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miércoles, 11 de enero de 2012

Globalización y Sociedad Civil: Una Crítica

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Por El Emboscado

La globalización ha hecho más difícil la distinción entre lo nacional y lo internacional, entre lo interno y lo externo, parámetros de la realidad política internacional que se han ido difuminando tras el fin de la guerra fría. Sin embargo, confundir la existencia de redes transnacionales que operan más allá de las fronteras de los Estados, incluso más allá de su control, con la formación de una sociedad global es bastante ilusorio.

La noción moderna de sociedad civil se sitúa en los siglos XVII y XVIII, ligada a las teorías de los derechos del individuo y a la idea del contrato social. La sociedad civil era concebida como el resultado de la reunión de individuos en torno a un contrato social cuyo contenido manifestaba el imperio de la ley y la existencia de un Estado sujeto también a la ley. Se trataba, en definitiva, de la formación de una sociedad gobernada por normas que tenían como base el consentimiento de los individuos.

Este punto de vista que contraponía la sociedad civil al estado de naturaleza no deja de ser una ficción teórica de la ideología liberal, pues la transición del ancien régime al nuevo orden social que originaron las revoluciones burguesas no respondía más que a la lógica de la lucha de clases por la que la burguesía emergente, en aquel entonces sometida a una fuerte fiscalización por parte del Estado, quería liberarse de las limitaciones que impedían la expansión del mercado y la acumulación de capitales. Para todo esto era preciso la formación de un mercado nacional y con ello romper en el mundo del comercio y del trabajo con los viejos vínculos del antiguo régimen, como eran las corporaciones, para dar paso al individualismo y a la formación de una sociedad civil.

Hegel estableció la identificación de la sociedad civil con la economía en la que el Estado haría de mediador para resolver los conflictos en la sociedad civil. Por otra parte, en el s. XX la sociedad civil fue reducida a las formas de interacción social independientes tanto del Estado como del mercado. En este sentido cobraron importancia los planteamientos de Antonio Gramsci, según el cual la historia la componen las luchas ideológicas y culturales, lo que desde este prisma le permitió elaborar una distinción entre coerción y consentimiento.

La identificación de la sociedad civil con las organizaciones intermedias, tal y como lo explicaba Hegel, hace posible la conciliación entre lo particular y lo universal, por lo que el individuo puede así convertirse en un actor en la arena pública. Estas organizaciones agruparían a los individuos según sus afinidades profesionales, intereses, etc., convirtiéndose en el medio en el que se haría posible un consenso para negociar el contrato social.

Con el devenir histórico y el desarrollo del Estado-nación unido a la cada vez mayor demanda de derechos, tanto civiles como políticos, y la extensión de la democracia a las masas populares, se produjo una creciente diferenciación entre la sociedad civil y el Estado. La reinvención de la sociedad civil ha sido contemplada, especialmente en la segunda mitad del s. XX como una reacción al Estado sobreprotector, lo que ha venido a poner el énfasis en la creación de espacios autónomos y en la retirada del Estado de determinados ámbitos. Este punto de vista que en principio podría favorecer la participación de la sociedad de forma más o menos directa en la toma de decisiones a través de su autoorganización, en cierto modo únicamente encubre las reminiscencias de un discurso de desmantelación del Estado tan caro al liberalismo. El Estado, como expresión de la voluntad de una sociedad constituye una herramienta para la satisfacción de sus necesidades y la gestión de sus problemas, su progresiva desmantelación a favor del establecimiento de espacios autónomos contribuye a que la regulación, antes ejercida por el poder público, se vea sustituida por las leyes de mercado de un espacio que no se encuentra sometido al control.

Sin embargo, con las transformaciones que se han producido a finales del siglo XX, y más en concreto con la globalización, se ha dado una desterritorialización de la sociedad civil que, en gran medida, ha puesto fin a la distinción entre “nosotros” y “el Otro”. Si hasta finales del s. XX los Estados-nación habían constituido el marco político referencial que constreñía el medio de acción de la sociedad civil, con la globalización y la progresiva apertura que ha establecido a través de la cesión de parcelas de soberanía por parte de los Estados, se han difuminado los límites de antaño y vuelto más confusa la distinción del “nosotros” y “el Otro”.

Por otro lado, el final de la guerra fría supuso, también, el final de las guerras modernas entendidas como guerras entre Estados o grupos de Estados en las que el objetivo, tal y como lo explicara Clausewitz en su momento, era “forzar a un enemigo a que cumpliera nuestra voluntad”. Desde entonces han surgido diferentes tipos de guerras que dada su aparente novedad han adoptado diferentes denominaciones.

La “guerra en red”, por ejemplo, podría caracterizarse como redes armadas de actores estatales y no estatales en las que se incluyen grupos paramilitares organizados por líderes carismáticos, señores de la guerra, voluntarios, organizaciones criminales, mercenarios, etc. Este tipo de nuevas guerras suelen ser de carácter interno y se diferencian de las tradicionales guerras entre Estados. En ellas juegan un papel importante las diásporas, ya sean lejanas como pudiera ser el caso de los palestinos, o vecinas como los serbios en Croacia y Bosnia. Asimismo, en este tipo de guerras se ven involucrados una gran cantidad de diferentes actores internacionales y suelen concentrarse en lugares donde el Estado moderno se está descomponiendo, donde las distinciones entre lo interno y lo externo, lo público y lo privado, han perdido el sentido usual. Se producen, por tanto, en lugares donde el Estado no tiene el control sobre todo su territorio y donde no cuenta con el absoluto monopolio legítimo de la violencia organizada.

Se podría afirmar que allí donde se producen las nuevas guerras se da un proceso inverso a la formación de los Estados modernos con un deterioro de la administración pública, privatizaciones, colapso, etc. Además de esto las coaliciones que existen en este tipo de guerras son laxas y horizontales, por lo que la presencia de un discurso común genera un papel organizador destacable.

Este tipo de guerra constituye, también, una forma de movilización política, de manera que la propia movilización se convierte en el objetivo del esfuerzo bélico ya que la violencia no se dirige tanto hacia el enemigo como hacia la extensión de la propia red que articula la guerra. Es interesante destacar que ya Ernst Jünger puso de relieve el carácter movilizador de la guerra y más en particular de la aplicación de la técnica al esfuerzo bélico, ello queda reflejado en sus obras Tempestades de Acero y El Trabajador.

Aunque en ocasiones pueda existir algún tipo de discurso común, en una gran cantidad de casos y a veces dado su carácter endeble no son más que formas de encubrir intereses particulares, normalmente económicos, para justificar determinadas acciones violentas. Juntamente con esto también es importante destacar la implicación que puedan tener poderes externos en los conflictos armados, ya que suelen reflejar la relación de fuerzas y las luchas por el poder que a nivel internacional se dan entre las distintas potencias. Así pues, todo esto tiende a reflejarse con el apoyo de diferentes facciones en un mismo conflicto, el suministro de materiales, respaldo político, etc.

Las guerras, por su propia naturaleza, son caras y requieren alternativas de financiación que muy a menudo se basan en la extorsión. Los robos y saqueos, el comercio ilegal de drogas, el tráfico de armas, alcohol y tabaco, la ayuda de países, etc., forman parte de las distintas formas que existen de financiar la guerra. Las actividades económicas que se generan en una guerra son de carácter informal o sumergida, lo que no impide identificar este fenómeno como la actividad central de la economía global sumergida, una economía internacional criminal.

En otro lugar se encuentra la “guerra espectáculo” que suele consistir en una guerra a larga a distancia con el empleo de tecnología sofisticada como aviones ultramodernos o misiles guiados para evitar bajas en las filas propias, o el empleo de organizaciones armadas (UÇK, Alianza del Norte, etc…). En este tipo de guerras confluyen diferentes intereses como pueden ser las necesidades de los científicos, las empresas que proveen de la infraestructura y el poder militar, los ingenieros, etc. Se trata de un tipo de guerra que ha llevado a cabo principalmente los EE.UU. y que ha hecho posible la continuidad de la guerra imaginaria característica de la guerra fría desde la perspectiva estadounidense.

Si con anterioridad la aplicación de la tecnología a la guerra perseguía maximizar las bajas del enemigo en la actualidad la lógica se ha invertido, sin que por ello hayan perdido capacidad ofensiva y destructiva las nuevas armas desarrolladas. En este sentido lo que se persigue es una guerra sin bajas a través de armas cada vez más precisas que, sin embargo, no impiden que existan errores o “daños colaterales” que produzcan bajas en la población civil.

La “guerra neomoderna” se aplica, por el contrario, a conflictos limitados entre Estados o en contrainsurgencia. Son guerras propias de Estados que todavía conciben la guerra en términos clásicos, para ello practican la contrainsurgencia para derrotar a redes subversivas o se preparan para defender sus fronteras frente a otros Estados, como es el caso de la guerra de Kargil entre India y Pakistán. Las tácticas que se emplean contra las redes suelen ser los bombardeos desde tanques, helicópteros o artillería pesada, además del desplazamiento de la población. Estos países generalmente están dispuestos a sufrir bajas y creen que pueden conseguir una victoria militarmente

El intento de controlar y limitar al máximo la guerra y sus “daños colaterales” sobre la población civil, además de intentar asegurar un tratamiento humano para heridos y prisioneros de guerra, ha sido abordado desde el derecho humanitario internacional y los derechos humanos. Sin embargo, todo esto no deja de ofrecer una serie de problemas en la medida en que una supuesta sociedad civil global conformada por ONGs dedicadas al humanitarismo no es garantía de que, dado el caso, esas mismas organizaciones más allá de poder reflejar una conciencia de que existen una serie de deberes hacia la humanidad constituyan instrumentos al servicio de la política, no ya de potencias, sino incluso de intereses corporativos, multinacionales, etc.

En lo que respecta a las intervenciones humanitarias como modo de hacer cumplir el derecho internacional humanitario no deja de plantear inquietantes cuestiones, sobre todo en la forma en que se interprete la ley, cómo se aplique, a quién se aplique y a quién beneficie todo este proceso. El derecho moderno, concebido por seres humanos, no deja de ser cuestionable y relativo por cuanto carece de cualquier objetividad que lo haga universalmente válido, de manera que su aplicación y puesta en práctica se llevará a cabo siguiendo los intereses de quienes la interpreten. La imparcialidad desde este punto de vista resulta imposible, pues en algún momento se tomará partido por algunos de los intereses enfrentados en un conflicto.

La hipótesis que se plantea de conformar un contrato social global que garantizase el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales no escapa, tampoco, a las sospechas, sobre todo en lo que se refiere a quién o quiénes elaborarían, aprobarían y ratificarían dicho contrato, los intereses a los que serviría dicho contrato (hecha la ley hecha la trampa), y quién se encargaría de hacerlo cumplir. Indudablemente todo esto nos conduce a la cuestión de un gobierno o Estado mundial, y ello como resultado de la cesión de soberanía por parte de los Estados en beneficio de un ente supranacional. Por esta razón cabe preguntarse ¿al servicio de quién estaría dicho gobierno o Estado mundial? ¿acaso iba a ser capaz de conocer y conciliar los intereses del conjunto de la humanidad para encontrar una solución satisfactoria y, lo más importante aún, justa para todos que haga posible una resolución de sus problemas y necesidades?.

Dadas las circunstancias de la existencia de una economía monetarizada a escala global, la primacía de los intereses de una minoría económica sobre el conjunto de la población mundial, y las consecuentes relaciones de dominio-explotación que configuran las actuales estructuras económicas, hace plantearse que sea imposible la conformación de un imperio global de la ley que no beneficiase aún más a esa minoría que domina la mayor parte de los asuntos mundiales.

Fuente: http://emboscado.blog.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

MUERTE A LA GLOBALIZACIÓN.
TE CUENTO TE CANTO TE DIGO Y ASPIRO
CON MI ULTIMO RESPIRO, ESTO, NO DA PARA MAS
LA GLOBALIZACIÓN Y ESTA SENSASIÓN
DE CONSTANTE PENETRACIÓN
LA ILUSIÓN, Y MI CRUEL CANCIÓN.

SABIENDO QUE TODO ES UNA MENTIRA
CADA UNO BUSCA SU SALIDA, POR LA PUERTA DE ATRÁS.
MI QUEBRANTO DEL ADELANTO
SE CONVIERTE HOY EN CANTO, CANTARAN
DESDE LEJOS
LAS TROMPETAS DEL FIN

TODOS SE QUIEREN MATAR
TODOS SE QUIEREN PISAR
A ESTE PUNTO HEMOS LLEGADO
DALE GRACIAS A LA EVOLUCIÓN
ESTO ES EL ADELANTO.

SI ALGUNA VEZ TE DESPIERTAS NO TE VUELVAS A DORMIR
LLEVÁ CAFÉ NEGRO, ESTO TIENE QUE SEGUIR.
HAY RIVALIDAD, RIVOTRIL Y MISIL
SOBRA COMPETENCIA EN UNA DEMENCIA
Y EL TERCERO DE LOS MUNDOS
PIDE CLEMENCIA




PERO QUE HACER CON TANTA TECNOLOGÍA?
LAPTOPS-NETBOOKS-BLUETOTHS, Y MUCHO MÁS.
MISILES INTELIGENTES, Y ALLÁ TE SACAN LOS DIENTES
TODO ES INDIVIDUALISMO, UNOS A LOS OTROS COMO GUSANOS
SE QUIEREN APLASTAR.
Y QUE HACER CON LA BALANZA DESPLOMADA?
CON TANTA PAVADA, Y LA BASURA DE LA CAJA CUADRADA

TODOS SE QUIEREN MATAR
TODOS SE QUIEREN PISAR
A ESTE PUNTO HEMOS LLEGADO
DALE GRACIAS A LA EVOLUCIÓN
ESTO ES EL ADELANTO.

(TODOS SE QUIEREN - LETRA Y MUSICA DE SEBASTIAN KALEVI)

UNA BREVE CONCLUSION DESDE LA MIRADA TERCERMUNDISTA A LA MIERDA GLOBAL A LA COMPETENCIA, A LA ENVIDIA Y A LA MISERIA ESPIRITUAL... SALUDOS DESDE URUGUAY.
ZETGEIST M.
(Carlos Almada - Montevideo)