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lunes, 8 de abril de 2013

La Práxis como disposición espiritual

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Por Augusto Bleda

Como primera tentativa de aclarar nuestro concepto de la Práxis, diremos que la entendemos como una particular disposición espiritual mediante la cual el espíritu (se) pone en acto o (se) interpreta (en los) hechos, (en) la vida misma en su fluir. Lo hace desde, y en, un determinado momento y lugar histórico. Desde una comunidad y una época dadas.

Esta disposición espiritual práctica, tiene un origen irreflexivo en la más rudimentaria experiencia vital. Son marcos de desarrollo suyos, aunque en grado creciente de complejidad la familia, la comunidad nacional, y el destino político-espiritual de una época. Pero a diferencia del mero movimiento reflejo de las masas, la Práxis, es decir, la acción consciente de un sujeto histórico (sea éste un individuo, o un pueblo) tiene por fin afirmarse ella misma en tanto manifestación histórica de la verdad del Absoluto, entendida como coherencia fáctica de nuestro reconocimiento teórico del mismo. La Práxis es la única vía para la manifestación del universal concreto. Su actuar es expansivo y modélico, no tiene como fin reificar un determinado tipo de institución, sino obedecer en los hechos a la verdad. Este es su bien, no el bien de todos. Son muchos los que aspiran a la renuncia de la verdad en el nombre del bien. La Práxis tematiza y aspira al mencionado bien propio y al común en tanto sea parte del suyo, para la realización del absoluto en formas orgánicas que espejen las figuras ideales proyectadas por la Theōría. Lo estrictamente universal, en su aspecto figurativo, siempre permanece ideal, configurando la Práxis y regulando sus medios y fines, en permanente interacción con ella.

A través de la Práxis el espíritu actúa respecto de la moral (que impone deberes, y prescribe fines al individuo) y de la política (que impone deberes, y prescribe fines a la comunidad). Moral y política están insertas en el espíritu de una cultura y una época determinada que responde a las vicisitudes de la historia en tanto devenir orgánico de la lucha por la vida.

El mundo para la Práxis se configura de vuelta como límite (no solo para ella misma sino también para las otras disposiciones espirituales). Pero el espíritu actuante, por su disposición práctica, se propone desafiar todo obstáculo mediante la razón persuasiva (dentro de la comunidad) o la fuerza (fuera de la comunidad). Puede hablarse de comunidad hasta tanto exista una unidad frente a las amenazas externas donde la lucha por el poder se canalice en formas institucionales que supongan que el bien del todo está por sobre el bien de las partes. Cuando la unidad se rompe, o cuando una unidad política entra en guerra con otra la Práxis deja lugar a la Stratēgía. La razón de porqué no incluimos esta última dentro de la Práxis se deriva estrictamente del escenario de guerra total contemporáneo, que ha excedido por mucho los mecanismos políticos de una mera lucha por el poder, y a su vez el plano específico de la guerra, para considerarlo todo un factor más del combate por el dominio. Los problemas específicos de la Stratēgía serán tratados con mayor profundidad en otro apartado. Por ahora basta con señalar que mientras la Práxis tiene su fin en si misma, la Stratēgía abarca el conocimiento y la destreza de los medios por los cuales puede una comunidad puede mantenerse en forma para sobrevivir en nuestra época.
         
Práxis es una transliteración de la palabra πρξις del griego antiguo, así como Stratēgía lo es de στρατηγία. Las razones de estos usos ya han sido expuestas en "La Theōría como disposición espiritual".

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