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sábado, 11 de febrero de 2012

La pesada herencia… cultural

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El autor del siguiente artículo es el compañero sanjuanino de la Corriente Causa Popular, profesor universitario y escritor, Elio Noé Salcedo. Aquí sale a discutir con el periodista Luis Bruschtein de Página 12 y su artículo Patriotismos, publicado el 21 de enero del corriente año, donde erróneamente pretende condenar la recuperación de Malvinas, en 1982, por la naturaleza no democrática del gobierno que la llevó a cabo. Desde la tradición de la Izquierda Nacional y en la línea de los artículos que aquí estamos publicando, Salcedo explica el peso que la tradición cultural demoliberal ha impuesto en el debate público argentino.(La nota y la introducción al artículo fueron extraídas del blog de Julio Fernández Baraibar)
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Por Elio Noé Salcedo

Caer en la trampa (consciente o inconsciente) del dilema “democracia o dictadura” para quitarle importancia y valor histórico al acto de recuperación de nuestras Islas Malvinas el 2 de abril de 1982 comporta una tipo de colonialismo de izquierda afín al pensamiento conservador de derecha.
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La experiencia y habilidad de viejo periodista –y la impunidad que da la tribuna sin derecho a réplica (de parte de los que no pensamos igual)- le han permitido construir a Luis Bruschtein un artículo casi imbatible desde la lógica lineal y dentro del marco teórico de la democracia formal (“Patriotismos”, Página 12, 21/1/2012). Tal discurso no parece admitir disenso, so pena de caer en la posición contraria, es decir quedar del lado de la dictadura y sus horrores.

Pero la trampa (impuesta o autoimpuesta) es más vieja que el cronista, y sólo es posible caer en ella si desconocemos la falsedad parcial de ese también viejo dilema: “democracia o dictadura”, hijo de aquel otro: “civilización o barbarie”. Según esos falsos dilemas si no somos “democráticos” somos dictatoriales y si no somos “civilizados”, somos bárbaros.

De acuerdo a esa concepción, dictatoriales serían con mucha razón Videla, Viola, Galtieri y Bignone, que comandaron el proceso de destrucción nacional del 76 al 83, y democráticos, sin reparo alguno, serían Alfonsín, Menem y De la Rúa, aunque esa democracia fuera funcional a los designios del imperialismo y le diera continuidad en lo económico, social y cultural a aquel proceso dictatorial de destrucción nacional hasta el 2001.

Jauretche solía distinguir entre lo adjetivo y lo sustantivo. Alberdi advertía sobre confundir el traje con el personaje o la esencia objetiva de las cosas. En su polémica con D. F. Sarmiento sobre “Civilización o barbarie”, Alberdi le recriminaba al hasta entonces periodista y escritor: “Confunde el traje de la civilización con la civilización misma”.

En una Nación inconclusa como la nuestra –eso es Latinoamérica, y no una abstracción para uso dialéctico de izquierdas o derechas- el dilema o contradicción principal es Nación o Nada (la idea es de San Martín, no mía), y ante esa disyuntiva la opción no puede ser solamente democracia o dictadura, sino liberación o dependencia, o si se quiere, SER, EN TODO EL SENTIDO DE LA PALABRA, y no sólo parecer una nación civilizada en sus aspectos más formales o sólo en sus libertades individuales y derechos civiles.

Omitir el papel del imperialismo inglés en nuestro destino de Nación inconclusa –y por lo tanto subestimar todo lo que pueda hacerse para revertirlo en forma concreta no sólo declarativa-, es un punto común que comparten izquierdas y derechas desde 1930, cuando se unieron para bajar a Yrigoyen, para no mencionar 1955, e incluso 1976, con su connivencia contra el gobierno popular de Isabel.

La diferencia sustantiva, no solo formal, entre la democracia hasta 2001 y la Democracia después de 2001 ya la conocemos. La independencia económica, la justicia social, el desarrollo industrial, científico y tecnológico, la ampliación del mercado laboral y los derechos del trabajador, el creciente bienestar y la recuperación de nuestra identidad nacional latinoamericana, entre otras, marcan la diferencia objetiva.

Ser Nación es un concepto integral que no requiere ser universal como reclama Bruschtein sino que resulta universal en la medida en que es profundamente nacional o patriótico (“Pinta tu aldea y pintarás el universo”). Ricardo Rojas decía en su informe educativo de 1909: “Cuanto más es uno del propio país, más es de los países todos”. Seguramente seremos más universales cuanto más latinoamericanos seamos en forma concreta y efectiva.

El proceso de nacionalización y latinoamericanización iniciado en 1945 y suspendido el 24 de marzo de 1976 tras el golpe, volvió a cobrar vida el 2 de abril de 1982 (en la música, los medios de comunicación, la autoestima y la posibilidad, luego frustrada, de revertir la política económica y social de la dictadura), aún a pesar de la dictadura, que probablemente prohijara la recuperación de Malvinas como un manotazo de ahogado.

Lo que no se puede negar, porque no tiene que ver con las intenciones sino con los hechos, fueron los efectos de aquel “manotazo”, que rompió las estrechas relaciones con el imperialismo reinante -causante y mentor de esa dictadura (y también de muchas democracias serviles en el mundo)-, que debió apelar a otros medios para conseguir sus fines.

El proceso de desmalvinización primero y una democracia vaciada de contenido nacional después, votada por un pueblo desmalvinizado, o sea derrotado en su autoestima y visión (en eso fue determinante la vieja partidocracia “democrática” de derecha e izquierda), fueron la prueba de que la alianza objetiva rota en los hechos aquel 2 de abril, se había reconstituido bajo el traje de una democracia a gusto y paladar del imperialismo y de los acreedores y explotadores seculares de la Argentina.

La crisis de esa democracia liberal vaciada de contenido nacional haría eclosión en 2001. No es casual tampoco que el proceso en contrario iniciado en 2003 y en permanente profundización hasta la fecha, le haya devuelto al 2 de abril y a la reivindicación de Malvinas, sin discriminación de sastrería, el lugar que merece en nuestra historia y en nuestra memoria.

San Juan, 21 de enero de 2012

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