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jueves, 25 de febrero de 2010

Convocatoria a los Deberes de Nuestro Destino Nacional y Americano

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Por John William Cooke

(De Peronismo y Revolución, Editorial Papiro, Buenos Aires; 1971)

Este gobierno es una mezcla de lo peor que tiene cada sistema: del liberalismo aplica el libre cambio y la libre empresa, del fascismo y variantes feudales diversas, el autoritarismo, las jerarquías consideradas como de orden divino; del cristianismo, la moralina ultramontana, del clericalismo, la utilización reaccionaria de los sentimientos religiosos para sostener todo lo que es orden establecido, autoridad de cualquier índole. Lo que es y lo que tiene autoridad se considera bueno de por sí.


Van a modernizar al país con una mezcla del siglo XII, siglo XIX y occidentalismo tecnológico. El país tendría maquinaria, capital monopólico, eficacia, productividad, patriarcalismo, jerarquías inconmovibles, beatería, orden, monotonía, censura, patrioterismo, recato en el vestir, puritanismo, uniformidad. Se desea un país que produzca en medio del aburrimiento, la sequedad de espíritu, la estolidez conservadora; sin peronismo, sin pueblo ni rebeldía, sin parejas candentes en las plazas públicas. Esta maravilla es la que quieren crear en nombre nuestro. La putrefacción eclesiástica aparece ahora momificada para contribuir con la metafísica silogística a apuntalar al liberalismo, que fuera su verdugo y está, a su vez, condenado por la historia.

Ya sabemos que el "realismo" burocrático sonríe ante nuestras rebeldías. ¿Qué puede hacerse contra toda la fuerza monopolizada? Pero nosotros sabemos, como revolucionarios, que ninguna correlación abrumadora es permanente, que la dialéctica del devenir histórico-social ha destruido poderíos más abrumadores. Hasta podríamos agregar que Caamaño, los jefes guerrilleros de Guatemala como Turcio y Yon Sosa, el comandante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela, Medina Silva, etcétera, también fueron militares, algunos de ellos educadores en la lucha contra-guerrillera y hoy están al frente de las luchas y de las esperanzas populares.

Pero también sabemos que nada ocurre favorable al pueblo si no hay lucha, acción en las condiciones que se pueda. Sabemos que una correlación de fuerzas puede cambiar, pero a condición de que no se la considere definitiva e invencible. Sabemos que sólo ganan las batallas los que están en ellas. Y que si éramos peronistas hasta ayer; no vemos motivos para dejar de serlo hoy, sino todo lo contrario: porque las armas y el peligro no son motivos suficientes.

Y aunque individualmente estamos desarmados, y la represión pueda llegarnos, el pueblo es un gran ejército desarmado que adquiere, a través de la lucha, la potencia suficiente para ser incontenible.

Repetimos que no tenemos vocación por el martirologio. Hay que cumplir con nuestro deber y lo cumplimos. Exactamente igual que miles de hombres y mujeres que cumplen y cumplirán con el suyo. Como vanguardia, tenemos que ayudar, orientar, promover ese esfuerzo colectivo, no andar con pretextos, no servir de bufones al régimen, y decir las verdades peligrosas y mirar a las cosas de frente.

El país es una regencia de bayonetas montando guardia al privilegio local y extranjero. Una opresión que sostiene como eternas una serie de transitoriedades que son letales para nuestra vocación de país soberano.

A nuestros mariscales de las grandes retiradas, que nunca combaten pero viven firmando armisticios, el golpe militar los ha dejado sin nada que negociar, salvo su aporte a la confusión. Si algún "reencuentro" se llegase a producir entre pueblo y fuerzas armadas o parte de ellas, no ha de ser por esa predestinación en que simulan creer los burócratas para ahorrarse los sacrificios del enfrentamiento y jugar a precursores, sino que será también un producto de las luchas de masas. No es en el quietismo y la sumisión como se debe encarar esta etapa. Nosotros no tenemos ningún deseo de ser reprimidos.

Nos gustarían las soluciones pacíficas y sin víctimas. Pero no somos quienes hemos cerrado esa posibilidad: es la oligarquía, el imperialismo, los gendarmes de la explotación. No acataremos en silencio el holocausto de nuestro pueblo a los ídolos tristes de los caza brujas, a la cohorte que los empuja a mayores errores mientras administran el patriotismo. El peronismo es más que un partido. No lo disuelven por decreto ni lo amansan por intimidación.

No llamamos a ninguna aventura desesperada. Llamamos a la lucha, que comienza por esclarecer las conciencias, proclamar las verdades y hablar por los que callan cuando deberían orientar a la masa.
Esta Argentina que nos quieren imponer, contrahecha y mezquina, es un retroceso y una negación de los valores auténticos de la Patria. Esta mezcla de "Revolución Libertadora" y "década infame" no tiene nada que ver con lo que el pueblo anhela y merece.

Esta Argentina donde los niños y los sueños mueren desnutridos, donde los explotadores dictan las condiciones de la convivencia, esta Argentina no la queremos. Esta unidad patriotera, de obediencia al privilegio y sometimiento a la fuerza, no es la nuestra, y contra ella proclamamos la unidad de todas las fuerzas patrióticas antiimperialistas que no se doblegarán ante el statu quo y sus guardias de hierro.

Queremos la libertad, y empezamos por proclamar la conciencia de falta de libertad. Llamamos a la liberación en nombre de la conciencia nacional, que es conciencia de que somos un país sin autodeterminación. Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora: el fervor militante, el sentido de la Patria como proyecto de liberación, la solidaridad entre los hombres para luchar por una sociedad sin verdugos ni explotados, todo lo que es cálido, generoso, amor por los seres humanos, lealtad a nuestro destino argentino y americano.

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