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lunes, 5 de julio de 2010

América Latina en la Era Contemporánea

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Por Alberto Methol Ferré

Muy buenos días a todos. El asunto es intentar hacer unos esquemas básicos para ver si nos entendemos nítidamente. Numero uno: ¿cuál es el rasgo de la era contemporánea? Dicho en forma rápida: es la era del fin de los Estados Nación que emergieron en el siglo XIX. Los ingleses, los franceses, los alemanes, el japonés, el italiano. Esos cinco eran como arquetipos del Estado-Nación del siglo XIX. Esos estados, todos individualmente, hoy son totalmente secundarios y han sido sustituidos en forma ostensible, desde la segunda mitad del siglo XX, por la URSS y por los Estados Unidos de América, o sea, han emergido como potencias mundiales dos gigantescos estados industriales de índole continental. Estamos en el salto de lo que muchos autores piensan que es la sustitución de los Estados Nación por los Estados Continentales, que en el fondo son desarrollos del Estado Nación, pero de dimensiones gigantescas, en comparación con Inglaterra, Francia, Alemania, etc., que pasan a ser estados totalmente secundarios, tomados por sí mismos, salvo que hagan la Unión Europea, que es el intento de formar un Estado Continental.

Y salvo que América Latina logre formar un estado continental de América del Sur o del conjunto de América Latina podrá hacer algo en la historia. Sólo si el mundo árabe con muchos paisitos chiquitos, algunos muy ricos y otros muy pobres, forman un gran estado continental, dejará de hacer lo que hace hoy que es auto eliminarse irracionalmente en una inutilidad histórica ejemplar. Entonces, me parece que es útil decir que se nos plantean los problemas de la integración porque tenemos la necesidad de configurar un estado continental para poder ser una sociedad protagónica en el mundo. Con estados medianos o pequeños integramos el coro de la historia como lo somos hoy. Ese me parece que es el axioma número uno.

Sobre eso hay otra cosa bien simple, que es: ¿cuál es la estructura fundamental de América Latina? Desde el origen América Latina tiene tres partes. En el norte, el virreinato de México con las Antillas y América Central. Ese es el primer núcleo. El segundo núcleo es América del sur entera dividida en dos partes. Una parte en el origen es el Virreinato del Perú, que abarcaba casi toda la América del Sur de origen hispano. Y el otro punto, desde el océano Atlántico con la gobernación de Brasil. O sea que eran tres núcleos básicos. Nosotros en América del Sur, hemos sido peruanos durante unos 250 años. Recién empezamos a dejar de ser peruanos, en el sur, desde 1776 que éramos virreinato. De manera que antes era el Perú, que es la América hispano parlante y Brasil la luso parlante. Hoy América del sur, que es lo más importante de América Latina en extensión, en recursos y en población, esta dividida en 10 estados. Estos 10 estados son: uno que abarca la mitad, Brasil, y los otros 9 la otra mitad. Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. De los nueve hay cinco medianos en comparación al mayor que es igual a la suma de los nueve. De esos cinco Argentina es el numero uno, luego Colombia, Venezuela, Chile, Perú. Cinco medianos. Y cinco enanos que son Uruguay, Paraguay, Bolivia y Ecuador. Esa es la estructura básica de nuestros países. Tenemos que tenerlo muy claro.

Esa estructura es en habitantes, en superficie y en recursos. Los nueve son iguales al uno de Brasil. En esos nueve, la frontera real durante cinco siglos, desde el origen de la América hispano lusitana mestiza, entre Portugal y Castilla, era la Cuenca del Plata. Era más o menos la frontera real de los dos mundos, porque el resto, la Amazonia, era como un desierto verde, inmenso, inaccesible a la instalación de los hombres en su conjunto, salvo núcleos ínfimos paleolíticos.

Entonces, la única frontera que es antigua de cinco siglos es la frontera de la Cuenca del Plata. Y la gran cuenca amazónica es el desierto verde, que ha desarticulado la unidad posible de América del Sur. Y recién ahora se empieza a intentar dominar por el hombre, efectivamente. Pero eso esta en los inicios y las fronteras de Venezuela, Colombia, Perú, etc., son mas límites que fronteras reales, son límites abstractos que recién en las últimas décadas empiezan a nacer relaciones de población. Pero la Amazonia ha sido la gran desarticuladora del conjunto de América del Sur. Es un Sahara verde, metido en el centro de América del Sur. Hay una diferencia esencial en recursos, en población y en extensión de los nueve con uno. Pero ese uno ocupa el centro de América del Sur. Es el único país que linda con toda América del Sur, salvo con Ecuador y Chile. Esto significa que una persona que intente pensar a su país, al pensar a Brasil, necesita pensar todos los bordes de su país, necesita pensar su vecindad para pensarse a sí mismo y al pensar su vecindad, Brasil esta pensando, naturalmente, toda América del Sur. Ningún otro país hispano parlante tiene capacidad de, al pensar su vecindad, pensar naturalmente el conjunto de América del Sur, cosa que para un brasileño es un hecho absolutamente natural y por eso la única geopolítica importante que ha nacido en América Latina es la geopolítica brasileña. Son los únicos que han pensado en serio el conjunto de América del Sur.

Yo como uruguayo tenía que pensar por lo menos en Argentina y en Brasil. Y al toparme con Brasil fue que empecé a pensar al conjunto de América del Sur. La parte hispano parlante es como una hoz: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, baja a Bolivia, Uruguay, Paraguay y luego el mango de la hoz es Argentina y Chile, alrededor del gran circulo brasileño. Esto nos muestra que la mejor situación estratégica para ver y pensar América del Sur es la brasileña. Y las miradas hispano parlantes son naturalmente parciales, salvo que se propongan expresamente un esfuerzo singular en pensar todo el conjunto. Esta superioridad espacial de la situación central del mundo luso mestizo o brasileño, se compensa por parte de los otros nueve con la herencia común de Castilla, o sea, hemos coparticipado hasta hace un siglo y medio en una historia común. Tenemos hasta 1810 una historia común, hasta el Congreso de Panamá, un intento de historia en común, que se termina en las tres primeras décadas del siglo XIX y en adelante todos somos hijos de la consolidación de polis portuarias, de ciudades estado. En el origen de la independencia esta la atomización en veinte ciudades estado. Ciudades estado, es decir, una ciudad con el puerto que dominaba un gigantesco espacio, impensable para un europeo. El puerto de Buenos Aires acotaba toda una inmensa zona, el de Valparaíso y Santiago otra zona, el de Callao y Lima otra zona, es decir, cada ciudad puerto armo su país.

Ese invento de los nuevos países se tomo sobre el modelo de Inglaterra y especialmente de Francia, del Estado Nación. Aunque éramos totalmente ajenos a las estructuras que permitieron la gestación de los estados nación industriales, los intelectuales de acá suponían que copiando las constituciones europeas, íbamos a tener el avance civilizatorio europeo. Eso fue una enfermedad patológica y habitual en nuestros ámbitos. Ese mundo se consolida definitivamente con cada uno en su casa, encerrado, con vínculos oceánicos hacia Europa o hacia Estados Unidos y con un desconocimiento absoluto de su vecino. Si yo en el Uruguay le pregunto a cualquier uruguayo qué es Entre Ríos, qué es Corrientes, que es la frontera argentina con el Uruguay, bocho al 99,99%. No lo saben. No saben bien qué es Entre Ríos, no saben bien que es el Río Grande do Sul. Todos hemos sido educados hacia el centro de Europa o Estado Unidos y el resto no existe. Y eso es más o menos norma general en nuestra estructura de enseñanza.

Y el otro centro, México. Es un centro que linda con la mayor potencia mundial contemporánea, con un estado continental en serio, con el modelo de los estados continentales: Estado Unidos. México esta rodeado de pequeños y minúsculos países de América central, de las Antillas y el Caribe. Todos tienen una capacidad uruguayesca de definición histórica, lo digo para que nadie interprete que quiero disminuir a nadie. Porque no me juzgo en esa actitud, sino intentando ubicar las cosas en su realidad. Que los enanos, son enanos y que lo sepamos. Y si sabemos que lo somos, podremos ser más que enanos, pero si no sabemos, quedaremos infraenanos. Entonces, México es el mayor país hispano parlante, pero no tiene alrededor otro país con un poder equivalente o parecido o la mitad, sino que son todos muy pequeños países. Esta condenado a una cierta dificultad de movilidad diplomática y política efectiva. En consecuencia, la política fundamental de América Latina se juega, en mi opinión, en América del Sur. Se juega entre los nueve hispano parlantes y Brasil. La Argentina es el interlocutor básico de Brasil, porque es el que se comunica. En realidad la frontera de la Argentina y Brasil es muy pequeña. La frontera verdadera de Argentina y Brasil se llama Uruguay, Paraguay y Bolivia. Esa es la frontera real, no Misiones y un pedacito de otra provincia.

Entonces, pensar la conjunción argentino brasileña implica pensar el nexo fundamental de la Cuenca del Pata y los tres países que somos casi la frontera pura. Este es el nexo del núcleo fundante de toda unidad posible de América del Sur. Por las condiciones del poder y de la centralidad brasileña y por la representación que la Argentina debe ejercer de los ocho más pequeños que ella, hace que el interlocutor normal de Brasil sea el enano mayor de la América del Sur hispano parlante, que es la Argentina. Si Brasil no se entiende con la Argentina, le arroja los síntomas al resto. Nos interesa un líder que beneficie a todos los liderados, si no, no es líder, es hegemonía. Pero a la hegemonía no hay que oponerle literatura, sino realidades políticas concretas y conciencia geopolítica concreta, si no, no sirve para nada.

El otro punto que yo quería tocar es que por primera vez en serio, con el IRSA, hay un intento de conexión infraestructural de toda América del Sur. Si queremos la integración, primero tenemos que saber las infraestructuras que nos son necesarias para comunicarnos todos con todos. Cosa que falta radicalmente. El plan del IRSA esta en Internet y se puede acceder y ha sido un excelentísimo esfuerzo que la Asamblea de Cuzco ha lanzado como cosa prioritaria. Nada más importante para la economía de América del Sur, nacida al servicio de las dominaciones oceánicas, de intercomunicarse por dentro. Hoy no lo estamos y hay que hacerlo decisivamente.

Por otro lado esta la revolución cultural. Me parece que sin eso no vamos a ningún lado. Si en el Uruguay, los niños estudian historia del Uruguay solamente, de la época de cada ciudad estado armando su propio paisito. Pero en la impotencia y en la dependencia, cada país necesita, no enseñar historia uruguaya a los niños en la primaria y la secundaria. Cuando un joven entra a la universidad es cuando se le termino la enseñanza de la historia. Lo que sabe un muchacho latinoamericano de historia es para menores de 18 anos Y queda con esa rusticidad para siempre. Yo lo digo porque estoy en una Universidad, que se les enseña historia de América Latina en los últimos años de las carreras. Yo he enfrentado sublevaciones de los ingenieros que decían "cómo en el último año vamos a estudiar historia mundial, están locos". Porque ellos con la reglita ya pensaban que hacían todo y yo les decía, no. Ustedes con la regla son mecánicos no son ingenieros en el siglo XXI. Tienen que saber cual es su circunstancia, su historia, y para eso es necesario comprender el mundo entero en sus lógicas básicas. Entonces, hay que reformular la enseñanza de nuestra literatura, no enseñar más historia de la literatura en Chile, en Colombia, en Brasil, en la Argentina. Hay una sola literatura, la literatura Latinoamericana. Desde niño, vamos a enseñarles a todos los autores argentinos, peruanos, chilenos, uruguayos, generación por generación equivalente. Así vamos a ser integracionistas en serio. Ahora estamos entre dos reinos. Ya no somos el Uruguay o el Perú antiguos pero tampoco somos lo integrado. Añoramos el ayer micro de la Argentina sola y del Uruguay solo. Porque si en Brasil que es inmenso, se enseña solo lo que es a si mismo, no va a liderar con amor a ningún hermano sudamericano. Nos tiene que conocer en profundidad y enseñárselo a toda su gente. El nudo de la integración es la brasileñización de los hispano parlantes y la castellanización de los luso parlantes. Una interpretación mutua y eso hay que llevarlo como política de la cultura central. Pero no dentro de 10 años, ya mismo. Hace 15 años empezó el MERCOSUR. No hubo un solo intercambio estudiantil de nadie con nadie. No hay miles de estudiantes brasileños en Córdoba, en Asunción, en Bolivia, en Chile. Miles tiene que haber. Y en 10 años armamos una generación verdaderamente sudamericana, germen del latinoamericanismo total, porque les enseñaremos no la historia de la literatura brasileña sola, sino como parte de la historia de América Latina.

Esto es lo que yo quería comunicarles, que me parece que no va a haber revolución económica en serio sin una gran política, una gran revolución cultural que implica una removilización universitaria. Tenemos miles de estudiantes que desde el Che Guevara no se mueven políticamente más. El Che los enterró y quedamos sin juventudes con pensamientos nuevos. Les quería dar un pantallazo y decirles que no es que olvidemos ni a las Antillas ni a México, porque México es el principal hispano parlante. Pero solo podemos ayudar a las Antillas, a México y América Central, si logramos antes articularnos como América del Sur. Si no nos articulamos antes, desde la base de la alianza Argentino brasileña, extendida al conjunto de la comunidad sudamericana de naciones, no podremos sostener a México, a América Central y a las Antillas como merecen.

Nada más.
Tomado de: Cruzada Sur

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