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miércoles, 5 de mayo de 2010

F.O.R.J.A., Su Nacimiento y Acción

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Por Juan José Hernández Arregui
Extracto de "La Formación de la Conciencia Nacional"

La Restauración de la Argentina sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y del imperio de la justicia social”.

F.O.R.J.A., cuyo significado era Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, ya en la sigla descubre sus orígenes. Fue un movimiento ideológico surgido de la crisis de la UCR acelerada a raíz de la muerte de Hipólito Yrigoyen.

Los rasgos tipificadores del movimiento son los siguientes: 1º) Un retorno a la doctrina nacionalista aunque vacilante de Yrigoyen filiada, en el orden de las conexiones históricas, a las antiguas tradiciones federalistas del país anteriores a 1852. 2º) Retoma en su contenido originario, los postulados ideológicos de la Reforma Universitaria de 1918. 3º) Su pensamiento no muestra influencias europeas. Es enteramente argentino por su enraizamiento con el doctrinarismo de Yrigoyen, e hispanoamericano bajo la influencia de Manuel Ugarte y Raúl Haya de la Torre y el aprismo peruano. 4º) Sostiene la tesis de la revolución hispanoamericana en general y argentina en particular asentada en las masas populares. 5º) Es un movimiento ideológico de la clase media universitaria de Buenos Aires, en sus capas menos acomodadas, con posteriores ramificaciones en el interior del país. 6º) En su posición antiimperialista enfrenta tanto a Gran Bretaña como a EE.UU., en un doble enfoque nacional y latinoamericano.

La idea de FORJA fue lanzada por Arturo Jauretche y antecedida por conversaciones con viejos luchadores del radicalismo como Manuel Ortiz Pereyra, Gabriel del Mazo, Juan B. Fleitas, Homero Mancione (Manzi), A. Gutiérrez Diez, etc.

La acción de FORJA tuvo por objetivo inmediato combatir la dirección partidaria de Marcelo T. de Alvear que representaba la tendencia conservadora y oligárquica. En su ánimo de aristócrata, Yrigoyen era “la hidra parasitaria, partido el árbo por un rayo, la planta se seca y se muere”, según decía Alvear.

Waldo Frank, un extranjero, había visto esa revolución de modo muy distinto que el heredero de Yrigoyen y jefe del radicalismo: “Volaron unos aviones, desfilaron unos militares y por la noche, en la Casa Rosada, los terratenientes argentinos tomaron champagne de las mejores vendimias, pagado con el oro de los petroleros norteamericanos”, luego del golpe militar.

Bien pronto, el genio colonialista de Inglaterra habría de desplazar al inexperto y bárbaro imperialismo yanqui. Al iniciarse la “década infame” las inversiones inglesas en la Argentina ascendían a 446 millones de libras esterlinas. Con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial, el 60 por ciento de las inversiones extranjeras eran británicas.

La dependencia Argentina está reflejada en las siguientes cifras dadas por Isabel Sisk y Robert Lennie: “La Gran Bretaña compra de un 30% a un 40% de todas las ventas argentinas y notablemente el 90% de sus carnes de la cuota de exportación”.

En 1934, Arturo Jauretche caracterizaba así aquella situación: “La revolución de septiembre a tenido y tiene una finalidad imperialista, se incubó en las empresas petroleras y se ha hecho carne en todos los intereses del capitalismo extranjero al servicio de los grupos yanquis con Uriburu y de los ingleses ahora, ha volteado la democracia porque ella, mediante el yrigoyenismo que cada día precisaba más su definición nacionalista de izquierda, corría el privilegio de explotación conseguido sistemáticamente gracias a los gobiernos oligárquicos, desde el empréstito Baring de 1824, que comienza a crear los eslabones de la cadena”. A renglón seguido puntualizaba el doble carácter económico y cultural del dominio imperialista: “Los institutos de enseñanza se preocupan por formar una mentalidad adocenada que orienta a los abogados, médicos, ingenieros y demás alquilones de esas empresas, preparando las clases dirigentes para la función de capataces que se les asigna y la policía cuida celosamente de ahogar con la persecución lo único argentino que está quedando en el país: la gente humilde que palpa en su miseria la realidad colonial de la patria”. Esta opinión es importante, pues anticipa el ideario de FORJA.

Jauretche resumió el estado espiritual de las causas que levaron a muchos radicales a levantarse contra Alvear. Jauretche contraponía lo nacional a lo antinacional, rehaciendo la vieja tesis yrigoyeniana sobre el “régimen” y la “causa”. También destacaba en Yirigoyen su firme aunque velado sentimiento hispanoamericano y la intuición de las fuerzas secretas que trabajaban por la desintegración nacional. El caudillo radical había iniciado una política nacional defentista de los ferrocarriles, y lo mismo con los servicios públicos. De ahí su política frente al petróleo y a las riquezas del subsuelo, que “no pueden ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma”. Esta era la posición histórica de Yrigoyen. Pero no para las izquierdas extranjerizantes que lo acusaban de fascista.

FORJA planteó por primera vez en la Argentina la cuestión del imperialismo británico en sus implicancias nacionales. Esta tarea se desarrolló en tres frentes: 1º) Como lucha interna dentro de la UCR corrompida por sus trenzas políticas y la insolvencia de los dirigentes 2º) En las tribunas callejeras mediante una acción proselitista áspera y electrizada, en medio de la indiferencia desalentadora al principio de la opinión pública, y finalmente, del creciente apoyo de un público político independiente que rodeaba las tribunas de la agrupación. 3º) Mediante libros y folletos, volates y slogans de enérgica connotación argentina.

Si los hombres de FORJA como radicales estaban destinados al fracaso, como ideólogos tenían asegurado, por el vertiginoso crecimiento del país, una misión ideológica progresista. Así Arturo Jauretche decía en una conferencia: “Así la emancipación económica y la justicia social serán el complemento indispensable de la independencia política”. Se anticipaba una década a la bandera que al ser agitada por Perón y tomada por el proletariado argentino habría de romper con la dependencia de un país, materia y fundamento de la lucha patriótica de FORJA.

Uno de los cartelones callejeros que se pegaron en 1935: ¿Los argentinos somos zonzos? “Ghandi está con la libertad y la democracia, pero quiere que empiece por la India. Empecemos aquí con los frigoríficos, los ferrocarriles, el comercio de cereales, el servicio de luz y demás fuentes de nuestras riquezas nacionales que son las prendas de nuestra libertad. Ni las plutocracias, ni el nazifascismo pelean por nosotros. Esta tarea es nuestra. Sólo hay un nacionalismo: el radical. Sólo hay un radicalismo: el de FORJA

En 1936, consumada la abdicación del radicalismo decía FORJA: “La Restauración de la Argentina sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y del imperio de la justicia social”.

Diez años después, el 17 de octubre de 1945, el pueblo haría suya esa bandera y confirmaría una anticipación de FORJA: “Si estamos equivocados, nadie nos oirá, pero si el pueblo entiende que estamos en la verdad, ha de secundar la tarea que emprendimos sin vacilación y con altivez de argentinos”. No estaban equivocados. El 17 de octubre de 1945 divide en dos partes, con la unión eje del Ejército y el pueblo, la historia de la Argentina moderna.

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