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martes, 3 de enero de 2012

El Vandorismo traicionó y seguirá traicionando al Movimiento Nacional

ó.
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Por El Frente Negro

Respondemos aquí la réplica que recibimos de los compañeros de Socialismo Latinoamericano en el siguiente artículo, "Con los trabajadores, bajo banderas nacionales, populares y antiimperialistas", el cual a su vez responde a la crítica de algunas de sus posiciones que nosotros realizáramos en el artículo "Nacional y Popular: Con o Sin Moyano".


La Tensión de la Burocracia Sindical

Acordamos con los compañeros de Socialismo Latinoamericano en que Moyano no es un auténtico representante de la clase trabajadora. Pero dudamos mucho que la actitud política actual de Moyano sea expresión de una tensión existente entre la clase trabajadora y el gobierno, que en todo caso, con su "ajuste" está afectando a los sectores más pudientes de la sociedad y pidiendo racionalidad a los reclamos de los "obreros" más privilegiados. La tensión que encarna Moyano es la de sus pares de la oligarquía sindical. Sin duda muchos de los reclamos que enarboló Moyano fueron legítimos. Pero su ruptura política es lo que caracteriza a nuestro entender este debate. Reclamos tienen muchos sectores afines al gobierno, y hoy día eso está más que patente respecto de la ley antiterrorista recientemente votada por el Frente para la Victoria y sus aliados. También se enarbolan reclamos o se señalan, puntualizando una por una, materias pendientes en el último comunicado de Carta Abierta. ¿Esto significa que el gobierno no tenga respuesta? No. Pero insistimos, en el caso de Moyano estamos hablando de otra cosa, en tanto su distanciamiento del gobierno es político, a causa de problemas propios del entramado sindical que representa.

Hecho representativo del proceder de la cúpula sindical fue la amenaza de parar el país ante el exhorto de Suiza pidiendo información judicial sobre don Hugo. Es ante estos casos que el gobierno ha empezado a hablar de extorsión y de conductas corporativas. Ilustrativas de esto último son las defensas cegetistas de Venegas y Zanola cuando cayeron tras las rejas. Pero esta lógica también hizo aparición recientemente en el Congreso de la Nación, con el voto negativo de los diputados de la CGT contra el nuevo régimen de trabajo rural, alineándose así con Venegas y la Sociedad Rural (patrones y sindicalistas juntos contra el gobierno).

A nuestro entender existe un entramado burocrático sindical que, efectivamente como lo señala el compañero Calello, fue apañado durante estos años por las sucesivas gestiones del Ministerio de Trabajo, pero que hoy saca a relucir sus facetas más obscuras a la luz del evidente deterioro de varias obras sociales y de la infinidad de negocios y hechos de corrupción que allí se entretejen, y que se encuentran siendo investigados por la justicia. Los burócratas nunca apoyaron al kirchnerismo realmente, sino en la medida en que pudo revestir beneficio para sus intereses egoístas inmediatos.Del mismo modo no apoyan a la clase trabajadora ni a la causa nacional, sino en la medida en que son instrumentos para su sed inagotable de poder.

Caracterización del Kirchnerismo

Si el economicismo, tal como lo define Calello, consiste en leer como espejo del modo de producción existente las luchas políticas y sociales; La caracterización de clase más precisa que hagamos de un movimiento político como el kirchnerismo, ¿puede ser acaso definitoria respecto de sus alcances y de su radicalidad en momentos de crisis?.

En el artículo "Primera advertencia de los trabajadores al a hegemonía K", se esboza una caracterización del kirchnerismo en los siguientes términos: “La “profundización del modelo” que pide el ala izquierda del kirchnerismo no tiene sentido. El llamado modelo ha dado todo lo que puede dar un programa de matriz desarrollista cuyo contenido no cuestiona la estructura de un capitalismo en cuyos fundamentos perdura la herencia semicolonial de los 90’

En pleno conflicto por las retenciones móviles, hemos visto como el kirchnerismo, lejos de dar el brazo a torcer en situaciones de crisis, retomó la iniciativa política y enfrentó al cúmulo de intereses que se coaligaban entonces para restaurar el poder conservador-liberal: medios concentrados, oligarquía terrateniente, oposición cipaya por izquierda y derecha, sumado a grupos de clases medias y altas reticentes al gobierno. A ello podemos sumarle que piloteó por entonces también el embate de la crisis internacional, y salió airoso de una derrota electoral en la Provincia de Buenos Aires. Creer que el kirchnerismo como fenómeno político está agotado respecto de lo que puede significar aún en la situación de la clase trabajadora y de la causa nacional, a nuestro entender es un error.

Cuando pocos lo esperaban la ley de medios, y la nacionalización de las afjp modificaban sustancialmente el escenario heredado por el neoliberalismo, si bien sabemos por supuesto que no se han conmovido sus pilares fundamentales. A saber, la ley de entidades financieras, las privatizaciones de los servicios públicos y la provincialización de los recursos naturales. Entre otros temas. Aún así estas demandas no son ignoradas ni siquiera por quienes más fervientemente apoyan al modelo kirchnerista. Por ejemplo, vemos en el artículo del pasado sábado 31 de diciembre de Eduardo Anguita en Miradas al Sur: “Cambiar un estado de cosas en temas que son el corazón del capitalismo financiero (reforma financiera, impositiva y del Banco Central) significa ponerse a las corporaciones del poder económico en contra sin la certeza de que los propios beneficiarios mantengan una conducta sostenida de compromiso político con ese cambio. Por otro lado, no avanzar en esa dirección deja dos flancos delicados. El primero es que con el contexto de crisis internacional o se pone un dique a las multinacionales y a los grandes bancos o son los trabajadores y la clase media los que pagan. El segundo es que buena parte de la militancia que sostiene el kirchnerismo va en esa dirección y espera un debate seguido por medidas efectivas.”

Volviendo a lo que nos ocupa, que Cristina se decida a enfrentar a Moyano posibilita: limpiar las obras sociales y ofrecer mejor salud, menos muertes por medicamentos adulterados, menos corrupción, tal como se hizo en el caso puntual del PAMI donde los sindicatos habían hecho uno de los peores robo de la historia durante décadas, y el kirchnerismo fue el único capaz de ponerle límite debido a la pelea de Kirchner con Barrionuevo (el sindicalista que dominaba el PAMI en la época). Todo esto posibilita además abrir el juego sindical, pues sólo el gobierno sale beneficiado de una apertura sindical ya que Moyano no gana nada con democratizar los sindicatos. Si hasta ahora la CGT pudo frenar la democracia sindical fue por su alianza con los gobiernos de turno. Ahora se acabó. Los trabajadores podrían ver cómo gran parte de los privilegios que tenía apenas una minoría (los que sirven de base de poder a Moyano y los suyos) pueden generalizarse, y el gobierno demostraría así que no es necesario el beneplácito de la CGT moyanista para concretar reivindicaciones populares como temen muchos compañeros. Al contrario, propiciaría un recambio sindical quitando del medio la fuente de corrupción que significa la administración de recursos de las obras sociales.

Si bien se puede acusar al kirchnerismo de cierto nepotismo y feudalismo estructural, no es tan profundo como el de la CGT. Y cada vez que se dio un paso en avance hacia un modelo nacional y popular fue el kirchnerismo, y no Moyano, el impulsor. El papel dinámico y activo de los últimos ocho años fue puramente kirchnerista (diríamos que sorpresivamente porque las medidas tomaron a muchos por sorpresa). Moyano solamente acompañó. Hoy quiere dejar de acompañar porque no transaron con su idea de que alguien de su riñón heredaría el poder en el 2015 ni con su exigencia de copar el 33% de los cargos legislativos. Hoy ya cruzó veladamente a la oposición y empezó a hacer huelgas injustificadas para socavar el poder del gobierno.

Debemos aquí señalar que los gremios que formaron últimamente parte de la avanzada contra el gobierno son de los más privilegiados en los últimos años. Los gremios aeronáuticos, los petroleros, los empleados de Tribunales y ahora el gremio de los trabajadores de la Afip; todos ellos marcando el récord en la escala salarial han intentado mediante medidas de fuerza obtener beneficios fuera de lugar respecto del contexto de la clase trabajadora.

El Origen de las Obras Sociales

Por último, vale recordar, que a diferencia de lo que suele creerse los orígenes estructurales de las actuales obras sociales sindicales no están en el peronismo, sino en la etapa inmediata y posterior, cuando a partir de la Revolución Libertadora comienza un período de descentralización de funciones y responsabilidades del Estado Nacional a las provincias y municipios. Las obras sociales empiezan a tomar protagonismo en las prestaciones de salud con el ocaso del Ministerio de Salud de Ramón Carrillo. Y es recién la dictadura de Onganía la que termina de sentar las sólidas bases de este modelo en 1970, fijando la obligatoriedad de afiliación al sistema de obras sociales, y asignando el control de dichos fondos a los sindicatos. Un Estado que aspire a recuperar un sistema de salud integral debe, a nuestro entender, modificar este régimen para volver a la concepción universal y pública de la salud que caracterizó al gobierno del General Perón. Por el contrario, seguir ahondando el esquema de descentralización que comenzó la Libertadora y selló el Onganiato sólo significa esclerotizar las organizaciones sindicales en el burocratismo y vaciar de contenido y responsabilidad al Estado. Hoy en día la salud pública está librada a un abandono espeluznante mientras las obras sociales y las prepagas hacen negocios con la salud. Ya salió una ley de regulación para las prepagas, alentamos ahora a que salga una para poner en sintonía el actual modelo de las Obras Sociales heredado del Onganíato con las necesidades de la población y para que los fondos que aportan los trabajadores no acaben consolidando burocracias parásitas que cuando sus intereses se ponen sobre la mesa, son capaces de tender su mano a los enemigos del pueblo. Los herederos de Vandor, privilegiados de Onganía, amigos de Lanusse y Lopez Rega, se benefician hoy de la mala salud de los argentinos. Es hora de ponerlos en caja. El contundente apoyo popular al gobierno en las últimas elecciones, permite reclamar las necesarias medidas de fondo que desanden la estructura económica y social que impuso la dictadura y la democracia colonial, para sortear así la crisis económica en beneficio del pueblo y encaminarnos hacia la liberación nacional por la que todos nosotros luchamos.

3 comentarios:

Ricardo Beyer dijo...

Suena medio gorila y anti-obrero tu análisis. Ojalá me equivoque.

El kirchnerismo está en un momento de decisiones muy fuerte. No se si no le da el cuero, pero da la sensación que no va a avanzar mucho más que lo que hizo hasta acá. Hay mucas señales en esa línea. Y esto no es una foto que se congela para siempre.

Y la CGT, expulsada y atacada e insultada con eso que son chantajistas y extorsionadores (lenguaje típicamente gorila) no va a retroceder.

Fue un error táctico muy grosso dejar afuera de las listas a la CGT y poner a esos pibes con mucha plata (los amigos de Máximo) sin represenatividad ni desarrollo territorial en el Parlamento y en muchos cargos nacionales decisivos.

El peronismo está perdiendo identidad. Mucha clase media blanca y pocas caritas morochas y de trabajadores en la conducción. Parece el Frepaso, sin la CGT.

Criticar a los sindicatos en la casa de la UIA, fue demasiado. Como que Cristina provoca premeditadamente la salida de la central obrera de la alianza estratégica.

Si el Gobierno no avanza en las transformaciones y no sigue mejorando las condiciones de vida de los trabajadores es muy probable que la CGT salga a la calle y presione....

Un saludo.

Anónimo dijo...

Muy instructivo el debate entre El Frente Negro y Socialismo Latinoamericano. Los trabajadores y el movimiento popular necesitan una Izquierda Nacional con perfil propio. De lo contrario, ese lugar lo ocupará la izquierda cipaya.
Saludos. Miguel Angel (Rosario)

Pocho dijo...

No leí nada sobre Gerardo Martinez. El -ahora ex- candidato de Cristina a suceder a Moyano.

El kirchnerismo no es nacionalista revolucionario, ustedes?

saludos FN