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viernes, 19 de febrero de 2010

Scalabrini Ortiz: "Adquirir los Ferrocarriles Equivale a Adquirir Soberanía"

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Por Juan José Hernández Arregui
Extracto de "La Formación de la Conciencia Nacional"

Detrás de las ideas de FORJA actuaba la inteligencia de un patriota. Raúl Scalabrini Ortiz quemó su vida al servicio el país. A él se deben los análisis económicos sobre el imperialismo británico, y la intuición primero, y comprobación después, de la apretada textura de intereses materiales y relaciones invisibes, que han condicionado la existencia histórica de la Argentina y la lucha de su pueblo por la emancipación nacional. Scalabrini Ortiz es uno de los grandes constructores de la conciencia histórica de los argentinos.

Un pueblo que adquiere conciencia común de su dependencia, ha entrado en la lucha por la libertad. Todo lo extranjero era intocable para esa minoría educadora. Todo lo nativo, dañoso.

Las ideas de Scalabrini Ortiz no ofrecen muchos matices. Están sólidamente estructuradas alrededor de una idea focal: la Argentina. Por eso, su pensamiento sobre la América Latina y el país, forman una unidad indivisa: “La Argentina está en retardo. Vendida en su falsa opulencia, entró en desdén y se creyó europea o norteamericana y fue tal su locura que hasta lo europeo mismo llegó a despreciar a ratos comparándose en su delirio a la todopoderosa fracción anglosajona de la América del Norte”.

Scalabrini Ortiz sabía que esa riqueza no nos pertenecía, que era “una leve apariencia del dominio político” no real. Scalabrini Ortiz probaba que en materia de vehículos, longitud de vías, consumo de maquinarias por habitantes, en marina mercante, electricidad, telares, depósitos bancario y de ahorros, en importaciones totales, la Argentina estaba en último puesto con respecto a las colonias británicas. Y probó también que a través del empréstito de Baring Brothers fue el principio de nuestra dependencia a Gran Bretaña. Al mismo tiempo, Sir Esmon Ovey, cuando era embajador inglés en Buenos Aires: “Los argentinos son los extranjeros más británicos que he conocido”.

El poder de las empresas ferroviarias, por ejemplo, abarcaba a la prensa, la justicia y la Universidad. Ministros argentinos acataban órdenes de Londres. Miguel Ángel Cárcano, embajador ante Gran Bretaña, exponía ante Sir Montagu Eddy, su “opinión contraria a la adquisición por parte del gobierno argentino de la totalidad de la red ferroviaria británica, porque consideraba beneficioso para el país la vinculación de capitales británicos”. En verdad, el proyecto inglés tendía al monopolio total de los transportes –ferroviarios, automotrices, aéreos- en todo el territorio de la República.

Raúl Scalabrini Ortiz demenuzó: “Adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía”. Se trataba del problema de los ferrocarriles, llave del dominio colonizador inglés y canal al exterior de nuestras exportaciones de carnes y cereales también controladas por Gran Bretaña.

La implacable crítica se basaba en “esa fábula canalla sobre nuestra incapacidad para administrar”. Se dedujo con corrección, que para Inglaterra, el problema residía en sofocar la tendencia argentina hacia la industrialización, o como decía The Economist “hacia el nacionalismo industrial”.

La oligarquía facilitó el dinero a las empresas extranjeras para la construcción de otras redes, y al mismo tiempo, estas empresas recibieron gratuitamente 346.746 hectáreas de tierra que les fueron despojadas a los propietarios nativos.

El poder ferroviario fue superior al de los gobiernos nacionales. Las rentas de las empresas particulares llegaron a superar las de la Nación. Pero no paró ahí el poder de los ferrocarriles. El interés ingles impuso tarifas aduaneras, administró o anuló puertos, orientó o impidió determinados cultivos, enfrenó el desarrollo de poblaciones enteras, escogió presidentes, vetó candidaturas. El país fue distorsionado por el capital colonizador antiprogresista. Scalabrini Ortiz en contraste, recordaba cómo la grandeza de Alemania, Italia y Japón, fue antecedida por el control estatal centralizado de los ferrocarriles. Y también, que en ningún dominio británico, los ferrocarriles eran ingleses, sino nativos.

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