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martes, 28 de enero de 2014

El capital monopólico ha tomado la iniciativa

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Por Osvaldo Calello

Finalmente el gobierno hizo lo que prometió que no iba a hacer. Terminó cediendo a la presión de los grupos exportadores y el capital monopólico y convalidó un aumento en la paridad del dólar que en la última semana llegó al 20,5 %, y que en 12 meses alcanzó al 60 %, equivalente a una devaluación del peso del 37,5 %. A este resultado arribó luego de que en 2013 el Banco Central perdiera 12.700 millones de dólares de sus reservas, pérdida que sumó más de 22.000 millones en los últimos tres años, equivalente a una caída de más del 40 %.

A una paridad de 8 pesos el gobierno cree que “el precio del dólar ha alcanzado un nivel de convergencia aceptable” y que, en consecuencia, los grupos exportadores liquidarán operaciones, y los importadores dejarán de anticipar compras para hacer la diferencia con un dólar barato. La explicación que formulan algunos sectores del kirchnerismo es típica de una cerrada actitud seguidista, que prescinde de toda reflexión crítica sobre la gravedad de la situación. En palabras de Luis D’Elía: “Una cosa es la devaluación por decreto que proponía Massa, hecha desde el Estado, y otra que el mercado genere una devaluación y que sea el gobierno el que le ponga un límite. Muchos analistas de la oposición decían que los precios ya expresaban un dólar de 8 pesos, así que no debería haber un aumento de la inflación”.

Lo cierto es que los acontecimientos de las últimas semanas indicaron algo bien diferente. La inflación ha escapado de control en diciembre, adelantándose al acuerdo de precios y seguirá su curso tras la devaluación del peso. Lo grave de este cuadro es que la escalada del dólar es parte de un ajuste en marcha cuyas manifestaciones han sido el aumento de las tarifas del transporte público en el área metropolitana, la suba de las naftas, los planes postergados de quita de subsidios al gas y la electricidad domiciliarios y el anuncio de un pronunciado incremento de la tasa de interés.



El gobierno ha terminado aplicando la solución que le impusieron los “mercados”, simplemente porque no controla el flujo de divisas. Hay que tener presente que el 50 % del total de lo que el país exporta es realizado por un puñado de grandes pulpos comerciales, que son los que gravitan decisivamente sobre la oferta de divisas. Esta burguesía intermediaria, junto con la banca extranjera, constituye el poder dominante en los negocios del comercio exterior. Sobre el grado de concentración de este mercado conviene tener presente una estadística correspondiente a 2011: el 85 % del total de exportaciones argentinas fue realizado por 273 grandes corporaciones; concentración que llega al 45 % si se computan los despachos de las 25 mayores firmas de ese grupo. De esas 25, casi la mitad (12) comercializan granos, oleaginosas y derivados, renglón dominado ampliamente por las multinacionales, a tal punto que en 2012, Cargill, ADM, Toepfer, Dreyfus y Bunge colocaron en el mercado internacional el 56 % de la producción granaria local.

Del mismo modo que el capital monopólico controla el proceso de formación de los precios, las multinacionales que operan en el comercio exterior y en el negocio bancario controlan el movimiento de divisas y, en consecuencia, gravitan decisivamente sobre la paridad cambiaria, por lo que los llamados “golpe de mercado” suelen llevar consigo el nombre y apellido de sus ejecutores.

El kirchnerismo no ha revertido el grado de concentración del capital que se aceleró en los años 90’. Por el contrario, en los diez años de la “década ganada” esa concentración se acentuó aún más: en 1990 el 28 % de las mayores 200 empresas que más facturaban eran de capital extranjero y sus ventas representaban el 23 % del total que correspondía a ese grupo; en 2001 el porcentaje de las corporaciones foráneas había subido al 46 % y su facturación al 55 %; finalmente, en 2010, 115 multinacionales (57,5 %) de las 200 compañías más poderosas, controlaban el 60 % de las ventas de esa cúpula empresaria.[1]

Esta tendencia a la concentración y extranjerización del capital es sintomática del desenvolvimiento de un patrón de acumulación cuyos resortes fundamentales, establecidos tras la contrarrevolución del 76’ y, especialmente, en los años 90’, no han sido removidos por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

El kirchnerismo surgió tras el agotamiento y la crisis del modelo constituido en torno al negocio financiero y el capital extranjero invertido en las empresas públicas privatizadas, y se afirmó inicialmente en un programa de sesgo desarrollista sostenido por los grupos exportadores y la gran burguesía industrial, y respaldado por la burocracia sindical con consentimiento de la mayor parte de la clase trabajadora. Sin embargo, el cambio de rumbo no significó en modo alguno un cuestionamiento al dominio del capital extranjero. En todo caso el capital financiero fue desplazado del centro de gravedad de las decisiones políticas, pero no de los grandes negocios ya que siguió registrando fuertes ganancias, y su lugar fue ocupado por el capital cuya reproducción depende del proceso productivo. En consecuencia, a pesar del discurso anti-neoliberal, persisten significativamente mecanismos de continuidad como, por ejemplo, la legislación financiera dictada por Martínez de Hoz o la Ley de Inversiones Extranjeras 21.382 de la época de la dictadura.

Sin embargo, la quiebra de la estructura de la dependencia semicolonial exige medidas de profundidad radical, en primer lugar la estatización del comercio exterior y de la banca extranjera, de modo de recuperar el control sobre el patrón de acumulación y echar las bases de una planificación democrática de la economía. Un corte de este tipo respecto del viejo statu quo, es lo que establece una diferencia irreductible entre un programa de contenido nacional-popular, y el progresismo de clase media, a través del cual una política de reformas democráticas parciales, se desenvuelve sin alterar las correlaciones de clase sobre las que gira el capitalismo argentino, sumergido en el atraso y la dependencia.

NOTAS:
1 - Martín Schorr. “Proyecto nacional” y extranjerización: discursos y procesos estructurales en la Argentina actual. http://www.agenciacta.org/spip.php?article11068

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