Bienvenidos al Frente Negro

miércoles, 29 de enero de 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (1)

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Por Jaume Farrerons

- Primera parte -
- Esquema básico -

¿Extrema derecha? Sí. A pesar de los repetidos y hegemónicos discursos según los cuales la "ultra" tiene un carácter residual, minoritario, extravagante y poco menos que enfermizo, en realidad la extrema derecha es la fuerza política que -con escasas resistencias- gobierna el hemisferio occidental todo

Ahora bien: ¿de qué extrema derecha estamos hablando? Ésa es la cuestión. Las distintas ultras forman un conjunto de suma cero, o sea, cuyos elementos sólo pueden co-existir excluyéndose mutuamente y, a la postre, suprimiéndose a sí mismos. Cada miembro del conjunto entraña un rasgo característico de negación de todos los demás. Si el conjunto fuera (a, b, c), la definición de (a) sería (no-b, no-c); la definición de (b), (no-a, no-c) y la definición de (c), (no-a, no-b). 

Nuestra tesis es que (a), (b) y (c) se definen también respectivamente como (no-a), (no-b), (no-c). Es la comunión o la comunidad eclesial en Cristo de todos los ultraderechistas conservadores. Veámoslo.  

Por supuesto, el conjunto (C) cuenta con cientos de elementos (e), no únicamente tres, pero la formulación de los mismos se basaría en el mismo "modelo". La impotencia de la oposición nacional a la oligarquía mundial pasa por la reducción arbitraria de los nacionalismos a racismos y ultraderechismos de suma cero. 

Y, sin embargo, hay una extrema derecha que "gobierna". ¿Cómo puede hablarse entonces de suma cero? ¿No tenemos un saldo positivo de poder en provecho, precisamente, de los dominadores? ¿Cuál es la explicación de este misterio, es decir, el "misterio del fascismo"?

La extrema derecha imperante (s=sionismo) es "(anti)fascista", entre otras cuestiones harto complejas, porque el elemento (s), como cualesquiera otros de C, se define por la negación uno a uno de todos los elementos del conjunto que a su vez (antisemitismo) la niegan. La sinergia -recíprocamente anulada- de las ultraderechas del planeta y por ende de la gentilidad (g), aquello que se entiende despectivamente -en la política, los medios de comunicación y el "mundo de la cultura" oficiales- por "extrema derecha" (=fascismo, nazismo, antisemitismo = el mal absoluto), redúcese, en una palabra, a "lo mismo" que el poder oligárquico. 

!Tal es la sorpresa con que tópase uno al ahondar en los resortes básicos de las ideologías ultraderechistas "gentiles"! 

"Cristo vence", insignia de la ultra-derecha,
(Foto y pie cargo de El Frente)

La ultraderecha como negación de la nación


La comprensión de dicho fenómeno pasa de forma necesaria por la caracterización doctrinal e histórica del cristianismo, religión universalista de procedencia judaica que promueve a un dios extranjero para regir "las naciones".

Así, cada elemento (e), excepto uno, (s) (=sionismo), no sólo es negación de los demás, sino, también, negación de sí mismo. Aquél, (s), deviene hegemónico porque, frente al resto, se (auto)afirma en su propia identidad sin ningún tipo de paliativos. Vocifera: "somos el pueblo elegido". 

El misterio del (anti)fascismo entraña la unidad dialéctica de esta dicotomía (fascismo y antifascismo) que posibilita el dominio de todas las naciones "gentiles" desde dentro a partir de su propia afirmación y autosupresión simultáneas en un conjunto de suma cero.

Porque al "afirmarse", las ultraderechas gentiles afirman a la par a "Jesús" y a la iglesia de Saulo de Tarso, es decir, afirman su propia negación en tanto que naciones

El concepto "extrema derecha" (="fascismo") ha sido acuñado por una -y muy singular- de las ultraderechas, precisamente la imperante -que nunca aparece (des)calificada en cuanto tal: se habla de ultraortodoxos, no de "extrema derecha judía", contradictio in adjectio dentro del código simbólico de la jerigonza oligárquica-, a efectos de neutralizar, estigmatizar y doblegar hasta la disolución voluntaria las naciones de la gentilidad, cortocircuitadas en el bucle lógico denominado "antisemitismo cristiano"; las "contradicciones" y "negaciones" representan para aquélla y a día de hoy las ultraderechas de esas mismas naciones (gentiles) negadas, las cuales, a su vez, e insisto en subrayarlo, lo son doblemente: respecto de sí mismas (como creyentes en un dios judío, ergo extranjero) y respecto de las demás (como remedos del "pueblo elegido"). 

Conviene no olvidar este último punto, clave de todo el asunto. 

Las ultraderechas no pueden aliarse contra el "enemigo común de los pueblos" porque reproducen entre ellas las pautas racistas y supremacistas inherentes a la idea de un pueblo elegido. El caso del nazismo es aleccionador: el fracaso del Tercer Reich se resume en su incapacidad para tratar en pie de igualdad y con dignidad de naciones al resto de los pueblos de Europa. La política de Alemania con los ucranianos decide el destino de la Segunda Guerra Mundial. Un racista cristiano, Erik Koch, hace más en favor de la causa "aliada" que la totalidad del ejército rojo subvencionado por Wall Street. La derrota alemana es política antes que militar. Un fracaso ideológico

Las ultraderechas no pueden tampoco, una a una, combatir el sionismo de frente, porque adoran a un dios inmigrante que sirve al enemigo y, en última instancia, se han maldecido y abortado ad ovo como naciones en el acto mismo de constituir su identidad nacional. Véase los Estados Unidos, arquetipo de la pseudo nación "cristiano-gentil" sin otro imaginario sustentador que la Biblia. Pero también España, esclava de la catolicidad. La "autosupresión" de la nación en la "comunión eclesiástica" opera desde el seno del discurso ontoteológico monoteísta y no hace otra cosa que afirmar sus valores (connotaciones) fundamentales. El islamismo radical sería el ejemplo actual más instructivo de religión judaica antisemita. El musulmán lucha contra Israel para afirmar a Yahvé -el dios de Abraham- y ésta es la mayor victoria espiritual de la extrema derecha oligárquica, ante la cual las ultraderechas "gentiles" nativistas deambulan completamente ciegas, confusas, refutadas y derrotadas de antemano

"Algo igualmente, de mayor trascendencia, si cabe, y posiblemente más desastroso por sus consecuencias a lo largo de la historia occidental, es la idea de la guerra santa. La idea de un dios que lucha en favor de su pueblo contra sus enemigos proviene del período más primitivo de la historia de Israel, y ha dado pie con su influencia sobre judíos, cristianos y musulmanes para legitimar diversos movimientos de violencia internacional, intercultural e interreligiosa hasta la actualidad". (Trevor Ling, Las grandes religiones de oriente y occidente, t. I., Madrid, Itsmo, 1972, p. 46).

La ultra sionista, en cambio, no se niega a sí misma; no adora a un dios-otro, sino a la nación judía como tal. Yahvé significa, efectivamente, la judeidad personificada. El nos-otros = nosotros absoluto. ¿Por qué los presuntos "patriotas" americanos, alemanes, franceses, ingleses, españoles..., póstranse empero ante la encarnación -Cristo- de una patria extranjera, declaradamente supremacista y hostil?

Milton  Friedman :  la   máquina 
financiera de exterminar naciones.

La impostura neoliberal


De ahí también la aparente duplicidad alevosa -y estructuralmente mendaz- de la ideología oligárquica

*por delante liberalismo, derechos humanos, democracia, progresismo, antifascismo, relato de la Shoah, racionalidad, cientificidad, etcétera;

*por detrás, ultranacionalismo (sionista), racismo, supremacismo, colonialismo, genocidio, capitalismo, liberticidio, manipulación y oscurantismo religioso.

La unidad de "fascismo" y "antifascismo", (anti)fascismo, esencia del dispositivo de dominación sionista, no es ninguna abstracción filosófica, sino la fórmula que resume el corazón batiente de la realidad histórica contemporánea desde 1945. 


El elemento (s) no forma, pues, parte de C sino como negación del conjunto C en bloque. Es una pertenencia "dialéctica". El (s) se define en términos de la ideología "antifascista", léase: como (no-C). No se incluye, perteneciéndole en el sentido más radical, dentro del conjunto "extrema derecha". Mejor dicho: el elemento (s) entra y sale del conjunto C según sea (s) en la perspectiva emic o (s) en la evidencia racional (perspectiva etic) el criterio que defina la situación. El predominio de la versión etnocéntrica frente a la verdadera y científicamente documentable forma parte de los atributos de la dominación. El lenguaje oligárquico es un discurso emic (tribal) convalidado de facto como discurso etic (con validez universal). Y quien cuestione la "verdad" obligatoria, impuesta por ley, va a la cárcel o como poco padecerá el ostracismo laboral, político y social. 

Se equivocan quienes piensen que esta formulación pretende presentarse con el rango académico de una teoría. Intentamos una metáfora matemática, con fines propedéuticos, para interpretar la hegemonía de la ultraderecha en un mundo donde ese mismo vocablo tiene un significado peyorativo, cuando no infamante. ¿Cómo se explica así la impunidad del sionismo, conceptuado en el molde del "progreso", el "desarrollo", el "humanismo", etcétera?
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Las naciones permanecen atrapadas en la telaraña de sus respectivas ultraderechas cristianas. La derecha patriótica se niega a sí misma, y con ella a la nación "gentil" del caso, en "su" dios hebraico

La izquierda marxista, por su parte, es cristianismo secularizado y, por ende, a-nacional. El internacionalismo progresista articula el último estadio -"laico"- de la catolicidad (del griego katholon = universal).

¿Quién, pues, encarna a la nación gentil, al pueblo, a las gentes? Nadie. Las naciones han quedado huérfanas y a merced del dios de Israel. A un lado y otro del espectro domina Sión. O Esdras o los profetas. O Cristo (derecha) o Marx (izquierda)

Las naciones (gentiles) no pueden afirmar su soberanía y particularidad irreductible, si lo hacen son acusadas de "fascistas" (=anticristo). La población ha interiorizado esa jerga presuntamente "humanitaria": el estigma de "racista", "nazi", etcétera, aplícase así a cualquier signo que identifique la comunidad nacional como valor supremo, por encima del "hombre" (=el judío dios, léase: la "persona" sujeto de derechos, el individuo). Las identidades nacionales fueron envenenadas desde la raíz por una fe milenaria que colonizó las almas europeas y occidentales hasta disolverlas en el individualismo cosmopolita del "yo inmortal". La comunidad nacional resultó traicionada y abandonada a cambio de una fábula indecente: la vida eterna del "ego"

Excepto Israel. Porque Israel, en este aspecto básico, sí es realmente un pueblo. E "inmortal" en calidad de pueblo (no de individuo); Israel se autoafirma como tal en la nación y en el estado (Estado de Israel); incluidos aquí no sólo la lengua y la cultura, sino nada menos que los genes, la herencia, la sangre, es decir, aquello que fuera rigurosamente prohibido a todos los "pueblos", "naciones" y "estados" del hemisferio "cristiano" (katholon). La iglesia es la comunión genocida sustitutoria de la comunidad nacional pagana originaria, el "pueblo de dios" que, por encima de las naciones, favorece la "hermandad" (=mestizaje) entre unos individuos-masa atomizados, aislados, egoístas, obsesionados sólo con la idea de su "salvación"... El mercado mundial neoliberal consuma, en la modernidad y con una vida centrada en el negocio privado, un proyecto (que no un plan o "conspiración") iniciado milenios atrás por Saulo de Tarso. Mientras tanto, Tel Aviv mantiene vigente el ius sanguinis

Filosofía: la tradición 

europea enterrada bajo el
imaginario bíblico.

Tareas de la filosofía crítica


FILOSOFÍA CRÍTICA, en esta nueva singladura a que nos obliga en España la ley Gallardón, pretende esbozar los fundamentos teóricos de la lucha contra la oligarquía occidental. 

Es ésta, sin embargo, una resistencia de las naciones contra la extrema derecha. No puede apoyarse, para tal singular combate, en el tipo de conceptos que tanto la propia oligarquía cuanto sus presuntos adversarios (las ultraderechas no-sionistas) abrigan, abierta o encubiertamente, a fin de interpretar el universo y la historia de acuerdo con los letales intereses de Yahvé.

La extrema derecha, el racismo, la ultra católica y todo aquello que se ha presentado hasta ahora como "patriotismo radical", es para nosotros -en el mejor de los casos- quincalla ideológica y el principal obstáculo para articular una defensa de la nación coherente y eficaz. 

FILOSOFÍA CRÍTICA tampoco puede, por otro lado, caer en la trampa que le tiende el discurso liberal-progresista, forjado para desarmar moralmente a las naciones gentiles frente a un mundialismo apátrida que es en verdad el rostro maquillado e invertido del más horrendo racismo exterminador. Condenamos por principio la retórica con que preténdese criminalizar como tales los nacionalismos (osen o no "rivalizar" con las ínfulas seculares del "pueblo elegido") en nombre de presuntos "derechos del individuo" y ficciones liberales o ácratas similares. El pueblo es la nación, una comunidad, los "ciudadanos" pertenecen ya al universo cristiano-burgués de la society capitalista

En consecuencia, aunque debemos, por imperativo legal, acatar el código penal español, nuestra condena del racismo, del supremacismo, del colonialismo y de los demás elementos ideológicos tácitos (u ocultos) de las extremas derechas (oligárquicas o antioligárquicas) no responde, ni puede honestamente responder, a una reivindicación de los mitos modernos (y aquí Heidegger) con que la ultra yanqui-sionista va disolviendo las identidades nacionales a escala planetaria. 

El olvido de la pregunta que

interroga por el ser.

Por una izquierda nacional


Entendemos que, en efecto, debe de poder combatirse dicho proyecto racista/universalista occidental, pero jamás desde posiciones ultras no-sionistas u "opuestas" (¿?) posiciones mundialistas y anti-identitarias; sino sólo desde la trinchera de una extrema izquierda nacional o nacional-revolucionaria, que será nuestra tarea delimitar. 

El identitarismo es -en efecto- extrema izquierda nacional y socialista o no es nada. Hay que apostatar para recuperar la patria enterrada bajo siglos de aculturación etnicida judeocristiana. La extrema izquierda marxista no tiene ni la más remota idea de lo que significa una o-posición racional, laica, griega... En realidad esta "extrema izquierda" (internacionalista, cósmica) es únicamente uno de los brazos del gran pulpo mundialista con sede (mental) en Hollywood. 

Estamos, pues, de camino por otra senda que aspira a la libertad y dignidad de los pueblos, la cual comporta el rechazo de la opresión oligárquica, pero, a la par, de cualquier otra forma de opresión nacional racista que conciba el nacionalismo como exclusión o subordinación de una, de "algunas" o del resto de las naciones y etnias, es decir, el delirante esquema ontoteológico monoteísta de la elección divina. 

Las naciones, quiéranlo o no, se salvarán juntas o perecerán juntas; también la nación judía, pero sólo el día en que ésta se libere a su vez... de su propia impostura ultraderechista

La alianza de los pueblos, las etnias, las culturas y las naciones contra la extrema derecha sionista que gobierna el mundo pasa por la superación tanto del racismo y el antisemitismo cuanto del discurso de la (pseudo) "democracia" (=liberalismo, capitalismo) y los "derechos humanos". 

La clave: Martin Heidegger y la pregunta que interroga por el ser. 

Atenas versus Jerusalén. 

La Marca Hispànica
6 de enero de 2014

1 comentario:

Anónimo dijo...

He alucinado.

Baste un ejemplo: "el fracaso del Tercer Reich se resume en su incapacidad para tratar en pie de igualdad y con dignidad de naciones al resto de los pueblos de Europa. La política de Alemania con los ucranianos decide el destino de la Segunda Guerra Mundial."
Este artículo, además de pura gerigonza ininteligible (¿tanto cuesta hablar claro?) alucina con la historia y con sus propias conclusiones. PRECISAMENTE el trato del tercer hacia las demás naciones de Europa fue lo que le perdió, por respetuoso en comparación con el trato que ésta recibía de esos "santos países". Permitir escapar a la oficialidad y al grueso del cuerpo expedicionario británico le hubiera supuesto a GB tres años sin ejercito operativo, o dos comom mínimo. El trato dado a Francia fue extraordinariamente generoso, pudo haber exigido la flota francesa, la segunda del mundo en ese momento, etc., etc., etc. Respecto a lo que sucedió en Ucrania lo que ese señor no sabe (pero podría aprenderlo ahora que el país está como está en preludio a una guerra civil) es que esa República Soviética creada en 1921 es mayoritariamente pro rusa en el centro-oriente y anti-rusa en occidente, con minoría interiores del bando enfrentado. Solo la zona de Crimea es 100% rusa, pero el país es ortodoxo de religión, de habla rusa mayoritaria... Lo que sucedió es que los ucranianos lucharon entre sí, unos con los alemanes y otros con los rusos. No dió tiempo a mucho más. Los soviéticos se llevaron todo medio de producción y todo alimento. Los policías políticos estaban infiltrados entre la población. El alto mando alemán, por motivos estratégico y de pura ciencia militar prefirió proseguir su avance hacia el este antes que crearse un problema mayor en la retaguardia, y DE HECHO se intentó crear unas divisiones ucranianas, pero es que el tiempo de entrenamiento ni el material caían del cielo. Es increíble como se confunden decisiones militares con el racismo, que en aquella época no era sino el nacionalismo, ya que los ingleses eran una "raza" que luchaba contra otras "razas" como la alemana, la india, etc.

Lo de la extrema derecha judía es de traca, cuando en los primeros años de la entidad sionista (los años del genocidio abierto y las guerras) estuvo gobernada prácticamente por partidos socialistas...

Y lo más divertido es que se queje de que los judíos adoran a un díos que no es otra cosa que el pueblo judío (otra premisa previa poco aquilatada que este señor establece aprioristicamente para que le cuadren sus teorías, parece que es su método habitual de trabajo, por decir algo)cuando resulta que este señor pretende resucitar los dioses germánicos (¿no es español?) y jura que para él su Dios es la Nación. ¡Alucinante! Ya lo dije al principio. Gracias y un saludo