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sábado, 15 de mayo de 2010

Las enseñanzas del proceso histórico mundial

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Por Juan Domingo Perón
Extracto de "Modelo para el Proyecto Nacional"

De dos fuentes proviene el crecimiento económico de los países más avanzados. Por un lado, de sus propios recursos tecnológicos y acumulación de capital. Por el otro, del acceso a las riquezas y el trabajo de los países colonizados. El traspaso de las riquezas de estos últimos países a las grandes potencias se efectuó de muy diversas formas. De acuerdo con las circunstancias, se utilizó desde el procedimiento de la apropiación física hasta el de la remesa de beneficios para las inversiones imperiales, pasando por las etapas intermedias de ambos extremos.

De esa manera, muchos países colonizados expandieron su producto, pero no su ingreso. Así se mostró un aparente progreso que, en realidad, encubría su miseria. Para mantener este sistema se necesitó de la dominación política. El arma empleada para ello se adecuó también a las circunstancias. Fue así como se acudió al empleo de las fuerzas militares, en intervenciones directas o indirectas; al copamiento de gobiernos o de sectores claves del país; a la complicidad de los grupos dirigentes; a la acción sutil de las organizaciones que sirven a intereses supranacionales; a los empréstitos, que bajo la forma de “ayudas” atan cada vez más a los países dependientes. Es decir, se recurrió a cuanto procedimiento fuera útil para los fines de dominación perseguidos.

Ésta ha sido una evolución particularmente notable del sistema imperialista durante casi todo el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. En su transcurso, las espaldas de los trabajadores de los pueblos sometidos –tanto del mundo oriental como del occidental– han sobrellevado, en buena medida, la carga del progreso de las metrópolis imperialistas. Pero la situación internacional está sufriendo profundas conmociones: los pueblos comienzan a despertar, y eso es causa de que los países dependientes se vean obligados a tomar partido frente a dos elecciones:

• Por un lado, elegir entre neocolonialismo y liberación. Para nosotros la elección resulta obvia, y cuando dijimos que había que construir el “Tercer Mundo” no hicimos otra cosa que dar un nombre y un sentido al camino de liberación elegido.

• Por el otro, se presenta la elección entre capitalismo y comunismo como opciones inevitables. Nosotros percibimos el error de considerar como únicas alternativas, a dos posiciones extremas que han servido para la dominación. Así surgió la “Tercera Posición”.

Venimos sosteniendo estos conceptos desde hace tres décadas. Consecuente con ellos, Argentina inició un proceso de cooperación latinoamericana para lograr la liberación. Ya la idea de Comunidad Latinoamericana estaba en San Martín y Bolívar; ellos sembraron las grandes ideas y nosotros hemos perdido un siglo y medio vacilando en llevarlas a la práctica.

Ahora, para corregir el rumbo que equivocadamente tomamos, debemos profundizar, entre otros lazos de unión, la línea de los tratados de complementación económica, que como el firmado en Santiago de Chile, hace veinticinco años, entre este país y la Argentina, estén abiertos a la adhesión de los demás países del área con la finalidad de alcanzar una integración económica sudamericana.

Este proceso arroja algunas enseñanzas que es conveniente no desaprovechar en una acción futura. Podemos sintetizar tales enseñanzas en las siguientes consideraciones:

Unión Latinoamericana. Cada país participa de un contexto internacional al que no puede sustraerse. Las influencias recíprocas son tan significativas que reducen las posibilidades de éxito en acciones aisladas.
Por ello, la Comunidad Latinoamericana debe retomar la creación de su propia historia, tal como lo vislumbró la clarividencia de nuestros libertadores, en lugar de seguir por la historia que quieren crearle los mercaderes internos y externos. Lo repito una vez más: “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados”. Nuestra respuesta, contra la política de “dividir para reinar”, debe ser la de construir la política de “unirnos para liberarnos”.

Reacción Imperialista. Tenemos que admitir como lógica la acción de los imperialismos en procura de evitar que la unión de nuestros países se realice, ya que ello es opuesto a su interés económico y político.
En consecuencia, debemos admitir que la lucha es necesaria. Pero nosotros también aprendimos a reducir el costo social de la lucha, porque luchamos por la idea y a través de ella.

Verdad y Justicia. Puede discutirse mucho acerca de si existe o no determinismo histórico. Pero yo tengo, al menos, la certeza de que existe una constante en el hecho de que el hombre tiene sed de verdad y justicia, y de que cualquier solución de futuro no podrá apartarse del camino que las satisfaga.

Trabajar con los Pueblos. Para tener éxito en esta empresa, lo esencial reside en trabajar con los pueblos, y no simplemente con los gobiernos; porque los pueblos están encaminados a una tarea permanente, y los gobiernos muchas veces a una administración circunstancial de la coyuntura histórica.

Fin de las oligarquías y burguesías. La historia muestra también que está terminando en el mundo el reinado de las oligarquías y las burguesías, y que comienza el gobierno de los pueblos. Con ello, el demoliberalismo y su consecuencia, el capitalismo, están cerrando su ciclo. El futuro realmente es patrimonio de los pueblos.

La brecha tecnológica. Las diferencias que nos separan de las grandes potencias han sido ahondadas por la brecha tecnológica. Debemos, entonces, desarrollar tecnología. Pero ello exige una mínima dimensión económica que sólo pocos países del Tercer Mundo pueden elaborar sobre la base del esfuerzo nacional. Además, tampoco podrán abarcar la totalidad de la gama tecnológica. Ésta es otra de las causas que exigen la unión de los países que quieren liberarse.

Falsas virtudes de los extremos. Hemos aprendido también que “occidental y cristiano”, “occidental y libre”, “capitalista y creativo”, “comunista e igualitario”, son muchas veces, asociaciones declamatorias.
Sabemos que las falsas virtudes de un extremo fertilizan la potencia del otro extremo, y que no debemos seguir admitiendo que la tarea se reduce a enfrentar a los dos modelos extremos. Es ésta otra razón que justifica la creación de nuestro modelo propio.

Acercamiento de los extremos. Los extremos se tocan cada vez más. En efecto, mientras en las economías capitalistas es creciente el grado de intervención del Estado y el contenido de sujeción de la libertad individual a formas programadas superiores, por el otro lado, en algunas economías colectivistas se introduce el beneficio como motor de incitación para incrementar la eficiencia.

La cruel realidad de los imperialismos. Cuando se expresaba, hace algunos años, que “el imperialismo no perdona”, se estaba también afirmando que nin gún imperialismo perdona. La experiencia de la década del sesenta ha sido suficientemente dura en estos aspectos, y el mundo aprendió mucho de ella. Las invasiones militares a que los imperialismos recurrieron en los últimos quince años, a contratiempo de la historia, han sido un poderoso factor para que el Tercer Mundo asuma la necesidad de su autodefensa.
Además, esto evidencia la creación de un derecho no escrito, en el plano mundial, que fortifica los principios de autodeterminación y de no intervención de los pueblos. Ello tendrá, tarde o temprano, que encontrar el eco adecuado en las Naciones Unidas para que éstas adquieran un efectivo poder de arbitraje.

Autodestrucción de los imperios. Las coaliciones imperialistas no impiden que se cumpla una constante histórica: los imperios se autodestruyen. Ya están a la vista algunos signos de una seria pérdida de la capacidad hegemónica en los imperialismos hasta ayer dominantes.

Complicidad de sectores internos. Surge, también, una experiencia importante para nuestros países: hay sectores internos cuyos objetivos coinciden con los de los imperialismos. Obviamente, la capacidad de decisión de estos sectores debe ser debilitada o anulada.

Imperialismo y Tercer Mundo. La dinámica mundial no obedece sólo a los designios de los poderosos. Ahora responde a una articulación que encuentra imperialismos, por un lado, y Tercer Mundo, por otro.
Repito en este aspecto: las ideologías van siendo superadas por las necesidades de la lucha por la liberación.

El tipo de democracia. No siempre los países han definido con exactitud la democracia que desean, ni han calificado la democracia en la cual viven. Hemos aprendido que ocultar el tipo de democracia que se quiere, constituye la mejor manera de preservar el tipo de democracia que quieren los demás.

El egoísmo y la sociedad competitiva. En el transcurso del tiempo, hemos venido progresando de manera gigantesca en el orden material y científico, pero veinte siglos de cristianismo parecen no haber logrado, suficientemente, hasta ahora, la superación del egoísmo como factor motriz del desarrollo de los pueblos. La sociedad competitiva es su consecuencia. Esto arroja luz sobre el hecho de que la cooperación y la solidaridad son elementos básicos a considerar en el futuro.

El materialismo. El pragmatismo ha sido el motor del progreso económico. Pero también hemos aprendido que una de las concecuencias de este proceso ha sido la reducción de la vida interior del hombre, persuadiéndolo de pasar de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario. El mundo debe salir de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y esperanzas de la comunidad. Lo que importa hoy es persistir en ese principio de justicia, para recuperar el sentido de la vida y devolver al hombre su valor absoluto.

Necesidad de una Ética. La historia nos indica que es imprescindible promover la ética individual primero, desarrollar después la consecuente conducta social y desprender finalmente de ellas la conducta económica. La libertad se instala en los pueblos que poseen una ética y es ocasional donde esa ética falta.

Pensamiento y Acción. No puede haber divorcio alguno entre el pensamiento y la acción, mientras la sociedad y el hombre se enfrenten con la actual crisis de valores, acaso una de las más profundas de cuantas se hayan registrado. Es posible que el pensamiento haya perdido, en los últimos tiempos, contacto directo con las realidades del devenir histórico. Pero es cierto también que ha llegado “la Hora de los Pueblos” y que ella exige “un pensamiento en acción”.

El imperativo de la Comunidad Organizada. Es por esto que las grandes alternativas que presenta la historia a nuestro país terminan deduciéndose y no postulándose. Como deducción de la experiencia que viene de la historia cada día se ahonda más el imperativo moderno de la Comunidad Organizada como punto de partida de toda idea de formación y consolidación de las nacionalidades.

Tercer Mundo y Tercera Posición. Asimismo, se deduce la consolidación del Tercer Mundo y la Tercera Posición como resultantes históricas definidas. La Tercera Posición, como unidad conceptual, y el Tercer Mundo, como entidad política.

Sectarismo y Liberación. Finalmente, la más importante de las enseñanzas es la revelación de que los sectarismos no nos conducirán jamás a la liberación. Las diferencias de ideas son positivas en tanto estén abiertas a la confrontación sincera y honesta en busca de la verdad. Encerrarnos en nuestras ideas y procurar imponerlas por el peso de una fuerza circunstancial significaría caer en el mismo error por el que han transitado aquéllos a quienes hoy enfrentamos.

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