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viernes, 2 de septiembre de 2011

Ideología, Ciencia, y Estrategia

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Por Conrado Eggers Lan

Cuando los hombres no están satisfechos con una situación que afecta a la sociedad en la que viven, suele hacer una de dos cosas: maldecir entre dientes o intentar algo para cambiarla. Ese "intentar algo para cambiarla" puede, a su vez, asumir diversos grados y modalidades: va desde el propósito de modificaren lo posible la pequeña cuota que aporta la vida individual o familiar hasta el de abarcar la sociedad entera; atiende a aspectos limitados que ofrecen una factibilidad de alteración gradual, o bien pretender llegar hasta las raices mismas del mal, para extirparlas o reemplazarlas; oscila entre el sueño acariciado en el poema, en el cuento o en la charla, por un lado, y, por otro, caminos diversos que acercan o alejan de la lucha armada abierta y más o menos virulenta.


En todo caso, la aspiración a un cambio social, para que tenga válidamente una pretensión mínima de logro concreto, ofrece dos aspectos claramente discernibles: uno, el de tipo de cambio que se quiera producir; otro, el de los medios para llevar a cabo dicho cambio, para lograr que tal cambio comience a producirse. Ahora bien, si se "piensa" positivamente el tipo de cambio que se quiere producir (o sea, si lo que se busca no es simplemente que desaparezca lo existente, sin plantearse con qué reemplazarlo -en cuyo caso es muy probable que no cambie nada o que se arribe al caos-, sino que se concibe un proyecto de cambio que se quiere producir), estamos frente a una TEORÍA. Una teoría acerca del cambio que se quiere producir, o, si se prefiere, una teoría acerca de la sociedad que se quiere construir o de los rasgos que en ella se desea modificar. Por otra parte, y dado que nuestra insatisfacción con el status quo implica que su cambio no depende de nuestro puro acto de voluntad ni tampoco de una remoción espostánea de los obstáculos que se le oponen, concluliremos que, cualquiera sea los medios que escojamos para producir el cambio, el empleo de esos medios configurará una LUCHA. Aunque en un caso he subrayado la palabra TEORÍA y en el otro LUCHA, lo primero que deseo dejar en claro aquí es que tanto en un campo como en el otro -aún tomándolos separadamente- hay o debe haber PENSAMIENTO y PROYECTO RACIONAL; y asimismo, tanto en el uno como en el otro -incluso separándolos, aunque en este segundo aspecto es más difícil desconectarlos entre sí, según veremos- hay PRAXIS y hay MILITANCIA.

Al proyecto racional que debe guiar la lucha se lo llama habitualmente ESTRATEGIA (como se sabe "estratega" era la palabra que los griegos usaban para lo que nosotros denominamos "general"), y nos atenemos a ese nombre. En cuanto al proyecto racional del tipo de cambio que se quiere producir, seguiremos tambión -por los motivos que veremos- la denominación más corriente de IDEOLOGÍA.

Es cierto que una ideología no puede definirse simplemente como proyecto de cambio (al menos de cambio radical), ya que puede haber y hay ideologías del status quo, y que a lo sumo contemplan modificaciones en superficie. Precisamente, los defensores del STATUS QUO -y/o de las modificaciones aparentes- en la medida en que se ven embarcados en la lucha (defensiva u ofensiva), suelen planear también su estrategia, por lo cual tampoco la ESTRATEGIA puede definirse exclusivamente en función del logro del cambio revolucionario. Mas adelante definiremos el concepto de IDEOLOGÍA (el de ESTRATEGIA ha quedado precisado en base a su etimología militar). Ahora no estamos definiendo todavía, , sino que nos ha importado partir de la noción de CAMBIO en general y CAMBIO REVOLUCIONARIO en particular, porque es la que está en juego en la coyuntura presente, y al distinguir los dos planos se facilita su tratamiento y se precabe contra la distorsión que suele operarse sobre todo con el concepto de IDEOLOGÍA, que es el que aquí más nos interesa. Porque ese concepto sufre por lo general un doble bombardeo, que no le haría mella si se redujera a un cuestionario linguístico (suplantar el vocable IDEOLOGÍA por el de TEORÍA, por ejemplo como hace Raipeau1), pero que obstaculiza o pretende obstaculizar la tarea que hemos hecho referencia, al intentar menoscabar aquello que sirve de herramienta conceptual -la principal herramienta conceptual- de dicha tarea. Doble bombardeo he dicho, porque se lo suele combatir desde dos flancos opuestos: el e la teoría pura y el de la praxis pura desde el cientificismo europeizante y desde el activismo pequeño-burgués (enseguida aclararemos los alcances de este último epíteto).

Ciertamente, críticas a los ideólogos han sido hechas por gente que no puede encasillarse en el simplista esquema que acabo de trazar: tales los casos de Napoleón y Marx, por ejemplo. Napoleón, como político empírico, pensabe que era él y gente como él la única que estaba haciendo la historia, y no los intelectuales que forjaban programas alejados de toda realidad concreta. Marx, pasada su etapa feuerbachiana, detestaba por su parte a los hegelianos de izquierda que soñaban en generar la revolución modificando las ideas de los hombres. Pero él mismo -junto con Engels- plasmó por escrito sus propias ideas acerca de cómo debía llevarse a cabo la revolución apuntando hacia el poder político y a la base económica en la cual, pensaba, se sustentaba no sólo el podersino las ideologías predominantes. Y es claro que para Marx existía una ideología napoleónica, por híbrida que fuera, constituida por IDEAS plasmadas en hechos, instituciones y escritos (como el CODIGO NAPOLEONICO). Y seguramente pensando en su propio caso y en el de Engels, declaraba en el MANIFIESTO que, a las clases revolucionarias, se adhería UNA PARTE DE LOS IDEOLOGOS BURGUESES, QUE HAN ALCANZADO LA COMPRENSIÓN TEÓRICA DE TODO EL MOVIMIENTO HISTÓRICO. En todo caso, para los sucesores de Marx, el MANIFIESTO y sus escritos político-económicos constituían una ideología, que él mismo se esforzó por difundir y que luego sufrió modificaciones, adecuaciones, distorsiones, etc. Sea como fuere, resulta patente que aquello de lo cual Napoleón y Marx se mufaban no era en el fondo la ideología en sí misma sino la inoperancia de determinados proyectos. Por eso cambiaría entonces el terreno del problema, ya que la operancia o la inoperancia pueden ser imputadas a la ESTRATEGIA y no a la IDEOLOGÍA (ésta a lo sumo podría tener el carácter de utópica, que Marx atacó en el socialismo de Fourier, Cabet, Owen, etc., no en los ideólogos alemanes de la izquierda hegeliana). De lo cual deducimos que la crítica de Napoleón y de Marx, estaban en rigor dirigidas a ciertas estrategias intelectualizantes y no a las ideologías (sin perjuicio de detectar en el terreno ideológico los adversarios y algunas posiciones aparentemente próximas a la de la suya, como hemos dicho respecto del socialismo utópico; siempre al margen de la operancia o inoperancia estratégica).

Precisamente, el activismo pequeño-burgués suele confundir amblos planos y atacar por allí a la tarea ideológica (sin advertir a veces contradicciones, como apelar a argumentos de su exacto opuesto, el cientificismo). Al decir PEQUEÑO BURGUÉS no quiero endosar un sanbenito agresivo o emplear una muletilla de léxicos estereotipados, sino que hago una mera apreciación sociológica, hecha con cierta elasticidad. Pienso, en efecto, en sectores predominantemente de clase media (algunos casos de clase alta -raramente de clases bajas-; de allí el reclamo de elasticidad) con una formación intelectual de distintos niveles, pero en su mayor parte incompleta (universitarios no graduados, o bien egresados de seminarios religiosos que los ha dotado de un bagaje parcial o deficiente2). Saturados del propio ambiente, e incapaces por lograr un cambio radical en la sociedad, desdeñan la labor de gabinete que puede realizarse en una sociedad capitalista, y experimentan una suerte de complejo de culpa por ser o haber sido intelectuales; un verdadero COMPLEJO DE INTELECTUALES, que suelen contagiar en sus ambientes.

Desde la vereda de enfrente cañonea el cientificismo, y con grandes misiles. Allí están la ciencia, la técnica. Ellas, y no la IDEOLOÍA, son las que transforman al mundo. Las ideologías pueden a caso MOTIVAR -como reconocen, desde un teórico neocapitalista, como Schumpeter, hasta un teórico neomarxista, como Althusser- pero el cambio lo producen la ciencia y la tecnología. Ya Marx en El Capital, según cree ver Godelier, mostró cómo puede y debe hacerse ciencia sin interferencias ideológicas, y nada menos que ciencia revolucionaria (en la linea de la revolución industrial Althusser hace su proclama de la revolución científica o teorética).

Ahora bien sucede que la ciencia COMUNISTA (al menos la soviética y la europea en general, ortodoxa o no) se parece cada vez mas a la ciencia capitalista, y no cuesta demasiado trabajo advertir que, si Rusio no quiere que Checoslovaquia abandone el Comecón y caiga en las redes del Banco Mundial, no es por diferencias ideológicas sino por una estrategia que responde a principios ideológicos sustancialmente similares a los empleados en el MUNDO OCCIDENTAL. Ante el tercer mundo, por lo menos, la URSS y los EE.UU se mueven en el plano internacional (político y económico) de un modo análogo a como pueden hacerlo los imperios de la Standar Oil y la Shell, o bien de la General Motors o la Ford. El cuadro social interno es sin duda diferente en los EE.UU y la URSS, pero también es patente que a su modo cada uno de ellos provee una suficiente base de alineación (y de UNIDIMENSIONALIDAD, como dice H. Marcuse) que permita operaciones impunes como la de Guatemala y Hungría, u otras tal vez más costosas, como las de Vietman y Checoslovaquia (aunque este segundo paralelo, es sin duda, desproporcionado; en lugar de Vietman, no sé si habría que poner, más bien, a Santo Domingo, o, quien sabe, a Perú). Tanto en EE.UU como en URSS es la misma ciencia la que mandará astronautas a la luna, a Marte, a Venus y a Jupiter; la que por ahora perfecciona las redes de misiles, la que automatiza la industria en los mas variados renglones, desde los que responden a necesidades vitales hasta los mas superfluos o destructivos; la que puede curar y cura, no seamos injustos, y permite así disminuir la mortalidad infantil inclusive en el tercer mundo; aunque luego -y a mitad de camino-, aterrorizada por la cantidad de gente subdesarrollada, explora los medios de limitar la natalidad y las técnicas para imponerlos. Es la ciencia, a la cual, en el hipotético caso de que los activistas de marras tomaran el poder -cualquiera que fuere el signo ideológico que tuvieran, implícia o explícitamente-, tendrían que recurrir, porque el tercer mundo no conoce otra.

En esta encrucijada sacamos entonces a relucir ya sin complejo alguno el concepto de IDEOLOGIA, y lo definimos suscintamente para analizar sus implicancias. Porque el hecho de que los marxistas franceses hayan advertido que la misma ideología comunista, en lugar de asumir un papel revolucionario (y en Francia, lo mas les duele) en función de congeladora del status quo análoga a la que tienen los sistemas capitalistas, no significa que para proyectar un cambio revolucionario debamos recurrir a otras palabras que no sea ideología o a otras herramientas conceptuales: a lo sumo significaría que en ambos bloques en coexistencia esté de momento bloqueada la posibilidad histórica de cambio revolucionario, y que sólo restaría una posibilidad de cambio teórico, de palabras y conceptos. Pero si ese es el caso, hay que decir que no es el del tercer mundo. En este hay cada vez más conciencia de que ni una SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO ni una TEORÍA DEL CAMBIO pueden planear por sobre la orientación ideológica.

Voy a definir la ideología, en primer lugar, como un conjunto de ideas que influyen -o bien pueden o pretenden influir- sobre la realidad sociopolítica de una Nación o región en un momento histórico determinado. No digo SISTEMA o CONJUNTO ORGANICO de ideas, porque no es forzoso que exista tal sistematización u organicidad, y en cambio suele acontecer que la pretensión de llegar a ello le confiera un carácter cerrado, que impida toda modificación sin cisma o herejía y que resulte impermeable a la realidad histórica. Por el contrario la ideología debe estar permanentemente al diálogo con la historia; de lo cual no significa que deba ser cambiada con miras a la estrategia. Si una estrategia fracasa, hay que revisar la estrategia; la revisión de la ideología habrá de practicarse en base a la experiencia histórica a la cual atiende en cuanto ideología, y no en base al éxito o fracaso estratégico. Claro que ya en la ideología es necesario un cierto afincamiento histórico para que cualquier estrategia que se apoye en ella tenga posibilidades de éxito en su aplicación. Por eso he englobado dentro del concepto de IDEOLOGIA tanto ideas que influyen como pueden influir en la sociedad, como las que pretenden influir. Porque puede darse el caso de que, sin proponérselo, determinadas ideas influya o puedan influir en la sociedad (como suele ocurrir con buena parte de las ideas que sirven al status quo), y, a la inversa, es posible que determinadas ideas se propongan, infructuosamente, influir en la sociedad (como suele suceder con buena parte de las ideas revolucionarias). Claro que la efectiva influencia frecuente de las ideologías que sirven al status quo no se debe a su afincamiento histórico, ya que en este punto tiene vigencia la ley de la inercia: es NATURALMENTE mucho más fácil influir en mantener un estado de cosas, un status alcanzado, que hacerlo mover HISTORICAMENTE. Lo importante es que, para las ideas que pretenden influir históricamente en la sociedad puedan hacerlo, deben arraigarse en el suelo nacional, hacerse carne en la historia de ese pueblo. Solo así se abandonará la universalidad abstracta y se evitará la volatilidad de las fantasías utópicas.

Ahora bien, las ideas que pueden formar parte de una ideología son básicamente de tres clases. (Observemos claro está, que a menudo las ideologías carece de una o dos de ellas, explícitamente al menos).

La primera clase de ideas -lo que podríamos denominar COMPONENTE FILOSÓFICO de la ideología3- son ideas acerca del hombre y del mundo, que configura lo que se da en llamar COSMOVISIÓN. Claro está que una cosmovisión puede no ser FILOSOFICA sino meramente NATURAL o INGENUA, ya que filosofar implica un esfuerzo consciente y crítico en la elaboración o adopción de ideas, y uno puede hacerse cargos de ideas del hombre y del mundo que ha recibido de la tradición, de la educación, etc., sin examinarlas en modo alguno. Pero el peligro no reside aquí tanto en la falta de reflexión sino en no advertir que, de cualquier forma, la cosmovisión tiene repercusión en la vida del individuo (ya que su conducta, su actividad científica, política, etc., responderán casi sin excepcióna su manera de ver el hombre y el mundo, aún cuando no esté consciente de ello), y, a través de ella, en grados distintos, en la comunidad: vale decir tendrá una repercusión ideológica. Y esto puede suceder inclusive cuando la cosmovisión sea filosófica: uno puede haber elaborado su Weltanschauung en el escritorio, pero no percibir la función ideológica de la misma; en tal caso es probable que se llegue al desdoblamiento de una persona en FILOSOFO, por un lado, y HOMBRE COMÚN por otro; de modo que, como FILOSOFO, elabore una COSMOVISIÓN FILOSÓFICA, pero como hombre común se guía por una cosmovisión INGENUA diferente a aquella u opuesta, sin percatarse de la contradicción. De todos modos, la cosmovisión no es toda la IDEOLOGÍA, no da forzosamente su impronta a toda ella. Se puede partir de una concepción profético-evangélica, y adoptar en lo demás, una ideología bien distinta a lo que Jesus y los profetas exhortaban. Se puede partir de una concepción del HOMBRE TOTAL, y enajenar y estar enajenado por una ideología dogmáticamente cerrada y parcelante.

La segunda clase -lo que en otro lugar he llamado COMPONENTE SOCIOLÓGICO- abarca las ideas que funcionan como objetivos que hay que alcanzar o mantener para que una cosmovisión tenga vigencia histórica en una sociedad. Así, por ejemplo, para que una cosmovisión profético-evangélica o bien una cosmovisión del hombre-total comiencen a cobrar forma concreta en una sociedad determinada4, cabe postular una liberación nacional que permita que la comunidad maneje sus propios recursos, así como una socialización de los bienes básicos de producción y distribución, que ponga en manos de la comunidad el control de su economía para satisfacer las necesidades reales de sus miembros. Ahora bien, esto que decimos y algunas cosas mas que podemos añadir constituye un palabrería más o menos bonito que, formulado ordenadamente y/o expresado con adecuados medios audiovisuales, puede servir de plataforma electoral o revolucionaria, o bien de contenido de un planfleto subversivo o CONCIENTIZANTE.

Pero para que la posibilidad de su realización sea concebida seriamente debe ser objeto de examen científico: no sólo la sociología, sino también la economía, la historia, las ciencias sociales en una palabra, han de coadyuvar a la formulación precisa y concreta de aquellos objetivos; y no sólo las ciencias sociales sino también las naturales, por cuanto la organización de la producción implica una tecnología fundada sobre el conocimiento científico de la naturaleza. Como en el caso del componente filosófico, también las ideas que forman el COMPONENTE SOCIOLÓGICO de la ideología pueden adquirirse improvisadamente de manera INGENUA o EMPIRICA: de ser así, el resultado más probable es el fracaso. Pero aquí también, como en el caso anterior, resulta mas riesgoso el desconocimiento del nexo ideológico que guarda este componente con la cosmovisión que la guía, y de la función ideológica de la labor científica. En efecto, DESDE EL MOMENTO QUE UNA TEORÍA CIENTÍFICA PUEDE INFLUIR SOBRE LA REALIDAD SOCIOPOLÍTICA, AUNQUE NO LO PRETENDA, ES IDEOLÓGICA. (Y más aún si se tiene en cuenta que, conscientemente o no, se halla orientada por una determinada manera de ver al hombre y al mundo). Aquí es donde se alega que un científico en muchos casos no sabe en lo absoluto si su teoría puede influir o no en la sociedad, o bien, puede probar que su teoría puede influir tanto en un sentido como en otro.

Son las argumentaciones de la INOCENCIA CIENTÍFICA y de la NEUTRALIDAD IDEOLÓICA de la ciencia. No obstante, y para no extendernos sobre dicha discusión en particular, aquí importa un punto: por un lado, hay teorías científica que -háyase propuesto lo que fuere los autores- repercuten nocivamente en la sociedad; por otro lado, la sociedad necesita con urgencia teorías científicas que hayden a su humanización. O sea, vemos científicos que, conscientemente o no, contribuyen - a nivel internacional- a la muerte o alineación de millones de seres humanos; y vemos también que nuestra nación necesita científicos que contribuyan a que vivan y se personalicen siquiera los millones de seres humanos que constituye el pueblo de esa nuestra nación. La opción parece clara, y el papel de la ciencia en la historia revélase como de singular importancia ideológica.

La tercera clase de ideas forma lo que aquí denominaré COMPONENTE METODOLÓGICO o EPISTEMOLÓGICO, epistemológico en tanto implica una reflexión sobre las ciencias (del griego: episteme=ciencia) y metodológico en cuanto esta reflexión se dirije ante todo a los métodos que emplean las ciencias. En efecto, especialmente a partir de la revolución industrial, las ciencias se desarrollaron en base a las exigencias crecientes de la tecnología, y esta a su vez en respuesta a la demanda de la industria. Puede decirse que la ciencia tomó desde entonces más que nunca el signo comercial del RENDIMIENTO, la búsqueda de la POSITIVIDAD, que llevó a Comte -o desde Compte- incluso a postular la necesidad de una FISICA SOCIAL. Así la revolución industrial, nacida bajo la égida del capitalismo liberal, sentó el modelo de desarrollo económico, y con él el modelo de desarrollo tecnológico, y con él el modelo de desarrollo científico, para todo occidente. Esto hasta el punto que, cuando Rusia socializó la producción en nombre del Marx que había profetizado un HOMBRE TOTAL liberado de la alineación, adoptó ese modelo único. En efecto, aunque su socialización y planificación parecieran contradecir el tipo de desarrollo económico del capitalismo, no varió en un ápice los patrones de la tecnología y a ellos ajustó los de la ciencia, y su desarrollo presenta las mismas características que el de cualquier gran país capitalista. De este modo al acumularse los capitales en gigantescos monopolios y posibilitar la planificación en los paises capitalistas -sin perder por ello el criterio cuantitativo-lucrativo que había guiado al liberalismo- la similitud entre estos y los soviéticos fue creciendo, hasta el punto de que hoy la distinción aparece mas en el plano de las formas políticas internas que en el de la economía, interna e internacional. Sin embargo, hay quienes siguen pensando que, con la socialización de la producción, iremos a parar automáticamente al HOMBRE TOTAL. Al único hombre que por la vía trazada por la revolución industrial iremos a parar automáticamente es al HOMBRE AUTÓMATA.

Por consiguiente, diría que el grupo de ideas que apremia mas al tercer mundo en el plano ideológico es el que constituye el componente epistemológico en general y metodológico en particular. El problema del métido que deben tomar las ciencias para contribuir a la realización histórica nacional es, pues, el problema IDEOLÓGICO número uno. (Subrayo ideológico para que no se confunda este problema con los que surgen en el terreno ESTRATÉGICO, ya que la palabra METODO podría sugerir que hablamos de métodos de lucha política).

Aquel que crea que el método dialéctico es la llave que abrirá todas las puertas y solucionará nuestro problema indudablemente no ha leído la LOGICA de Hegel o EL CAPITAL de Marx, o acaso no ha pensado todavía la cosa en serio. No es con el método dialéctico que los rusos mandan cohetes a la luna y tanques a Checoslovaquia; ningún método dialéctico rige la industria del acero soviético ni su movimiento monetario. La naturaleza- materia de la tecnología y CUERPO INORGÁNICO de la historia, como la denominaba Marx - escapa a la dialéctica, como no sea a través de unas pocas leyes generales que Engels bosqueja en su evolución y que apenas rozan las formas primarias de su transformación por el hombre. Para quien sepa ahondar en ella, cabe encontrar en la formulación dialéctica esa tensión bidimensional a la que melancólicamente canta Marcuse, y que encierra una VERDAD PROFUNDA DE LA REALIDAD HUMANA HISTÓRICA, PERO QUE NO BASTA POR SÍ SOLA PARA CONFIGURAR UN MÉTODO EFECTIVO. Es el método formal el que ha demostrado RENDIMIENTO: es lucrativo tanto para los EE.UU como para la URSS. Aliena ciertamente, la propia base humana de esos paises, como hemos dicho, a la vez que desgarra al tercer mundo.

Pero ¿es el método formal el único posible? Lo que sabemos es que es el único método que se practica en el desarrollo y expansión de los dos bloques, y el único que, por consiguiente, llega aquí, bajo distintos ropajes y en las distintas esferas científicas, con el último libro europeo o norteamericano con los que nuestros intelectuales tienen que estar al día. Por consiguiente, la metodología, o sea, el estudio de los métodos, cobra una singular importancia ideológicva para el Tercer Mundo, que aún no está forzosamente atrapado en el esquema, ya que ha visto reiteradamente frustrada su europeizante pretensión de alcanzar aquellas metas definitivamente alienantes. Todo un desafío para los intelectuales del Tercer Mundo: abrir en sus países una vía que le permita liberarse y avanzar sustrayéndose a la NEUTRALIDAD IDEOLÓGICA del método formal emanado de la revolución industrial, y aprovechando la riqueza de la tensión dialéctica, que permite mantener la esperanza de llegar a un hombre pleno.

Finalmente, unas palabras más sobre la relación de las estrategias con la ideología. De lo precedente, como podrá advertirse, es tan poco lícito inferir que descalificamos al activismo en si mismo, cuanto deducir que descalificamos a la ciencia en sí misma. Del papel de la ciencia en relación con la ideología, ya hemos hablado. Respecto de las variantes estratégicas que suelen postularse, no es mi propósito extenderme aquí. Las que con mayor frecuencia o impetuosidad reclaman su superioridad a los efectos de lograr un cambio revolucionario son, hasta donde tengo noticas de ellas, tres. La primera cree que por vías electorales puede darse pasos positivos que, con una coyuntura favorable, permitan consolidar en el poder una organización revolucionaria. La segunda exige con vehemencia la insurrección armada más o menos inmediata, con vanguardistas guerrilleras que poco a poco ganen apoyo en el pueblo como para arrastrar tras sí huestes suficientes para formar el ejército popular que llegue a tomar la Casa Rosada. La tercera busca formar una conciencia revolucionaria, en distintos niveles según los distintos sectores de la población, de modo de que llegue un momento en que se torne insostenible el mantenimiento del sistema socioeconómico, y en que a los que aún detenten las bayonetas en favor del mismo no les reste otra cosa que sentarse sobre ellas (que es lo único, se dice, que no puede hacerse con las bayonetas). Las tres son pasibles de críticas, ironías y también de combinaciones.

En todo caso, sólo con una ideología adecuadamente madurada en el país puede concebirse, me parece, que esos u otro tipo de estrategias eviten el caer en el oportunismo o en la frustración delirante. Así, pues, como Kant decía que los conceptos sin las instituciones son vacías, y que estas sin aquellos son ciegas, análogamente me atrevo a a afirmar que una ideología, sin las estrategias que la pongan en práctica, queda vacía e infecunda, y que toda estrategia que no se apoye en una ideología arraigada en el suelo en que aquella se mueve resultará ciega y no menos estéril. Que las personas que elaboran las ideologías -o sus componente- sean las mismas o no que las que formulan y ponen en práctica las estrategias, es otro problema, que acaso derive mas de las circunstancias. Pero sólo desde un anacrónico militarismo puede resolverse que la MILITANCIA consiste exclusivamente en tomar las armas o en adoptar cualquier otro tipo de estrategia (así sea en la calle o en el café), subestimando la praxis de los que, papel en mano y tierra argentina a la vista, estudian los problemas apremiantes de la realidad nacional y programan su solución humana. La juventud universitaria, en particular, tiene una obligación doble con la sociedad, que deriva de su doble condición: en cuanto juventud, cuenta con las energías vitales que la capacitan e impulsan hacia la lucha; en tanto universitaria, cuenta con recursos intelectuales que la favorecen para aportar ideológicamente -en los tres tipos de ideas mencionadas- al proceso histórico, y canalizar así su propia acción en beneficio directo del pueblo, gracias a cuyo esfuerzo tiene la ocasión de estudiar en la universidad.

Carlos Casares, marzo de 1969.


1. Y.C.Raipeau, Prefacio a Ideología y Verdad de F. Chatelet-H. Lefebre (traduc. D. Wagner, Carlos Perez, Buenos Aires 1968) pág. 15.


2. Naturalmente, no pretendemos que el concepto de PEQUEÑO BURGUES incluya sólo a intelectuales de formación incompleta; pero aquí me estoy refiriendo a los activistas pequeño burgueses, y en tal sentido creo que vale la caracterización.


3. En mi libro CRISTIANISMO Y NUEVA IDEOLOGÍA (J. Alvarez, Buenos Aires, 1968), pag. 29 y ss., he distinguido y caracterizado los dos primeros componentes que aquí describo.


4. En el citado libro, pag. 31 y ss., he señalado la necesidad de que tal cosmovisión sea formulado en términos que no exijan una adhesión confesional, de modo que no pueda hablarse de una ideología CRISTIANA. También he discutido el manoseo que se hace a veces de la expresión paulino-marxista de HOMBRE TOTAL (pag. 168 y ss.).


5. El tercer componente lo he discriminado, por primera vez en el ensayo EL PROBLEMA DE LA METODOLOGÍA DEL DESARROLLO (incluido en el volumen -junto con trabajos de otros autores- DESARROLLO Y DESARROLLISMO, en prensa en la editorial Galerna).


6. En el ensayo mencionado en la nota anterior, y a propósito de la exposición y discusión de las ideas de Deutscher, Galbraith y Marcuse al respecto, me he extendido en la caracterización del HOMBRE UNIDIMENSIONAL y la necesidad de una metodología que supere, en nuestros desarrollos, la vía universalmente adoptada para la industrialización, y que conduce a la SOCIEDAD UNIDIMENSIONAL.

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