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viernes, 8 de marzo de 2013

La Theōría como disposición espiritual

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Por Augusto Bleda

Los primeros pasos que ensayamos aquí no podrán ser sino arbitrarios, pero encierran, estamos seguros, una riqueza que se desentrañará con el paso del tiempo, con el esfuerzo continuado y la lectura atenta. No es otra la razón que nos empuja a avanzar aunque sea a tientas, en plena oscuridad y sin garantías. Abrimos la presente a todo tipo de críticas para continuar la elaboración y rectificación de estas mismas ideas en futuras publicaciones.

La hipótesis que trabajaremos respecto de las cuatro áreas temáticas de este sitio en sí mismas, es que, a nuestro entender, configuran, cada una, una particular disposición espiritual. A lo largo del tratamiento de las mismas daremos con más que conceptos. Y es que hay figuras, arquetipos bajo los cuales éstos aparecen en grados cada vez más complejos de interrelación orgánica. Este trabajo interpretativo tendrá, por tanto, el fin de desocultar la fuerza viva de la que se nutre El Frente, a través de sus secciones, que presentamos aquí como enfoques existenciales de su mismo organismo. ¿Qué otra forma de conocerse tiene uno mismo sino es a través de sus propias obras?. ¿Qué obra tiene más vida que la realización del propio espíritu?.

Como primera tentativa de aclarar nuestro concepto de la Theōría*, diremos que la entendemos, reiterándonos, como una particular disposición espiritual. Mediante la cual, en un movimiento hacia dentro, el espíritu se piensa a sí mismo en el terreno de las Ideas. Realiza así el alma en tanto posibilidad suya; y en tanto tiende a lo absoluto, busca reconocerse y concretarse a través del Sujeto como proyecto suyo. La Theōría conduce en última instancia al lugar donde se confunden lo universal y la subjetividad en una pura presencia pensante que prefigura lo absoluto. Y lo hace como negación del ahora contingente de la subjetividad, y a su vez, como afirmación de una superación proyectada.

Esto significa que la Theōría proyecta más allá de sí unas figuras, que le aparecen como objetivas y necesarias, y a las que tiende con todas sus fuerzas derramándose fuera de sí. Estas figuras son encarnación de verdad, entendida como coherencia ideal con la autarquía y la libertad de su propia concepción. Estas figuras exigen cumplimiento y por ende arrastran al espíritu por fuera del terreno propio de la Theōría. Pero este movimiento, por el cual la Theōría se muestra en continua interacción con otras disposiciones espirituales, merece ser mejor comprendido antes de progresar en él.

Mientras su simple opción por la autonomía a espaldas del mundo ya la vuelve sujeto histórico, es en el ejercicio contemplativo que le es propio donde la Theōría prefigura distintas configuraciones para la realización de lo absoluto. La contemplación aparece así como contracara de la pasividad, pues la verdad como experiencia interior implica la transformación del mundo. El mundo siempre es para quien lo mira. Precisando, el mundo es concebido por el espíritu siempre en función de un proyecto. Justamente la Theōría implica que el espíritu se da un proyecto en libertad. La libertad de nuestro espíritu, entonces, ejercida por si misma es transformadora, pues su puesta en acto desafía la necesidad del mundo, de lo dado, que sólo se reproduce a sí mismo. La Theōría en su operación pugna por una concepción del mundo que prefigure la actualización de las potencialidades encarnadas en el alma del sujeto. Esto la pone en tensión permanente con el mundo que se nos presenta a primera vista como la negación de todo sujeto, como un no-yo. Tal es así que teniendo en cuenta que la Theōría proyecta figuras como configuraciones para la realización del absoluto desde el plano de las Ideas, el espíritu debe necesariamente ir más allá de dicho plano. Debe hacer una revolución negando su negación, ese mundo que se le impone como una voluntad extraña, para poder realizarse en él o a pesar de él. Se hace necesaria por tanto una elevación de lo abstracto a lo concreto que nos empuja hacia la Tekhnē, esa particular disposición espiritual mediante la cual el espíritu se realiza fuera de sí a través de las cosas que concibe de acuerdo a su proyecto; y también hacia la Praxis, aquella otra disposición que asume como propia la dinámica de la vida misma, el devenir, a través de una acción sobre la cual no diremos más nada por el momento.

* Theōría es la transliteración de la palabra θεωρία, del idioma griego clásico. Damos uso al término transliterado para facilitar su comprensión a todo el público hispanoparlante y para referir, a su vez, al significado del término griego que nos parece más adecuado para la exposición que la palabra castellana "teoría", que se presta a confusión por sus usos corrientes. Theōría significa principalmente: visión, contemplación, especulación. Nosotros referimos al término, más ampliamente, como disposición espiritual teórica para acentuar que éste contemplar, es una de las facultades mediante las que el espíritu se dispone. Este uso del griego antiguo, tiene por fin sugerir una genealogía de los conceptos centrales de la filosofía para comprenderlos cabalmente.

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