a saber, la extrema derecha sionista, que no se reconoce ni es reconocida como tal. Esta extrema derecha constituye, además, la fuente de la estigmatización de todos los nacionalismos gentiles y, al mismo tiempo, ha producido el imaginario en virtud del cual permanece inmune a su propio veneno. Pero la extrema derecha manda  en el hemisferio occidental: EEUU, la City de Londres e Israel.

Cada vez que un "progresista" utiliza la palabra "fascismo" como sinónimo del "mal radical", convalida y fortalece el código simbólico oligárquico, pues es ese mismo uso lingüístico el que ampara, por decirlo así, a los ultras judíos.

De lo expuesto se desprenden al menos tres postulados:

1/ para reivindicar posiciones políticas nacionalistas hay que situarse a la izquierda o uno será inmediatamente acusado de "ultra";

2/ para defender posiciones socialistas o, en general, de defensa de los trabajadores, hay que adoptar previamente posiciones nacionalistas, toda vez que el lenguaje y la praxis de la oligarquía son universalistas, cosmopolitas y globalizadores respecto de los pueblos "gentiles";

3/ para defender posiciones políticas radicalmente contrarias a la oligarquía en general hay que renunciar al código simbólico antifascista que, de forma automática, santifica por defecto el nacionalismo sionista de extrema derecha.

Judíos en el movimiento fascista originario:
un "escándalo" sin explicación en los términos
del "antifascismo" actual de rigor.
Sin embargo, en lugar de estas medidas preventivas de puro sentido común, aquéllo que encontramos en el mundo de la política es lo siguiente: 1/ los nacionalistas radicales de cada país, excepto en el caso de las naciones o pueblos sin Estado, se identifican con la derecha y aceptan, incluso de buen grado, el calificativo de "ultraderechistas", colocándose así en las antípodas de las masas populares trabajadoras a las que debería ir destinado su mensaje; 2/ los izquierdistas radicales en todo el mundo se identifican con el cosmopolitismo, la universalización y una fórmula especial de la globalización o mundialización que legitime su postura favorable a los flujos migratorios promovidos también por el capitalismo, rechazando así,  en conclusión, toda forma de nacionalismo; 3/ estos mismos izquierdistas radicales asumen de buena gana el lenguaje antifascista y consideran que le hacen mucho daño a la oligarquía cuando la acusan de "fascista", a pesar de que, con dichos usos linguísticos, legitiman el imaginario ideológico (sionista) del Holocausto.

Todos estos errores impiden organizar una auténtica resistencia política e intelectual contra la oligarquía. De ello son responsables tanto los ultraderechistas cristianos como la extrema izquierda comunista, los cuales representan voluntariamente, en definitiva, el papel que el nacionalismo radical judío, es decir, la extrema derecha sionista que gobierna el mundo, les ha asignado en provecho propio.

El trabajo de toda filosofía crítica debe consistir en combatir los mitos, dogmas y códigos simbólicos que, asumidos inconsciente y acríticamente por los ciudadanos, sustentan de hecho la ideología oligárquica.  A tal efecto, conviene saber qué piensan realmente los oligarcas, sólo de esta manera podremos comprender sus pautas de conducta y combatirlas de manera eficaz. Las estrategias y tácticas de resistencia han fracasado una y otra vez a lo largo de la historia. Si el enemigo oligárquico vence siempre, si los ultraderechistas comprueban que sus naciones son cada vez más dependientes del poder mundial, mientras la izquierda radical contempla el progresivo empobrecimiento de los trabajadores en todo el mundo, algo estarán haciendo mal unos y otros. Algún error deben de cometer. Para empezar, cuando aceptan sin reflexionar la falsa idea de polaridad que opone ultraderecha y extrema izquierda. Dicha polaridad existe, pero no es realmente la que piensan los interesados porque está mediada por otro concepto, a saber: judíos/gentiles, mucho más fundamental. Para romper con aquélla en su forma manipulada baste recordar que el fascismo fue, en sus orígenes, de izquierdas, un hecho que subleva tanto a ultraderechistas como a izquierdistas radicales a pesar de ser la pura verdad.

Los tres niveles de análisis crítico

"Estrategia de la tensión":
Red Gladio: la triple A europea
La ideología oligárquica muestra tres niveles de análisis: 1/ el nivel económico, ahí donde aparecen todas las cuestiones relativas al neoliberalismo, al capitalismo, los recortes sociales, las privatizaciones, las deslocalizaciones y otras prácticas harto conocidas. En este nivel los ultraderechistas poco tienen que criticar, eso cuando no se declaran abiertamente liberales y filocapitalistas. De la misma manera que se declaran cristianos, con lo que, pese a su presunto nacionalismo, están asumiendo todas las formas, históricas o contemporáneas, del cosmopolistismo apátrida. En la crítica del neoliberalismo se muestran más decididas las izquierdas radicales, pero siempre omitiendo el fenómeno de la inmigración a pesar de que éste representa una grave agresión capitalista al valor del trabajo. La combinación de ambas incongruencias posibilita el triunfo del capital, pues las sinergias de las fuerzas políticas de presunta resistencia en realidad confluyen en la misma dirección que las de las fuerzas políticas sistémicas, es decir, aquéllas que, de forma más o menos declarada, promueven la mundialización neoliberal.

El segundo nivel de análisis es aquél en que, además de la crítica del neoliberalismo, el crítico descubre la presencia del fenómeno ultraderechista judío moviendo los hilos de la globalización y vulnerando, en provecho propio, todas las normas que impone al resto de los países (practicando el supremacismo racial, el imperialismo, el colonialismo, etc...). Son pocos los analistas de izquierdas que alcanzan el segundo nivel, pues temen ser acusados de antisemitas. Además, la izquierda radical está repleta de nacionalistas judíos encubiertos que se dedican, precisamente, a reducir todas las cuestiones políticas a cuestiones económicas, borrando las huellas del ultraderechismo judío en las decisiones adoptadas por la oligarquía. No obstante, autores como James Petras, entre otros, son modélicos en lo que concierne a denunciar las motivaciones racistas (sionistas) de la política internacional estadounidense promovida por el lobby israelí en Washington. Empero, con el fin de evitar ciertas acusaciones de la parte oligárquica, los mencionados críticos acostumbran a sobrerrepresentar su antifascismo y, con ello, a remachar con su prestigio y legitimidad de "verdaderos críticos" sinceros (no "vendidos") la validez del imaginario oligárquico antifascista. Así, son, a la postre, los que más daño hacen a la causa de la resistencia y la crítica. En cuanto a la extrema derecha, es incapaz de desarrollar una crítica del ultraderechismo judío en este nivel por dos razones: las extremas derechas gentiles comparten todos los tópicos de su adversario, máxime cuando, en la mayor parte de los casos, estamos hablando de ultraderechas cristianas y de antisemitismos cristianos acuñados en el molde bíblico; dicho brevemente: en última instancia, en la matriz cultural judía.

El tercer nivel de análisis es, por tanto, religioso. La oligarquía sionista obedece a una serie de creencias apocalípticas y mesiánicas irracionales. Cuando no lo hace, su nihilismo es absoluto. Y las diferencias internas serias que oponen a los oligarcas hay que colocarlas en dicho plano interpretativo. No podemos entender nada de lo que sucede en el mundo sin abordar este decisivo factor motivacional. Tanto el neoliberalismo cuanto el nacionalismo judío radical conducen a YHWH,  es decir, a cuestiones como la resurrección de la carne, la inmortalidad, el reino de dios, el fin del mundo, etcétera... La pregunta por la verdad y la racionalidad resulta insoslayable. Pensar que se puede hacer "política de resistencia contra la oligarquía" manteniendo una postura de neutralidad en estas materias es simplemente absurdo. Y, sin embargo, ésta es la situación en el mejor de los casos. Los ultraderechistas gentiles decláranse cristianos y están incapacitados a radice para demoler los fundamentos ideológicos del sistema oligárquico: ellos mismos los  sostienen con una estupidez absolutamente sorprendente. "Una" extrema derecha no puede "criticar" realmente a "otra" extrema derecha, y quienes manipulan la historia son ultraderechistas. No existe, ni puede existir, en definitiva, genuina crítica ultraderechista a la oligarquía. Por su parte, la izquierda radical es heredera, a menudo inconsciente, de la secularización  histórica de los valores cristianos, de tal suerte que cuando uno aborda la crítica del judeocristianismo tiene que topar, tarde o temprano, con dogmas puros que los intelectuales "progresistas" se niegan siquiera a "pensar", pues sólo hacerlo les produce auténticos mareos. Son tales dogmas los que mantienen a la izquierda occidental encadenada al capitalismo y operando como legitimador ideológico "humanitario" de las políticas de flujos migratorios, es decir, el blanqueo filosófico de la trata de esclavos perpetrada por los capitalistas con fines de negocio, mestizaje y "multiculturalismo para gentiles". Y ésta sólo entre otras muchas cuestiones que los izquierdistas marxistoides consideran irrenunciables: relativismo, individualismo, hedonismo...

El tercer nivel de análisis es el más importante, pues sólo una vez mínimamente aclarado este aspecto básico de la cuestión puede pasarse a los otros dos sin perderse en el laberinto de datos que presentan. Pero nadie entiende esto. Nadie ha sido capaz, hasta ahora, de comprender que el tema del "fascismo" remite al tercer nivel y no puede resolverse como una cuestión política, sino filosófica, es decir, en tanto que respuesta a preguntas fundamentales de la existencia humana que impulsan a los oligarcas en su proyecto de dominación planetaria. En efecto, éstos son hombres igual que nosotros: todo aquéllo que hacen  o dejan de hacer responde a unos motivos tan hondos como los de cualquier hijo de vecino. No buscan sólo el dinero. No buscan sólo el poder. Con la "riqueza" y el "poder" están resolviendo otros problemas "antropológicos" de primera magnitud. Si no somos capaces de "analizarlos" en ese estrato de sentido, seguiremos jugando a un juego donde habremos sido derrotados de antemano. Nuestra derrota será, empero, la de todos los pueblos del mundo, la derrota de la civilización, la derrota de cualquier noción de socialismo y justicia social..., pero sólo porque, en primer lugar, se habrá consumado en Europa, patria de la filosofía, la derrota de la verdad.

La Marca Hispànica

miércoles, 12 de febrero de 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (2)

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- Segunda Parte -
- Caracterización Sociológica -


Toda acción política requiere, en primer lugar, la identificación del enemigo contra el que lucha.

Las caracterizaciones ideológicas, los fines y valores, los principios estratégicos y las metodologías tácticas de un movimiento, partido o grupo político, son conceptos que giran en torno a la sola cuestión de esa "enemistad" fundamental (Carl Schmitt), que nada tiene de "personal"; como en la guerra un general respecto de otro general o un soldado frente al adversario armado, no "odia" el revolucionario a individuos concretos, sino que pugna sin tregua para derrotar a un antagonista político. En condiciones normales es menester distinguir incluso entre el enemigo propiamente dicho y un mero contendiente coyuntural. Al enemigo se le detesta, pero, incluso a él, "políticamente", no "psicológicamente", como podría odiarse al ofensor de nuestra familia, amigos, bienes u honor.

El enemigo de la izquierda nacional es la oligarquía occidentalÉsta cabe definirla provisionalmente como extrema derecha sionistaracistasupremacista y expansionista. Sus integrantes humanos, sociales e institucionales pueden detectarse en cualquier lugar del planeta, pero singularmente en el hemisferio occidental y de forma más concreta todavía en las burguesías financieras de Estados Unidos, Israel y Europa. Los oligarcas no se identifican a partir de una religión, raza o etnia, ni siquiera una clase social, sino de un estamento. Su opuesto simétrico antagónico son los trabajadores autóctonos. Oligarquía mundial y trabajadores nacionales definen la contradicción principal de la society occidental posmoderna.

Aquello que combatimos es, pues, el opresivo dominio oligárquicoDesde una posición de extrema izquierda -patriótica- de lospueblos contra la extrema derecha -transnacional- de las élites. 

Queremos derrotar a los oligarcas en tanto que oligarcas. ¿Judíos, anglosajones protestantes, ingleses, israelíes, jeques saudíes, banqueros suizos? No importa eso. Tienen, los oligarcas, nombres y apellidos. Su neutralización y hasta liquidación física, pero por vías legales (restablecimiento de la pena de muerte contra los genocidas y criminales de guerra o lesa humanidad), forma parte, necesariamente, de la lucha revolucionaria democrática. Negarlo sería incurrir en una repulsiva hipocresía "buenista" de la que es menester desprenderse antes de abordar cualquier compromiso político serio. Al final, las élites financieras pagarán por sus atrocidades y  los responsables serán ejecutados por genocidios, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o crímenes contra la paz. No hay punto intermedio ni "diálogo pacífico" cuando estamos hablando de enemigos políticos responsables de las peores fechorías que la historia recuerda.

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Al final los oligarcas pagarán por sus crímenes. Y no debemos sentir piedad por ellos.
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Nos repugnan, sí, los oligarcas, pero se trata, subrayémoslo una vez más, es el mismo tipo de "odio conceptual" que el fiscal Aguilar manifestó contra los acusados del caso Kalki (a la postre inocentes) cuando los insultó de forma pública: nada (o poco) sabemos de los oligarcas como sujetos privados y no nos importa si beben agua mineral, vino de Rioja o prefieren el arte abstracto a la música clásica. Nos resultan indiferentes sus creencias soteriológicas o el color de su piel. Aquello que realmente cuenta es lo siguiente: que los oligarcas son los dirigentes, beneficiarios y responsables directos (o indirectos) del aparato de conversión de los entes en [objetos/mercancía+capital+objetos/mercancía] que aniquila los pueblos, las culturas y la naturaleza. La Gestell de Heidegger. !Nada más "impersonal" que la Gestell! Pero tiene sus sujetos físicos y a éstos es menester localizarlos, detenerlos, procesarlos y, si se demuestra su culpabilidad, encarcelarlos; democráticamente, mas sin compasión. Bastará con aplicar las leyes penales yprocesales del TMI (Nüremberg), es decir, sus propias normas represivas, antijurídicas pero plenamente vigentes hoy.

La oligarquía "autoriza" asesinatos "sin juicio" de menores de edad. El propio Obama, Premio Nobel de la Paz, ha reconocido que es un criminal: http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013_05_01_archive.html. ¿Quién responde por estas muertes?

De hecho, la oligarquía es muy difícil de "caracterizar", porque, precisamente, una de las claves de su poder consiste en permanecer oculta, es decir, en interponer, entre sus personas físicas y el pueblo de las comunidades nacionales a las que explota, devasta y extermina, unos "testaferros", los políticos profesionales, al servicio de entidades formales como "los mercados financieros", la banca, los "inversores",  el FMI, la "troica", etcétera. Por tanto, el primer rasgo del sistema oligárquico es su total ausencia de autoridad y capitalidad: la invisibilidad. No podemos identificar, a diferencia de otros poderes históricos, dónde se encuentra la sede física o territorial del dispositivo oligárquico de dominación. Ni sus líderes reales. Los vampiros-oligarcas esconden las tumbas donde  húrtanse a la luz diurna (la verdad). Hablar de Wall Street, la City de Londres, Washington o Tel Aviv sería expresarse en términos puramente metafóricos. Dicho dispositivo es esencialmente "aéreo" (burbuja financiera) y aterritorial, a la par que críptico y sectario (Club Bilderberg), aunque controle determinados enclaves regionales, ciudades, naciones enteras, estados y espacios "materiales" con sus respectivas sedes capitalinas, administrativas, políticas, económicas... La oligarquía sólo se "territorializa" a medida que desciende de rango en la jerarquía piramidal informal, hecho que permite a los poderes plutocráticos arraigarse y distribuir capilarmente sus tentáculos para extraer los recursos (trabajo, capital) que succiona de manera constante en un ámbito perfectamente acotado (no hay huecos) de vampirización económica. Las élites extractivas.

El vampiro es un cadáver parásito
en busca de la vida eterna...
La oligarquía y las masas

Son parásitos. La celebérrima "ética del trabajo", que difunden a voz en grito los oligarcas y sus esclavos interiorizan con un sentimiento de vergüenza y culpa cuando se encuentran en situación de paro laboral;  aquella moral del hombre honrado que los "inversores" imponen al pueblo por la fuerza del adoctrinamiento y la presión social, calificando de zánganos improductivos a los "pobres" y "fracasados", es sólo la cínica estrategia discursiva de  hediondas garrapatas tumbadas en hamacas junto a piscinas de lujo. El siervo del capitalismo tiene que desear ofrecer su sangre voluntariamente y cifrar en el hecho de ser explotado su identidad y valía personal. El "trabajo" de la sanguijuela financiera consiste, empero, en  llamar por el móvil a su bróker una vez a la semana para informarse sobre la volumen de beneficios succionados al esfuerzo ajeno. !Y ningún desgraciado desprecia a semejante engendro, nadie le acusa, si es el caso, de no haber trabajado jamás -menuda suerte- y engordar aún más su bolsa sin dar un palo al agua! Antes bien, todos los patéticos desgraciados y fanáticos de la "ética del trabajo" (para tontos) querrían ser como el chupóptero bursátil.La estructural "opacidad" del alto poder oligárquico representa la otra cara de su principal instrumento de dominio, a saber, la "información", entendiendo por tal, no tanto un contenido realmente formativo o veraz, cuanto unas cadenas sígnicas manipuladas, fraudulentas, propagandísticas o "ideológicas" en el sentido marxista del término. El poder de la oligarquía se basa, ante todo, en "lo simbólico" y, captado el signo, en la mentira (el signo está "invertido"), no sólo exclusivamente en la simple coacción o fuerza policial/militar. Es el "lavado de cerebro", vehiculado por los denominados "medios de comunicación", por la propaganda política y comercial, el "mundo de la cultura" y la "educación", aquello que aparece en primera línea para mantener apaciguadas y políticamente sometidas a "las multitudes" (Negri, Hardt). Dicha "información", en el sentido de lo "informe" (carente de forma), constituye mental y axiológicamente al hombre-masa
 
El hombre-masa es, ante todo, temeroso y obediente, no quiere "problemas", pide únicamente "salario", es decir, ser explotado de forma más o menos razonable, de suerte que pueda disfrutar, como poco, de algunos objetos de consumo que marcarán el estatus del "individuo" como miembro de la society. La masa es el correlato sociológico de las élites en el interior del imaginario oligárquico. Por tanto, la masa es también un estamento. Porque en la sociedad posmoderna ya no existen clases sociales. La movilidad social ha quedado congelada. El hombre-masa sueña con ascender, pero "uno" sólo "asciende" en tanto que afecto a la oligarquía y con independencia de los méritos, capacidad o esfuerzo.

Cuando hablamos de "trabajadores" como antagonistas sociales de la oligarquía, el significado de este término es, por tanto, normativo, no descriptivo; político, no meramente económico. El "trabajo" define aquí una actividad creadora y reproductiva del pueblo que se justifica por sí misma al servicio de la comunidad nacional, nunca jamás en provecho de las "élites" propietarias del capital financiero (que, subrayémoslo, no trabajan nunca). Cuando un poeta escribe poesía, eso es trabajo aunque no reciba un salario "a cambio": su tarea representa un fin en sí mismo.  El trabajo se justifica por su valor social y cultural. 
La madre trabaja al educar al hijo, pero no "cobra" (normalmente) por ello. Cuando el empleado de un McDonald's sirve, en cambio, una hamburguesa  repleta de gusanos, no trabaja, porque su única finalidad es la remuneración.  Sólo es trabajo aquello que haríamos por deber o vocación en cualquier circunstancia y con orgullo. No será verdadero trabajo las tareas que realicemos únicamente para recibir unas monedas, "puesto" que las abandonaríamos inmediatamente -para disfrutar de unas vacaciones- si el dueño no nos pagara.Obligación y deber son palabras que mientan conceptos éticamente opuestos. El deber y la vocación profesional definen al trabajadorLa obligación y el salario caracterizan al semiesclavo hombre-masa bajo el dominio oligárquico. Por eso el hombre-masa es esencialmente un consumidor, un aspirante a oligarca, no un trabajador; y de ahí también que las sociedades oligárquicas estén destinadas a la ruina económica, a la quiebra de las instituciones de protección social y, llegados a este punto fatal e inevitable, al restablecimiento de la esclavitud laboral descrita por Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra (obra que vuelve a estar vigente después de medio siglo de ostracismo literario). 

La tortura como método sistemático y legal
de represión en las "democracias" antifascistas
En segundo lugar, la oligarquía dispone de medios tecnológicos suficientes para aplastar materialmente cualquier revuelta de masas que, en el supuesto de una fractura o brecha en la campana simbólica virtual de narcotización de los productores, consumidores, contribuyentes, (que no "ciudadanos"), pudiera amenazar mediante la violencia física las instituciones políticas del sistema estatal (pseudo) "democrático".

La oligarquía, empero, es muy capaz de utilizar el crimen de forma habitual en la periferia de su dominium, concepto que implica, pese a lo dicho más arriba, una cierta espacialidad concéntrica que se refleja en su estructura social jerarquizada. Centro/periferia son nociones que no identifican las relaciones tradicionales entre una capital imperial y unas colonias, sino "campos operativos" en los que el método de explotación/extracción y el trato dado a los dominados es cualitativamente distinto. El "imperio" no existe, se trata de un invento "antifascista" de Petras y Negri. 
La oligarquía es anti-imperial por esencia, y quien no entienda esto no ha entendido nada.

En los ruinosos márgenes (vertederos humanos y ecológicos) de la "Franja Aérea" (Orwell), el dispositivo oligárquico sustenta dictaduras policiales dispuestas a exterminar sin contemplaciones a sus súbditos, y así protocoliza los patrones de actuación allí donde la apariencia de la "democracia" es tanto más frágil cuanto más onerosa e "innecesaria" (el montaje de cartón piedra democrático resulta "caro", "insostenible" ya incluso).

En las "zonas centrales" la violencia (secreta, tecnificada, profesional) "sólo" es empleada normalmente de forma selectiva contra los disidentes más peligrosos o contra personas "incontroladas" que, por diversas razones, poseen información capaz de perjudicar a determinados intereses oligárquicos (por ejemplo, Joan Cogul fue asesinado por la mafia catalana, es decir, por la oligarquía local, cuando iba a declarar contra determinados dirigentes políticos nacionalistas). 

Las oligarquías a las que tenemos que enfrentar, en primera instancia, son las que operan como tentáculos del poder oligárquico mundial en nuestra propia patria. Pero si olvidar que la "política nacional" y la "política internacional" jamás funcionan a modo de compartimentos estancos. No existe ya "política nacional", la soberanía de los estados (excepto EEUU/Israel) ha sido suprimida hace décadas. Cuando luchamos contra Rajoy, estamos, al mismo tiempo, luchando contra Bruselas, el FMI, Wall Street y Tel Aviv. Ignorar esta realidad sería ingenuidad o un ejemplo de suicidio político.
La Marca Hispànica
16 de enero de 2014


martes, 11 de febrero de 2014

El lobby sionista controla Estados Unidos

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¿Quien se atreve a decir después de observar este documental y los anteriores que hemos publicado que el Estado de Israel es "un baluarte del imperialismo yanqui" en Medio Oriente?. Todo pareciera indicar lo contrario: Estados Unidos de América es un enclave colonial sionista. Si es así, ¿qué hay del resto del mundo?.
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Saquen sus propias conclusiones.
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