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sábado, 10 de agosto de 2013

La vida de Heráclito por Diógenes Laercio

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Presentamos íntegra una de las fuentes más importantes para el estudio de Heráclito, la Vida de Diógenes Laercio (s. III d.c.), quien a partir de citas textuales construye anécdotas que retratan de modo vivaz la personalidad del efesio.
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Por Diógenes Laercio

~  IX. Heráclito (acmé 500 a. C.)  ~

1. Heráclito de Éfeso fue hijo de Blosón o, según algunos, de Heraconte. Tuvo su momento de plenitud en la Olimpiada sesenta y nueve (1). Fue, más allá que cualquier otro, altanero y despectivo, como se ve incluso por su propio libro, en el que dice: «La erudición no enseña a tener entendimiento. Pues, en ese caso, se lo habría enseñado a Hesíodo y a Pitágoras, y también a Jenófanes y a Hecateo» (2). Pues consiste en «una sola cosa la sabiduría: conocer el designio que lo gobierna todo a través de todo» (3). Y comentaba que Homero merecía ser expulsado de los certámenes y apaleado, y de igual modo Arquíloco (4).

2. Decía también que «es preciso extinguir la desmesura más que un incendio» (5), y que «debe el pueblo combatir en defensa de la ley como en defensa de la muralla» (6). Recrimina además a los efesios por haber desterrado a su camarada Hermodoro, cuando dice: «Sería justo que todos los efesios adultos se ahorcaran y dejaran la ciudad a los impúberes, ellos que expulsaron a un hombre más valioso que los demás, Hermodoro, diciendo: ninguno ha de ser muy valioso entre nosotros. Si hay alguien así, a otra parte y con otros váyase» (7). Al ser elegido para establecer leyes para sus conciudadanos, rehusó por estar ya regida la ciudad por un régimen depravado

3. Retirándose al templo de Ártemis, jugaba a las tabas con los niños. Como le rodeaban en corro los efesios les dijo: «¿De qué os sorprendéis, gente ruin? ¿Acaso no es mejor hacer esto que gobernar la ciudad en vuestra compañía?». Y al final volviéndose misántropo y apartándose a los montes, allí vivía, alimentándose de hierbas y verduras. Sin embargo, por este modo de vida, enfermó de hidropesía y regresó a la ciudad, donde comenzó a preguntar enigmáticamente a los médicos si podían obtener sequedad a partir de un exceso de agua. Como ellos no le comprendieron, se enterró en un establo de bueyes, con la esperanza de que bajo el calor animal de las boñigas se evaporaría la humedad de su cuerpo. Pero sin conseguir nada tampoco por este medio, murió tras vivir sesenta años.

 
~  Richard Strauss - Ein Heldenleben, por G. Prêtre y la Filarmónica de Viena ~

4. Tengo sobre él unos versos que dicen así:

Muchas veces de Heráclito me admiró cómo, tras apurar el sentido de la vida, con triste sino, así muriera. Pues una penosa enfermedad inundó su cuerpo de agua, extinguió la luz de sus ojos y le aportó la sombra (8).

Hermipo cuenta que él preguntó a los médicos si alguno podría extraer la humedad vaciándole las tripas. Y como ellos dijeron que no, se tendió al sol y ordenó a sus esclavos que le taparan con un montón de estiércol. Así se quedó tumbado y murió al segundo día y fue enterrado en el ágora. Neantes de Cícico, en cambio, cuenta que, no pudiendo despegar de él las boñigas, quedó bajo ellas y, como no se le pudo reconocer a causa de tal transformación, fue devorado por los perros.

5. Fue extraordinario desde su infancia. Cuando era joven afirmaba no saber nada; pero al hacerse adulto, que lo sabía todo. No fue discípulo de nadie; sino que dijo que se había buscado a sí mismo y de sí mismo lo había aprendido todo (9). Soción cuenta que algunos han afirmado que fue alumno de Jenófanes. Y Aristón en su Acerca de Heráclito dice que incluso se curó de la hidropesía, y murió de otra enfermedad. Lo mismo refiere también Hipóboto. El libro que se le atribuye es, según su contenido, un Acerca de la naturaleza, y está dividido en tres tratados: uno sobre el universo, otro político y otro teológico.

6. Lo depositó en el santuario de Ártemis, según algunos, habiéndose cuidado de escribirlo en un estilo bastante oscuro, para que sólo los capaces lo hallaran accesible y no fuera despreciado fácilmente por el vulgo. A él alude también Timón, cuando dice:

Entre ellos, plañidero, denostador de la plebe, Heráclito, enigmático, levantóse (10).

Teofrasto dice que, por su melancolía, escribió unas cosas incompletas, y otras con varias contradicciones. Como muestra de su magnanimidad cuenta Antístenes en sus Tradiciones que le cedió los derechos al trono real a su hermano. Tan gran fama alcanzó su obra que de ella surgieron sus seguidores, los denominados heraclíteos.

7. Sus opiniones de carácter general son éstas: que a partir del fuego se conforman todas las cosas y que en él se resuelven. Todo sucede según el destino y por la concurrencia de los contrarios se ensamblan los seres. Y todo está lleno de espíritus y de dáimones. Ha escrito también acerca de todos los fenómenos que coexisten en el cosmos, y que el sol es del tamaño que se ve. También dice: «Yendo a los límites del alma no podrás descubrirlos, por más que recorras todo camino; tan profunda razón tiene» (11). De la opinión decía que era una «enfermedad sagrada» (epilepsia), y de la vista que es engañosa (12). Algunas veces se expresa en su escrito de modo brillante y claro, de forma que incluso el más torpe lo comprende con facilidad y consigue elevar su espíritu. La concisión y la densidad de su exposición son algo incomparables.

8. En cuanto a sus opiniones particulares sobre los principios básicos, son del siguiente tenor: el fuego es el elemento primordial y todas las cosas son un cambio del fuego, surgiendo por rarefacción y condensación. Pero claramente no explica nada. Todas las cosas surgen por oposición y fluyen en el conjunto a modo de un río, el todo es limitado y constituye un único cosmos. Éste se origina en el fuego y de nuevo se consume por el fuego alternadamente, según ciertos períodos fijados para toda la eternidad. Esto acaece de acuerdo con una fatal necesidad. En los contrarios lo que les lleva al nacimiento lo llama guerra y discordia, y lo que los conduce a la conflagración, concordia y paz; y la transformación es un camino hacia arriba y hacia abajo, y el cosmos existe conforme a este proceso.

9. Pues al condensarse el fuego acaba por humedecerse y, al concentrarse, se vuelve agua; y al solidificarse el agua se vuelve tierra. Y éste es el camino hacia abajo. De nuevo, en sentido contrario, la tierra se desparrama, de ella nace el agua, y de ésta las demás cosas, concluyendo más o menos todas en la evaporación del mar. Éste es el camino hacia arriba. Se originan exhalaciones de la tierra y del mar, las unas, brillantes y puras, las otras, tenebrosas. Se aumenta el fuego con las brillantes, y lo húmedo con las otras. En cuanto a lo envolvente, no explica cómo es. Sin embargo, existen en ese espacio unas artesas con la parte cóncava dirigida hacia nosotros, en las que se congregan esas exhalaciones brillantes y forman unas llamas, que son los astros.

10. La llama más brillante y más cálida es la del sol. Los demás astros están más distantes de la tierra, y por eso brillan menos y dan menos calor, mientras que la luna, que está más próxima a la tierra, no se mueve a través de un espacio puro. El sol, en cambio, se mueve en un espacio luminoso y límpido y mantiene con respecto a nosotros una distancia proporcionada; por lo tanto calienta e ilumina más. El sol y la luna se eclipsan cuando las artesas se dan la vuelta hacia arriba. Las fases mensuales de la luna se originan en los giros parciales de la artesa sobre sí misma. El día y la noche, los meses y las estaciones, las lluvias anuales y los vientos y los fenómenos por el estilo se producen de acuerdo con las varias exhalaciones.

11. La brillante exhalación inflamada en el círculo del sol produce el día, y cuando domina la exhalación contraria se presenta la noche. Y el calor que se aumenta con lo brillante da lugar al verano, y lo húmedo, fortalecido con lo tenebroso, produce el invierno. Consecuentemente con éstas da explicaciones sobre las causas de otros fenómenos. Pero nada expone sobre la tierra en cuanto a cómo es, ni tampoco acerca de las artesas. En fin, éstas son sus opiniones. Lo de Sócrates y lo que dijo al leer su libro, cuando se lo llevó Eurípides, según lo refiere Aristón, lo hemos contado en la vida de Sócrates (13).

12. No obstante Seleuco el gramático dice que un tal Crotón relata en su Buzo que cierto Crates fue el primero que trajo a Grecia su libro; y que éste comentó que necesitaba un buzo de Délos el que no quisiera ahogarse en él. Lo titulan algunos Musas, otros Acerca de la Naturaleza, Diódoto Gobernalle preciso para regla de la vida (14), otros Guía de conducta, Ordenación única del movimiento universal. Cuentan que, cuando le preguntaron por qué callaba, contestó: «Para que vosotros charléis». Incluso Darío deseó comunicarse con él y le escribió de este modo:

13. El Rey Darío, hijo de Histaspes, envía sus saludos a Heráclito, sabio ciudadano de Éfeso: «Has publicado un tratado Acerca de la naturaleza difícil de comprender y de explicar. Al interpretarlo en algunos pasajes de acuerdo con tu estilo expositivo, se advierte que contiene una base teórica para explicar el universo entero y los sucesos que acaecen en el mismo, que se deben a un movimiento divino. Pero en la mayoría de temas me encuentro sin entenderlo porque hasta los más enterados en literatura se desconciertan acerca de la interpretación correcta de lo que tú has escrito. Por tanto el rey Darío, hijo de Histaspes, quiere participar de tu enseñanza, y de la educación helénica. Con que acude rápidamente a mi presencia y al palacio real.  14. Porque los griegos por lo general no saben distinguir a los sabios y descuidan los buenos consejos de éstos para una enseñanza y formación auténticas. Junto a mí tendrás todos los honores, y una conversación cotidiana amable y atenta y una conducta noble de acuerdo con tus preceptos».

Heráclito de Éfeso al rey Darío, hijo de Histaspes, salud: «Todos los que viven sobre la tierra se apartan de la verdad y de la justicia, y a causa de su miserable inconsciencia se aprestan a la codicia y al deseo de fama. Pero yo, que no guardo memoria de cualquier villanía, y que evito la propiedad excesiva de cualquier cosa, que va unida a la envidia, por despreciar además el boato, no quiero acudir a la región de Persia, contentándome con poco, conforme a mi sentir personal».

Así era el hombre incluso ante un rey.

15. Demetrio cuenta en sus Homónimos que despreciaba a los atenienses, aunque entre ellos tenía una elevadísima reputación, y aunque era menospreciado por los efesios, prefería vivir en su patria. Lo menciona también Demetrio de Falero en su Apología de Sócrates. Son numerosísimos los comentadores de su obra. Entre ellos figuran Antístenes y Heraclides del Ponto, Oleantes y Esfero el estoico, y además Pausanías el llamado Heraclíteo, Nicomedes y Dionisio. Y entre los gramáticos Diódoto, quien afirma que su obra no trata de la naturaleza, sino de la constitución de la sociedad, y que las cuestiones sobre la naturaleza se exponen a modo de ejemplo.

16. Jerónimo cuenta que Escitino el poeta yámbico intentó poner el escrito de Heráclito en verso. Hay muchos epigramas a él. Entre ellos el siguiente:

Yo soy Heráclito. ¿Por qué me traéis arriba y abajo, indoctos?. No me esforcé por vosotros, sino por los que me entienden. Un solo hombre vale por treinta mil para mí, e incontables equivalen a nadie. Esto sostengo en alta voz incluso en el reino de Perséfone (15).

Y este otro por el estilo:

No enrolles presuroso sobre tu ombligo el libro de Heráclito de Éfeso. En verdad es un sendero de muy arduo acceso. Hay oscuridad y tiniebla sin luz. Pero si algún iniciado te introduce, será más luminoso que el sol resplandeciente (16).

17. Hubo cinco Heráclitos. El primero, este mismo. El segundo, un poeta lírico, del que se conserva un Encomio de los doce dioses. El tercero, un poeta elegiaco de Halicarnaso, para el que Calimaco compuso este epigrama:

Me contó uno, Heráclito, tu muerte, y me indujo al llanto; recordé cuántas veces ambos vimos en nuestras charlas ponerse el sol. Ahora tú, amigo de Halicarnaso, eres desde hace tiempo polvo. Pero viven tus ruiseñores, sobre los que Hades, el que todo lo arrebata, no alargará la mano (17).

El cuarto, un lesbio, que escribió una historia de Mácedonia. El quinto, un autor burlesco, que había trocado el arte de la citarodia por ese género de literatura.

1. 504-501 a.C.
2. Frag. 22 B 40 Diels-Kranz.
3. Frag. 22 B 41 Diels-Kranz.
4. Frag. 22 B 42 Diels-Kranz.
5. Frag. 22 B 43 Diels-Kranz.
6. Frag. 22 B 44 Diels-Kranz
7. Frag. 22 B 121 Diels-Kranz.
8. Ant. Pal. Vil 127.
9. Frag. 22 B 101 Diels-Kranz.
10. Frag. 43 Diels.
11. Frag. 22 B45 Dieis-Kranz.
12. Frag. 22 B 46 Diels-Kranz.
13. 1122.
14. Frag. Adesp. 287 Nauck.
15. Ant. Pal, V II128.
16. Ant. Pal IX 540.
17. Ant. Pal. VII80; Epigramas, 2 Pfeiffer.


* Diógenes Laercio. Vida de los filósofos ilustres. Alianza Editorial. Madrid. 2007. Págs. 457-464.

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