Bienvenidos al Frente Negro

sábado, 26 de septiembre de 2009

Los Burócratas

 .
.
Por John William Cooke
(Extracto de “Peronismo y Revolución”)
.
Lo burocrático es un estilo en el ejercicio de las funciones o de la influencia. Presupone, por lo pronto, operar con los mismos valores que el adversario, es decir, con una visión reformista, superficial, antitética de la revolucionaria. Pero no es exclusivamente una determinante ideológica, puesto que hay burócratas con buen nivel de capacidad teórica, pero que la disocian de su práctica, y en todo caso les sirve para justificar con razonamientos de “izquierda” el oportunismo con que actúan. La burocracia es centrista, cultiva un “realismo” que pasa por ser el colmo de lo pragmático y rechaza toda insinuación de someterlo al juicio teórico que los maestritos de la derecha les hacen creer que es “ideología” y que ésta significa algo que no tiene nada que ver con el mundo práctico. Entonces su actividad está depurada de ese sentido de creación propio de la política revolucionaria, de esa proyección hacia el futuro que se busca en cada táctica, en cada hecho, en cada episodio, para que no se agote en sí mismo.

El burócrata quiere que caiga el régimen, pero también quiere durar; espera que la transición se cumpla sin que él abandone el cargo o posición. Se ve como el representante o, a veces, como el benefactor de la masa, pero no como parte de ella; su política es una sucesión de tácticas que él considera que sumadas aritméticamente y extendidas en lo temporal configuran una estrategia.

En realidad, está integrando una serie de relaciones superestructurales de las cuales se propone o cree valerse pero que lo tienen aprisionado; es sensible al terrorismo de las acusaciones de trotskista o comunista, cultiva las banalidades sociológicas que le inculcan bajo disfraz “progresista” en los cursos de la CGT o similares, y cree que es el único que sabe sumar tanques y soldados por lo que declara fantasía y aventurerismo todo planteo que desafíe la correlación abrumadora de fuerzas en contra de los intereses populares.

Afirma que el peronismo no debe ser “clasista”, porque confunde la composición policlasista del Movimiento con su ideología, considerando que existen ideologías “policlasistas” o “neutras”. No puede entender que, en un frente de lucha, con el policlasismo estamos todos de acuerdo, pero que la ideología sólo puede ser o la revolucionaria del proletariado o la burguesa.

También cree que estar en contra de una sociedad dividida en clases es plantearse utopías en que todo quedará socializado en veinticuatro horas por decretos fulminantes. Esa visión, metodología y práctica burguesas, facilitan la proliferación de los peores elementos que en los remansos de la lucha aparecen para mangonear figuración y candidaturas ellos mismos un poco sorprendidos de la desmemoria general para con sus claudicaciones pasadas. Las flores de fango por un lado y los varones prudentes por el otro, creen que más allá del módico repertorio de métodos y tácticas que ellos manejan sólo quedan el infantilismo los golpes de mano y la desorbitación aventurera; entonces se reivindican como realistas, administradores avaros de cualquier margen de legalidad, de cualquier complacencia que los dueños del rayo de la violencia nos concedan.

Este “estilo”, esta calidad especial, corresponde a nuestra contra-dicción intrínseca de movimiento revolucionario por nuestra composición y nuestra lucha antiimperialista y antipatronal —que objetivamente hace de nosotros el término de un antagonismo irreconciliable con el régimen— mientras que organizativamente y como estructura estamos muy por debajo de esos requerimientos. No creemos que sea un resultado de la mala suerte; responde a causas generales y del peronismo como agente histórico con una especialidad determinada; pero tampoco es un determinismo que nos condene a no superar nuestras propias carencias. Eso no puede ser tema del presente trabajo; simple-mente queríamos señalar que el espíritu burocrático que todos los activistas reconocerán inmediatamente, en esta oportunidad ha alcanzado sus más bajos niveles éticos y la máxima nocividad, porque sobre el silencio impuesto por el golpe sólo han hablado los portadores del confusionismo, los predicadores de la mansedumbre, los ideólogos de la alienación totalitaria y clerical.

No hay comentarios: