Bienvenidos al Frente Negro

jueves, 1 de marzo de 2012

Tiempo de Descolonización

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Reproducimos hoy un excelente prólogo general de Federico Bernal para el suplemento especial "Malvinas, tiempo de descolonización" que está saliendo en Tiempo Argentino desde el sábado pasado, 25 de febrero. Continuará saliendo todos los sábados hasta el 23 de junio. Sin dudas, una trinchera de combate más contra las zonceras que todavía fomentan el derrotismo desmalvinizador. Recomendamos seguirlo con atención.

Por Federico Bernal

El histórico decreto presidencial 200/2012 ordenó la desclasificación del Informe Rattenbach. Entre sus considerandos se lee: “Que (…) el permitir a la sociedad el acceso al conocimiento del contenido del referido Informe y/o sus antecedentes documentales, brindará a todos los argentinos mayores elementos de juicio para estudiar ese período de nuestra historia, y en especial, de lo sucedido durante el conflicto del Atlántico Sur.” En sintonía con tan fundamental lineamiento, es que desde este suplemento nos proponemos brindar a los argentinos y argentinas mayores elementos de juicio sobre lo acontecido antes, durante y después del conflicto del Atlántico Sur. No es ninguna casualidad que Memoria, Verdad y Justicia haya terminado con la impunidad a los genocidas recién con el regreso de la democracia real, y no en 1983 sino 30 años más tarde. De igual forma, no es ninguna casualidad que los primeros actos remalvinizadores desde el 14 de junio de 1982 recién se verifiquen con el advenimiento de gobiernos democráticos, nacionales y populares. ¡Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo! ¡Memoria, Verdad y Soberanía para nuestras Islas Malvinas!

REACCIÓN Y DESMALVINIZACIÓN. Confrontar ideas desprovistas de la procedencia del contenido utilizado no hace más que profundizar la superficialidad y la despolitización de cualquier debate. En ciertas ocasiones, los nombres propios pueden herir susceptibilidades y comprometer al autor que en su análisis los evoca. Pero sería injusto con mis convicciones e ideales si aquí obrara diferente. La Argentina que de 2003 asoma y despabila, exige y merece un debate respetuoso pero efectivamente profundo, crítico y “apellidado” toda vez que así amerite. Y Malvinas lo amerita. Como es sabido y al igual que en tantas otras estratégicas cuestiones, la referida a nuestras Islas suscita opiniones tanto del campo de la reacción como del campo nacional y popular. Sin embargo, y aquí el gran problema, tales opiniones resultan muchas veces convergentes entre sí, y todas (aquí el desafío), con el enfoque colonialista de Downing Street. Para citar un caso emblemático del primero, tomemos por ejemplo el libro 1982 de Juan B. Yofre. En la página 129, su autor justifica con estas palabras la calificación de “invasión” al desembarco argentino del 2 de abril: “‘Recuperación’ y no ‘invasión’ es la palabra que utilizan los militares argentinos. Recordará el lector que los franceses y sus aliados cuando hablan del desembarco en Normandía (6 de junio de 1944) se refieren a la ‘invasión de Normandía’.” Ahora bien, cuando Yofre pasa a detallar la respuesta británica al legitimo acto de defensa del 2 de abril –como por cierto se expidió la justicia argentina en la denominada Causa 59, año 1988– elige describirla en estos términos: “Con la Resolución 502 en la mano, Margaret Thatcher ordenó la movilización del contingente naval que recuperaría (sic) las Malvinas tras la ‘humillación’” (pág. 246). Entre otros objetivos, el autor del libro se propone dejar al lector la idea de una Argentina “invasora” frente a una Gran Bretaña “reconquistadora” de lo propio. Es decir, nosotros fuimos los agresores. ¿Por qué? Fundamentalmente porque éramos una dictadura y ellos una democracia. A propósito, sugerimos leer en este número la entrevista formulada a un eminente periodista británico de la Universidad de Lincoln. Otro caso reciente de enfoque reaccionario hacia Malvinas, viene dado por el insuperable artículo de Luis A. Romero titulado ¿Son realmente nuestras las Malvinas? (La Nación – 14/02/12). El sociólogo estadounidense Herbert Blumer, estudioso de la conciencia como autocomunicación, se hubiera hecho un picnic con título y autor. En realidad, la pregunta correcta debería haber sido: “¿Soy realmente argentino?” Esta, la gran duda existencial con la que el insigne historiador de la semicolonia copiosamente corrompe sus escritos y ensayos. No obstante y como no hay mal que por bien no venga, resulta interesante notar en los argumentos de Romero la esencia misma de la posición británica de dar preeminencia a los isleños. Reservamos para el próximo número de este suplemento, la respuesta técnica a su artículo, porque lo que aquí deseamos subrayar es la coincidencia entre los argumentos de Romero (Lanata, Sarlo, Yofre, etcétera) con los argumentos de, como se dijo, algunos integrantes del campo nacional y popular (no confundir a los plumíferos citados con el nacionalismo de derecha, por cierto, mucho más nacionalista que estos tres personajes juntos).

* Una mención aparte merece el documento denominado “Malvinas: una visión alternativa” suscripta entre otros, por algunos de los antedichos personajes. En primer lugar, no se trata de ninguna visión “alternativa” sino que es la posición británica, archiconocida e histórica, nada más que esta vez no son británicos ni kelpers sus portavoces sino argentinos. En segundo lugar, cipayos y apátridas han existido siempre, desde tiempos inmemoriales. Pero los que hablan o escriben desde el pedestal de la inteligentzia son los preferidos del imperio, pues no hay peor agresión y amenaza a los pueblos oprimidos del mundo que la intervención cultural como herramienta de dominación.

LA TRAMPA DE LOS KELPERS. Como fuera dicho, promover y respaldar –voluntaria e involuntariamente– la posición imperialista y colonialista británica hacia Malvinas no es patrimonio exclusivo de la reacción. Entre las razones que explican una posición contraria al interés nacional pero esgrimida por afectos a la justicia social, la industrialización y la soberanía económica, podemos mencionar un olímpico e irresponsable desconocimiento hacia esta cuestión. El ejemplo más representativo que conviene citar –por más disgusto o rechazo que esto me zanje– proviene de Horacio González. Estos son los casos donde el debate tiene que obligadamente llevar nombre y apellido. Desde hace más de un mes, el director de la Biblioteca Nacional viene insistiendo en colocar a la población de las islas como pieza angular del proceso de recuperación cultural, política y diplomática que argentinos y argentinas debemos aplicar hacia las Islas. Tal posición se advierte claramente en un artículo suyo publicado en Página/12 un mes atrás, que llamativamente principia señalando que entre “cualquier lectura de las islas Malvinas –la más recomendable es, sin duda, la de Paul Groussac– (…)”.

* A la luz de los tiempos que corren, de decretos revisionistas, institutos Dorrego y de la progresiva virulencia de una remozada Pandilla del Barranco defensora del statu quo historiográfico mitrista, ¿cómo se explica que la máxima autoridad de la Biblioteca Nacional recomiende como referencia historiográfica al censurador del Plan de Operaciones de Moreno y Belgrano, sin al menos, hacer esta salvedad a las nuevas generaciones de historiadores y sociólogos lectores del diario?

Pero la muestra más acabada de su punto de vista se resume perfectamente en las declaraciones vertidas en el programa 6,7,8 del 19 de enero. Citamos algunos pasajes: “La existencia de una población británica en las Malvinas es un desafío formidable (…). La acción en términos de la diplomacia latinoamericana, encabezada por la Argentina, tiene que tener en cuenta también cuestiones culturales, arqueológicas, antropológicas e idiomáticas (de los kelpers). (…) Recuperar las Malvinas supone también (…) un replanteo latinoamericano integral donde todos los anuncios que se han hecho en los últimos diez, 15, ocho años: el Banco del Sur, las grandes tuberías de petróleo que efectivamente atraviesen Latinoamérica, efectivamente formen parte de algo que haga digno recibir en el seno de la nación Argentina a una población (los kelpers) que dice odiarla. Como ese no es un problema sólo diplomático sino cultural y de psicología colectiva, ahí también tenemos que emplearnos a fondo en la reflexión sobre nuestra propia historia y hacer de la Argentina también un país adecuado para recibir en su seno ese pedazo del territorio nacional que le pertenece. Tenemos que ser dignos de recibir lo que nos pertenece (sic). Hacerlo así nomás, con descuido, como se hizo en el pasado y como podríamos llegar a hacerlo si creemos que esto es fácil o que esto es una nueva jornada patriotera o la resurrección de un nacionalismo abstracto. (En cambio) esto es el refuerzo de las democracias latinoamericanas en toda la línea y en toda su profundidad. Y así se va a lograr. Incluso estudiando qué tipo de lengua se habla ahí y sabiendo mucho más sobre ellos tanto como ellos saben sobre nosotros.” Su intervención de más de seis minutos de extensión la dedicó íntegramente a los isleños, como se sabe, favorables al interés de la Corona en la disputa de la soberanía. No dudamos de las buenas intenciones de González, pero su exposición abona la argumentación colonialista de priorizar los “deseos” de los pobladores. Cameron encontraría aquí un argumento adicional a sus ya provocadores planteos, planteos que por ejemplo e hipotéticamente bien podría espetarnos así: “Antes de cualquier negociación o diálogo con la Argentina, necesitamos que los más de 550 millones de latinoamericanos nos prueben ser realmente dignos de recibir en su seno a los 2000 isleños. Pero para que empecemos a conversar, los argentinos deben primero reflexionar sobre su propia historia. Luego, propondremos se incorporen en los programas de educación de ese país las raíces culturales, arqueológicas, antropológicas e idiomáticas de la población isleña. Que las estudien las nuevas y viejas generaciones. Y para terminar, exigimos a América Latina y a la Argentina que colmen de tuberías de petróleo su espacio geográfico y funden el Banco del Sur. Las tuberías, que contemplen la lógica interconexión con las islas. Una vez procedido así, consultaremos a los isleños si consideran suficiente todo lo hecho y compatible con sus ‘deseos’”. Felizmente, ningún diario ni funcionario británico recogió aún las ideas del director de la Biblioteca Nacional. ¿A qué factores obedecen los colosales errores de González? Compleja respuesta. Lo que nos importa destacar aquí, es la convergencia entre su enfoque y la posición de la monarquía real; entre sus palabras y las de Romero y compañía. De todos ellos se deduce más o menos lo mismo: parece que los argentinos y latinoamericanos fuéramos indignos de “recibir lo que nos pertenece”. Si, como sostiene González, “hay que hacer de la Argentina un país adecuado para recibir en su seno ese pedazo del territorio nacional que le pertenece”, ¿qué debemos interpretar de semejante razonamiento? ¿Acaso qué esta Argentina es un país inadecuado para recuperar las Malvinas? ¿Qué aún no estamos preparados? El maestro Rodolfo Kusch empleaba una eximia frase para descifrar pensamientos del estilo, en el fondo tocados por la barita sarmientina de civilización y barbarie: “La primera solución a los problemas de América apunta siempre a remediar la suciedad e implantar la pulcritud”. En fin, el mensaje que González brinda a la opinión pública es este: 1) estamos en falta con los isleños, parte fundamental del proceso de recuperación interna; 2) la “invasión” de la dictadura hizo nos odien y esto debe ser revertido; 3) debemos probarles somos dignos de incorporarlos a nuestro país; y 4) no somos merecedores aún de recuperar las Malvinas. Desde 1968 que los kelpers vienen paciente y quirúrgicamente boicoteando su incorporación a la República Argentina. De hecho, y como se verá a lo largo de este suplemento, fueron pieza clave en el estallido del conflicto bélico. Más allá de esto, y más allá de la alineación de González con lo medular de la histórica y decimonónica estrategia londinense, importa destacar otra cuestión, la que subyace en todo su argumento, la que más tiende a penetrar en la opinión pública, la que se alimenta de la desmalvinización originaria y la que a su vez la retroalimenta. Hablamos de la autodenigración como bandera, la sumisión a la “civilización” toda vez que toca la hora de reflexionar y defender la soberanía nacional. Es la influencia del poeta inglés Rudyard Kipling –como bien nos recuerda Blas Alberti en la contratapa de este número– llevada a su máxima expresión.

¿550 MILLONES O 2000 OCUPAS? Juan José González Arigós le contó a Jauretche que en los Estados Unidos, para borrar la peyorativa imagen de South America cuando se habla de la Argentina, lo más eficaz es exhibir fotografías de Bariloche. Con nieve a la vista, la actitud de los oyentes es otra, pues tienden a reconsiderar los supuestos basados en palmeras y bananos. Así comienza describiendo Don Arturo la zoncera de “La nieve contiene mucha cultura”. Pues bien, el González director de la Biblioteca Nacional propone exhibir en Port Stanley fotografías de tuberías de petróleo a los isleños (como si el Banco del Sur les fuera a importar cuando están por recibir un ingreso per cápita –contando los impuestos petroleros por exploración– de 90 millones de dólares anuales). ¡Ah, si la Pampa estuviera cubierta de nieve como el Nueva York o como el Moscú de la canción! ¡Cómo seríamos de cultos!, expresaba con genial ironía el autor del Manual de Zonceras Argentinas que, en formato ya más político, alertaba: “disminuir la fe en el país y en sus hombres” es una de las “variadas técnicas de la colonización para que la semicolonia no se independice”. Colocar una población de 2000 personas –cómplices de la ocupación y excusa perfecta para seguir fortificando la base militar de la OTAN– por encima de 550 millones de latinoamericanos no hace más que “disminuir la fe en el país y en sus hombres”; no hace sino impedir la definitiva descolonización de la colonia apostada en territorio insular de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Grave error el de González. Pero mucho más grave aún es reflotar la tesis de la debilidad o inmadurez congénita de América, tesis prohijada por Jorge Luis Leclerq de Buffon (mediados del siglo XVIII). ¿Quién debe estar por encima de quién: los 2000 ocupas o los 550 millones de compatriotas? ¿La Argentina y América Latina no son dignas de reconquistar una porción legítima de sí mismos, un territorio geoestratégico y geopolítico clave de su inmensa geografía? No hay tiempos para sesiones de psicología colectivas en tiempos de colonialismo genocida. ¿Los kelpers nos odian por la “invasión” argentina de 1982? A este respecto, algunas digresiones. En primer lugar, son los kelpers quienes deberían responder por sus antepasados, cómplices de la invasión de 1833 y del desplazamiento de los habitantes originarios. En segundo lugar, deberían ser ellos también quienes nos den explicaciones sobre su papel en la negativa británica de impedir una salida negociada y definitiva a la disputa de la soberanía. Este lobby data de al menos 1968. Existe una importante cantidad de bibliografía argentina y británica donde se detalla el rol que los isleños y la Falkland Island Company tuvieron en el estallido del conflicto bélico y en el saboteo a una salida pacífica desde el incidente Davidoff, el 20 de marzo de 1982. Sobre ello escribieron Eric Hobsbawm en la revista Marxism Today (1983) y Alex Danchev en International Perspectives on the Falkland Conflict. A Matter of Life and Death (1992), entre otros. Asimismo, varios son los libros que describen incluso de qué forma los isleños participaron directamente en la guerra. Entre muchos, destaca el trabajo de Graham Bound, Falkland Islanders at War (2002). ¿Son realmente dignos de ser recibidos por la Argentina y América Latina los “pacíficos” kelpers? Los tres libros referidos serán analizados a lo largo de los 18 números de este suplemento. Seguimos. En tercer lugar, los kelpers deberían agradecer a nuestro país, que los “inexpertos” y “mal preparados” soldados argentinos no hayan cometido –a diferencia de los expertos marines con las poblaciones en Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia, etcétera– ningún crimen civil por causa de “efectos colaterales”. A pesar de su rol en la guerra, no hubo un solo kelper tomado en calidad de prisionero o refugiado de guerra (como por ejemplo sí hicieron los británicos con los obreros de Davidoff). Finalmente, los cándidos kelpers deberían explicar al mundo su silenciosa complicidad con el genocidio de los habitantes –estos sí originarios– del Archipiélago Chagos, en el corazón del Índico, entre 1968 y 1973. Cuando la Argentina recupere las Islas, no desplazará a nadie, salvo las tropas de la OTAN. Algunas de las instalaciones militares serán ocupadas por fuerzas del Consejo de Defensa Sudamericano; pero otras serán convertidas en museos de la memoria para uso y costumbre imperial, para que recuerden cómo gobiernos británicos y estadounidenses por igual apadrinaron las dictaduras genocidas latinoamericanas durante la casi totalidad del siglo XX. También, para que aprendan (ellos de ellos mismos y no nosotros de ellos) lo significativo de la ayuda del dictador y genocida Pinochet para la victoria thatcherista de la guerra. Apropiado será entonces colocar en el ingreso a los museos en cuestión, la siguiente frase: “Si bien unos 250 miembros de nuestras fuerzas perdieron la vida durante las Falklands, sin (el apoyo) del presidente Pinochet ciertamente hubieran sido mucho más. Le debemos, a él y a Chile, una gran deuda.” ¿Año de esta declaración? Octubre de 1999. ¿Autora? Margaret Thatcher. No señor González, los kelpers no son dignos de incorporarse en nuestro seno, no al menos sin exigirles disculpas formales a los miles de familiares de desaparecidos chilenos. A lo largo de este suplemento analizaremos la incidencia que la dictadura de Pinochet tuvo en la resolución del Conflicto del Atlántico Sur.

OMISIONES DELIBERADAS Y ALUSIONES SOSPECHOSAS (CADA 2 DE ABRIL). La cuestión Malvinas no puede tratarse con liviandad e irresponsabilidad. Mucho hay para leer y estudiar aún que no se ha leído ni estudiado, tanto desde el plano histórico como desde el plano político, geoestratégico y hasta geopolítico. Con cada aproximación de un 2 de abril, los medios de comunicación hegemónicos (y muchos no hegemónicos) presentan un mismo discurso y una única y cerrada opinión de esta cuestión. Esto lesiona el espíritu de la revolucionaria Ley de Medios de la democracia. Antes de pasar a las omisiones, recordemos algunas sospechosas alusiones: los “fortuitos” y “emotivos” reencuentros entre ex combatientes de uno y otro bando (los gurkas no participan aún). Por ejemplo, el último caso, el protagonizado por Neil Wilkinson y Mariano Velasco. Dejando de lado el aspecto emotivo (la mala puntería del artillero Neil es el verdadero artífice del reencuentro, como él mismo reconoció), cabe preguntarse: ¿quién gestó el contacto? ¿Cuál es el mensaje? Porque no se trata de una filmación casera. La opereta fue trabajada por la BBC, pareciera que socia de Neil en el documental que en realidad viene a promocionar a la Argentina (Enemy Contact). Cuando haya reencuentros espontáneos y genuinos hablamos. Mientras tanto, Gran Bretaña debe explicar al pueblo argentino en general y a las familias de los Héroes del Crucero General Belgrano en particular por aquel aún impune crimen de guerra que costó la vida a 323 compatriotas. Acá seguro no habrá “opereta del reencuentro” para la BBC. Ahora, prosigamos pero con las omisiones mediáticas de cara a cada nuevo aniversario. De un plumazo se borran los 179 años de ocupación británica. De un plumazo se ignoran los móviles que llevaron al gobierno colonialista e imperialista de Thatcher –e indirectamente al de Reagan– a responder con el uso de la fuerza. Más allá de coincidir o no con la decisión del desembarco, los argentinos esperamos pacientemente 149 años. Ciento cuarenta y nueve años o 1788 meses soportando toda clase de provocaciones y dilaciones, período de tiempo que además coincidió con otra invasión británica en suelo patrio (Vuelta de Obligado). Repetimos: 1788 meses. ¿Y cuánto es que cotiza el umbral de la paciencia pirata? Ni tres días pudieron esperar los “presuntos civilizados” (el 5 de abril partió con rumbo a Malvinas el grueso de la Task Force). Pero más importante que el tema de la imperial ansiedad, interesa dejar planteadas las siguientes inquietudes: ¿cómo fue que en apenas tres días lograron reunir 30 mil hombres y despachar la casi totalidad de la Royal Navy? ¿Sabían de los planes del 2 de abril o fue sorpresivo? ¿Si sabían, con cuánta anterioridad? ¿Fue provocado el Incidente Davidoff para adelantar los planes del desembarco de la Junta? Y hay más. Cada vez que se aproxima un 2 de abril, se ignoran graciosamente los acontecimientos de febrero y marzo de 1982, claves en la cabal comprensión del conflicto. Veamos. Según detallaron los servicios de inteligencia británicos en el Informe Franks (profusamente abordado a lo largo del ciclo Malvinas. Tiempo de Descolonización), las FF AA británicas estaban advertidas de un probable uso de la fuerza por parte de la Argentina al menos desde 1976. Sigamos. Con la cercanía de cada 2 de abril, se borran también y de un plumazo los argumentos diplomáticos, políticos, geográficos y geopolíticos que deberían darse siempre y fundamentalmente todos los aniversarios para proseguir en la ardua pero victoriosa lucha hacia la recuperación de nuestras Islas. De un plumazo se borran las responsabilidades del gobierno de Thatcher antes de la conflagración y durante la misma. Del mismo modo, se omiten los gravísimos errores políticos y militares que la Junta cometió antes y durante el conflicto, errores que gracias al Decreto 200/2012 podrán ser develados en profundidad. ¿Cómo fue que la Junta basó la reconquista del 2 de abril en hipótesis todas erróneas? ¿Cómo pudo pensarse que EE UU se mantendría neutral? ¿La colaboración del Ejército en la preparación de la invasión yanqui a Nicaragua era razón suficiente? ¿Cómo fue que se subestimó las ansias imperialistas de Su Graciosa Majestad? ¿Qué hay de la misión secreta en marzo del segundo del Departamento de Estado que dio luz verde a la Junta? ¿Cómo explicar que generales pro-occidentales decidan enfrentarse justamente con el gran amo occidental? Está el argumento de la perpetuación en el poder. ¿No hay otros? La Junta Militar venía trabajando en la hipótesis militar desde por lo menos un lustro antes del 2 de abril. ¿Qué hay del plan guerrerista británico? Se habla de la “aventura” militar argentina, pero… ¿y la “aventura” militar británica? (ver en este número y al respecto la opinión de un eminente periodista británico). Más interrogantes: ¿cómo impactó la resolución de la guerra en la perpetuación del Partido Conservador y en la continuidad del genocidio socioeconómico sobre millones de británicos en la Inglaterra de Thatcher? ¿Sirvió en algo Malvinas como trampolín para Irak, Afganistán y Libia? ¿Sirvió en algo Malvinas para los latinoamericanos? El presidente Correa señaló no hace mucho que la “OEA debió desaparecer con Malvinas”. En suma, intentar dilucidar las causas del Conflicto del Atlántico Sur sin el estudio de los factores externos y de los hechos posteriores que este desencadenó resulta, como mínimo, insuficiente y fragmentario. ¿Y por qué se habla y conoce tan poco de aquella Gran Bretaña? Porque claro, la responsabilidad de la guerra es pura exclusividad de los genocidas. ¿Es realmente así? ¿El referido Informe Franks y la desmalvinización inciden en esta lavada de manos imperial? Pero, ¿qué es el Informe Franks? El lector encontrará en la sección Historia de este suplemento, un primer esbozo de las magistrales contribuciones que el citado informe brinda para una íntegra comprensión del Conflicto del Atlántico Sur. De todas maneras, vaya ahora una breve apostilla: el Informe Franks puede interpretarse como una suerte de Informe Rattenbach británico, pero que a diferencia del encargado por Bignone y su veredicto, aquel eximió de culpas al gobierno de la Thatcher. ¿Eximido de culpas? Cuando Thatcher presentó las conclusiones del Informe Franks a la Casa de los Comunes, señaló entre triunfante y exultante: “La única gran equivocación fue la de la Junta argentina cuando decidió invadir las islas Falklands.” Una perlita: en junio de 2009 el pueblo británico salió a la calle para rechazar se utilice al Informe Franks como modelo para investigar las responsabilidades de la administración Blair en la guerra de Irak.

CAUSAS DEL CONFLICTO: INVENTAMOS, PROFUNDIZAMOS O ERRAMOS. Los argentinos conocen poco los argumentos que allá por abril del ’82 atestaban la Cámara de los Comunes. “Estamos defendiendo la civilización contra la barbarie, tal como nuestros ancestros hicieron siglos atrás en otras partes del mundo” (Michael English, parlamentario). “(…) existen grandes riesgos en no detener a un dictador, una lección que esta nación ya aprendió con anterioridad” (John Nott, secretario de Defensa). “¿Por qué el dictador argentino decidió repentinamente en los últimos días de marzo avanzar en la brutal y arbitral agresión? Creo que parte de la respuesta se halla en la mismísima brutalidad e impopularidad del mismo régimen argentino. La inflación está subiendo en la Argentina a una tasa anual del 140 por ciento. El régimen destaca por su sistemática violación a todos los derechos humanos. Apenas unos días antes de la invasión de las Falklands Islands, ha habido protestas sociales en Buenos Aires. Empujada por la crisis política interna, y acosada por una montaña de dificultades económicas, el régimen viró desesperadamente al cínico intento de elevar el chauvinismo entre la gente” (Francis Pym, secretario de Defensa, el 7 de abril). Por último y para terminar, el autor del libro Razor’s Edge (que trataremos en este Suplemento) señala: “El enemigo contra el que Gran Bretaña luchó en 1982 fue el mismo que en 1939-1945, en menor escala pero no por eso menos venenoso.” Existe una línea genealógica entre tales argumentos y los que hoy por hoy justifican las invasiones imperialistas de los últimos años en Medio Oriente, África y…, por supuesto, en las mismas Malvinas. Y es por esta razón que deben ser inteligentemente desarmados por el pueblo argentino. De lo contrario e indirectamente, estaríamos justificando la legitimidad de la decisión británica de “recuperar” las islas con el uso de la fuerza; estaríamos aceptando que la derrota fue una suerte de mal necesario. Otro ejemplo. En su alocución con motivo del 25 aniversario de la guerra, Thatcher arengó por radio y en cadena nacional: “(…) Demos gracias a la liberación de nuestras Islas, y recordemos las muchas batallas que las fuerzas británicas están librando hoy día. De alguna manera, no hay victoria definitiva desde que la lucha contra el mal en el mundo jamás terminará. La tiranía y la violencia visten muchas máscaras. No obstante, gracias a la victoria en las Falklands todos nosotros podemos extraer esperanza y fortaleza.” La coincidencia con los discursos de Bush por Irak o los de Sarkozy hacia Libia son mera… causalidad. Pregunta del millón: a la luz de la nueva escalada militarista en el archipiélago; a la luz de la avanzada imperial por la conquista de nuevas fuentes de recursos naturales, ¿podemos y debemos los argentinos elaborar una explicación del conflicto del Atlántico Sur diferente a la visión histórica y presente, imperialista, colonialista e hipócrita de las mejores mentes de la burda potencia colonialista? Porque el gran inconveniente que se nos presenta es que, para estos demócratas, la calificación de “régimen” o “dictador” depende de un único factor: la supervivencia de sus intereses. Nuestra responsabilidad es, por esto mismo, mayúscula y excede a la República Argentina. La presidenta lo dejó en claro en su discurso de Tierra del Fuego, el 2 de abril de 2010: “Tenemos que tomar a Malvinas no solamente como una cuestión nacional. Tiene que ser un ejemplo universal del mundo, de la sociedad que queremos.” Los argumentos de la democracia argentina no pueden coincidir con los de Thatcher ni con los de su Gabinete. Cristina Fernández de Kirchner fue contundente al respecto: “Nosotros –y cuando hablo de nosotros hablo de los argentinos– debemos saber diferenciar las cosas que ocurrieron, poder separar quienes gobernaban bajo formas no democráticas, del hecho en sí que es el ejercicio de la soberanía nacional y el rechazo al colonialismo que aún avergüenza a la humanidad en el siglo XXI.” A partir de ese histórico y remalvinizador 2 de abril del año pasado, los ex combatientes pasaron a denominarse Héroes de Malvinas. Separar la cuestión Malvinas y el Conflicto del Atlántico Sur de la dictadura genocida, a la vez que ligándola a la democracia virtual y reaccionaria que prosiguió con el genocidio socioeconómico y la entrega de la soberanía nacional. Aquí nuestro gran desafío. Parafraseando al maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, inventamos y profundizamos o erramos.

¿GRAN BRETAÑA ACABÓ CON LA DICTADURA? Una vez firmada la capitulación argentina el 14 de junio, la dictadura prosiguió en el poder un año y medio más. La del aliado británico Pinochet llegó hasta el 11 de marzo de 1990. Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo –como nuestros soldados y pilotos con el enemigo externo– venían enfrentando al enemigo interno desde 1977. La primera Marcha de la Resistencia, en 1981. Fueron ellas, las organizaciones sindicales y políticas –y no el fin de la guerra favorable al invasor– la causa originaria que promovió el retorno de la democracia y la semilla de la Memoria, la Verdad y la Justicia, semilla que recién germinaría con la decisión del ex presidente Néstor Kirchner de descolgar el cuadro de Videla el 24 de marzo de 2004. El mismísimo asesino y genocida Videla lo reconoció en una deplorable operación periodística recientemente publicada por un medio español. No, la democracia real no retornó en 1983. Tampoco hubo justicia para los 30 mil desaparecidos. Alfonsín, como oportunamente denunció Hebe de Bonafini, dejó ponerse la banda presidencial de manos del dictador Bignone. ¿El programa de genocidio socioeconómico de la dictadura terminó en diciembre de 1983?

LA VERDADERA RENDICIÓN, DE MENÉNDEZ A CAVALLO. Mucho se habla de la capitulación de Mario Menéndez, pero ¿qué hay de la rendición firmada por Domingo Cavallo? En realidad, la rendición efectiva no fue suscripta por la dictadura sino por su prolongación “democrática”: desmantelamiento de las FF AA con Alfonsín y Ménem (roles industrial, científico-tecnológico y militar propiamente dicho), el levantamiento de las restricciones a las importaciones británicas en 1989 (promovido por el ex canciller Domingo Cavallo), la firma de los Acuerdos de Madrid en febrero de 1990 (inicio de hecho de la estrategia de “seducción” y la fórmula del “paraguas de soberanía”) y, finalmente, el Convenio para la Promoción y Protección de Inversiones (Ley 24.184 del 1/12/92). Un mes después de consumados los acuerdos de Madrid, Cavallo almorzó con Thatcher en Londres. Allí le manifestó que la “Argentina respetaría los ‘deseos’ de los isleños” (Clarín – 10/3/90). Estaban sentadas las bases de la traición diplomática al aceptar los “deseos” de los kelpers (profundizada al ridículo con Di Tella y los ositos), como sentadas las bases para la entrega cómplice de los recursos ictícolas e hidrocarburíferos en el archipiélago. ¿Sólo del archipiélago? La Ley 24.184 de 1992 estableció el principio del Trato nacional y cláusula de la nación más favorecida (la negativa de Rosas a acceder a este último beneficio aceleró los planes británicos para la invasión de 1845), el régimen de indemnización por pérdidas y el sistema particular de solución de controversias entre un inversor y el Estado receptor (CIADI). El capitalismo británico había ganado la guerra.

LA DEMOCRACIA REAL Y LA MALVINIZACIÓN. Como mencionamos, la democracia real, trunca en 1955, acogotada entre 1973 y 1976, debió esperar tres décadas para su efectivo regreso después de 1983. Sólo así se explica que la Argentina del Bicentenario se proponga revisar el pasado, poniendo en el banquillo de los acusados a los violadores de los Derechos Humanos, derogando las leyes de la dictadura y de la democracia cómplice de los ’80 y ’90. Lo mismo vale cuando por decreto presidencial se crea un instituto para la revisión de la historia nacional, de donde la cuestión Malvinas constituye una pieza capital. Y finalmente, se comprende desde la desclasificación del Informe Rattenbach, el adiós al FMI, la estatización de las AFJP y Aerolíneas, hasta la cancelación en 2007 de los acuerdos petroleros firmados con el Reino Unido en 1995. La democracia real del país real terminó con la política de seducción hacia los kelpers y hacia la oligarquía doméstica; el “paraguas de soberanía” cerrado y abierto el de la soberanía económica; la usurpación petrolera y pesquera denunciadas y atacadas de forma progresiva. En fin, las grandes acciones nacionales y malvinizadoras bajo el ala de la democracia real. Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner iniciaron un nuevo camino, el de la recuperación de la soberanía popular, económica y territorial; la reconquista pacífica del patrimonio público y del terruño usurpado, pacífica sí pero consecuente e incondicionalmente, se trabaja codo a codo con América Latina, de pie, unida y soberana. Democracia real y malvinización.

CONCLUSIÓN, RECONOCIMIENTO Y DEDICATORIA. El Ciclo Malvinas. Tiempo de descolonización que hoy inauguramos, y que saldrá a la luz todos los sábados hasta el 23 de junio, cuenta con la inestimable participación de Juan Natalizio y la colaboración de Santiago Lozada. Nos proponemos recordar y analizar la cuestión Malvinas desde una óptica totalmente diferente a la habitual. Nos proponemos rescatar historias e historiografías, artículos y opiniones desconocidos, poco conocidos y, por qué no, deliberadamente censurados. Como señaló la presidenta, Malvinas trasciende ya a la República Argentina. Malvinas, Georgias, Sandwich, etcétera, hacen también a la seguridad nacional de la Unasur. Se trata de la mayor disputa territorial (geopolítica) del mundo planteada en el seno de la ONU, que además incide directamente sobre el Atlántico Sur, la Antártida, los estrechos de Magallanes y Drake. Geopolítica, asimismo, por los ingentes recursos hidrocarburíferos, pesqueros y acuíferos de la zona. Pero también es geoestrategia pura, puesto que la base militar de la OTAN en Malvinas no puede sostenerse sin las bases en las islas Ascensión y Santa Helena (frente a Recífe, Brasil) y viceversa. En conclusión, se podrá coincidir o no con lo aquí expresado, pero en tiempos de grandes revisiones y de revisionismos, en tiempos de batalla cultural, en tiempos de emancipación y unidad sudamericana, en tiempos de escalada global imperialista y colonialista, nadie –al menos no aquellos que coinciden en terminar de dar vuelta la página de la reacción, el atraso y la dependencia cultural, política y económica en el país y en la Patria Grande– nadie debería negarse a acceder a nuevas u olvidadas fuentes, a diferentes aportes y enfoques sobre tan compleja y vital cuestión. Porque los argentinos sabemos y muy bien, que si algo imponen los vencedores es justamente la historia. Y si los vencedores de Pavón impusieron una historia en la Argentina, los vencedores de la Guerra de Malvinas impusieron la suya propia, con la paradoja que –salvo honradas excepciones– es por la pluma de británicos y estadounidenses donde más y mejor se ha escrito sobre Malvinas desde el interés nacional.

Soy el único responsable de la orientación historiográfica, ideológica y política tanto de este como de los próximos 17 números. Mis convicciones no quedaron en versiones preliminares de este suplemento, ni en las puertas de Tiempo Argentino. Este suplemento, a la memoria de los Héroes de Malvinas, que lucharon con conciencia y bravura, no para defender una dictadura genocida sino para defender su suelo patrio del imperialismo invasor. Sus convicciones patriotas les permitieron enfrentar con valentía y determinación un enemigo ciento de veces más poderoso y preparado, que como justamente señaló el canciller Timerman semanas atrás, ya nos había invadido en 1806, 1807, 1833 y 1845.

Este suplemento, a la memoria de Néstor Kirchner, primer gran malvinizador de la democracia real, cuyas convicciones y patriotismo se le plantaron a la impunidad y al genocidio aquel histórico 24 de marzo de 2004; cuyas convicciones y patriotismo rechazaron al mismísimo imperialismo en Mar del Plata, a finales de 2005, luego de décadas de entrega y sumisión; cuyas convicciones y patriotismo, dos años después, pusieron fin a los términos de la rendición de la democracia neoliberal (cancelación de los contratos petroleros en Malvinas, contratos suscriptos entre el Menemato y el Reino Unido en 1995).

Por nuestros Héroes, por él, por el pueblo argentino, por una nueva historia sobre Malvinas escrita y pensada desde la democracia real, ahora más que nunca: ¡Memoria, Verdad y Justicia! ¡Memoria, Verdad y Soberanía!

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