Bienvenidos al Frente Negro

miércoles, 29 de enero de 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (1)

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Por Jaume Farrerons

- Primera parte -
- Esquema básico -

¿Extrema derecha? Sí. A pesar de los repetidos y hegemónicos discursos según los cuales la "ultra" tiene un carácter residual, minoritario, extravagante y poco menos que enfermizo, en realidad la extrema derecha es la fuerza política que -con escasas resistencias- gobierna el hemisferio occidental todo

Ahora bien: ¿de qué extrema derecha estamos hablando? Ésa es la cuestión. Las distintas ultras forman un conjunto de suma cero, o sea, cuyos elementos sólo pueden co-existir excluyéndose mutuamente y, a la postre, suprimiéndose a sí mismos. Cada miembro del conjunto entraña un rasgo característico de negación de todos los demás. Si el conjunto fuera (a, b, c), la definición de (a) sería (no-b, no-c); la definición de (b), (no-a, no-c) y la definición de (c), (no-a, no-b). 

Nuestra tesis es que (a), (b) y (c) se definen también respectivamente como (no-a), (no-b), (no-c). Es la comunión o la comunidad eclesial en Cristo de todos los ultraderechistas conservadores. Veámoslo.  

Por supuesto, el conjunto (C) cuenta con cientos de elementos (e), no únicamente tres, pero la formulación de los mismos se basaría en el mismo "modelo". La impotencia de la oposición nacional a la oligarquía mundial pasa por la reducción arbitraria de los nacionalismos a racismos y ultraderechismos de suma cero. 

Y, sin embargo, hay una extrema derecha que "gobierna". ¿Cómo puede hablarse entonces de suma cero? ¿No tenemos un saldo positivo de poder en provecho, precisamente, de los dominadores? ¿Cuál es la explicación de este misterio, es decir, el "misterio del fascismo"?

La extrema derecha imperante (s=sionismo) es "(anti)fascista", entre otras cuestiones harto complejas, porque el elemento (s), como cualesquiera otros de C, se define por la negación uno a uno de todos los elementos del conjunto que a su vez (antisemitismo) la niegan. La sinergia -recíprocamente anulada- de las ultraderechas del planeta y por ende de la gentilidad (g), aquello que se entiende despectivamente -en la política, los medios de comunicación y el "mundo de la cultura" oficiales- por "extrema derecha" (=fascismo, nazismo, antisemitismo = el mal absoluto), redúcese, en una palabra, a "lo mismo" que el poder oligárquico. 

!Tal es la sorpresa con que tópase uno al ahondar en los resortes básicos de las ideologías ultraderechistas "gentiles"! 

"Cristo vence", insignia de la ultra-derecha,
(Foto y pie cargo de El Frente)

La ultraderecha como negación de la nación


La comprensión de dicho fenómeno pasa de forma necesaria por la caracterización doctrinal e histórica del cristianismo, religión universalista de procedencia judaica que promueve a un dios extranjero para regir "las naciones".

Así, cada elemento (e), excepto uno, (s) (=sionismo), no sólo es negación de los demás, sino, también, negación de sí mismo. Aquél, (s), deviene hegemónico porque, frente al resto, se (auto)afirma en su propia identidad sin ningún tipo de paliativos. Vocifera: "somos el pueblo elegido". 

El misterio del (anti)fascismo entraña la unidad dialéctica de esta dicotomía (fascismo y antifascismo) que posibilita el dominio de todas las naciones "gentiles" desde dentro a partir de su propia afirmación y autosupresión simultáneas en un conjunto de suma cero.

Porque al "afirmarse", las ultraderechas gentiles afirman a la par a "Jesús" y a la iglesia de Saulo de Tarso, es decir, afirman su propia negación en tanto que naciones

El concepto "extrema derecha" (="fascismo") ha sido acuñado por una -y muy singular- de las ultraderechas, precisamente la imperante -que nunca aparece (des)calificada en cuanto tal: se habla de ultraortodoxos, no de "extrema derecha judía", contradictio in adjectio dentro del código simbólico de la jerigonza oligárquica-, a efectos de neutralizar, estigmatizar y doblegar hasta la disolución voluntaria las naciones de la gentilidad, cortocircuitadas en el bucle lógico denominado "antisemitismo cristiano"; las "contradicciones" y "negaciones" representan para aquélla y a día de hoy las ultraderechas de esas mismas naciones (gentiles) negadas, las cuales, a su vez, e insisto en subrayarlo, lo son doblemente: respecto de sí mismas (como creyentes en un dios judío, ergo extranjero) y respecto de las demás (como remedos del "pueblo elegido"). 

Conviene no olvidar este último punto, clave de todo el asunto. 

Las ultraderechas no pueden aliarse contra el "enemigo común de los pueblos" porque reproducen entre ellas las pautas racistas y supremacistas inherentes a la idea de un pueblo elegido. El caso del nazismo es aleccionador: el fracaso del Tercer Reich se resume en su incapacidad para tratar en pie de igualdad y con dignidad de naciones al resto de los pueblos de Europa. La política de Alemania con los ucranianos decide el destino de la Segunda Guerra Mundial. Un racista cristiano, Erik Koch, hace más en favor de la causa "aliada" que la totalidad del ejército rojo subvencionado por Wall Street. La derrota alemana es política antes que militar. Un fracaso ideológico

Las ultraderechas no pueden tampoco, una a una, combatir el sionismo de frente, porque adoran a un dios inmigrante que sirve al enemigo y, en última instancia, se han maldecido y abortado ad ovo como naciones en el acto mismo de constituir su identidad nacional. Véase los Estados Unidos, arquetipo de la pseudo nación "cristiano-gentil" sin otro imaginario sustentador que la Biblia. Pero también España, esclava de la catolicidad. La "autosupresión" de la nación en la "comunión eclesiástica" opera desde el seno del discurso ontoteológico monoteísta y no hace otra cosa que afirmar sus valores (connotaciones) fundamentales. El islamismo radical sería el ejemplo actual más instructivo de religión judaica antisemita. El musulmán lucha contra Israel para afirmar a Yahvé -el dios de Abraham- y ésta es la mayor victoria espiritual de la extrema derecha oligárquica, ante la cual las ultraderechas "gentiles" nativistas deambulan completamente ciegas, confusas, refutadas y derrotadas de antemano

"Algo igualmente, de mayor trascendencia, si cabe, y posiblemente más desastroso por sus consecuencias a lo largo de la historia occidental, es la idea de la guerra santa. La idea de un dios que lucha en favor de su pueblo contra sus enemigos proviene del período más primitivo de la historia de Israel, y ha dado pie con su influencia sobre judíos, cristianos y musulmanes para legitimar diversos movimientos de violencia internacional, intercultural e interreligiosa hasta la actualidad". (Trevor Ling, Las grandes religiones de oriente y occidente, t. I., Madrid, Itsmo, 1972, p. 46).

La ultra sionista, en cambio, no se niega a sí misma; no adora a un dios-otro, sino a la nación judía como tal. Yahvé significa, efectivamente, la judeidad personificada. El nos-otros = nosotros absoluto. ¿Por qué los presuntos "patriotas" americanos, alemanes, franceses, ingleses, españoles..., póstranse empero ante la encarnación -Cristo- de una patria extranjera, declaradamente supremacista y hostil?

Milton  Friedman :  la   máquina 
financiera de exterminar naciones.

La impostura neoliberal


De ahí también la aparente duplicidad alevosa -y estructuralmente mendaz- de la ideología oligárquica

*por delante liberalismo, derechos humanos, democracia, progresismo, antifascismo, relato de la Shoah, racionalidad, cientificidad, etcétera;

*por detrás, ultranacionalismo (sionista), racismo, supremacismo, colonialismo, genocidio, capitalismo, liberticidio, manipulación y oscurantismo religioso.

La unidad de "fascismo" y "antifascismo", (anti)fascismo, esencia del dispositivo de dominación sionista, no es ninguna abstracción filosófica, sino la fórmula que resume el corazón batiente de la realidad histórica contemporánea desde 1945. 


El elemento (s) no forma, pues, parte de C sino como negación del conjunto C en bloque. Es una pertenencia "dialéctica". El (s) se define en términos de la ideología "antifascista", léase: como (no-C). No se incluye, perteneciéndole en el sentido más radical, dentro del conjunto "extrema derecha". Mejor dicho: el elemento (s) entra y sale del conjunto C según sea (s) en la perspectiva emic o (s) en la evidencia racional (perspectiva etic) el criterio que defina la situación. El predominio de la versión etnocéntrica frente a la verdadera y científicamente documentable forma parte de los atributos de la dominación. El lenguaje oligárquico es un discurso emic (tribal) convalidado de facto como discurso etic (con validez universal). Y quien cuestione la "verdad" obligatoria, impuesta por ley, va a la cárcel o como poco padecerá el ostracismo laboral, político y social. 

Se equivocan quienes piensen que esta formulación pretende presentarse con el rango académico de una teoría. Intentamos una metáfora matemática, con fines propedéuticos, para interpretar la hegemonía de la ultraderecha en un mundo donde ese mismo vocablo tiene un significado peyorativo, cuando no infamante. ¿Cómo se explica así la impunidad del sionismo, conceptuado en el molde del "progreso", el "desarrollo", el "humanismo", etcétera?
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Las naciones permanecen atrapadas en la telaraña de sus respectivas ultraderechas cristianas. La derecha patriótica se niega a sí misma, y con ella a la nación "gentil" del caso, en "su" dios hebraico

La izquierda marxista, por su parte, es cristianismo secularizado y, por ende, a-nacional. El internacionalismo progresista articula el último estadio -"laico"- de la catolicidad (del griego katholon = universal).

¿Quién, pues, encarna a la nación gentil, al pueblo, a las gentes? Nadie. Las naciones han quedado huérfanas y a merced del dios de Israel. A un lado y otro del espectro domina Sión. O Esdras o los profetas. O Cristo (derecha) o Marx (izquierda)

Las naciones (gentiles) no pueden afirmar su soberanía y particularidad irreductible, si lo hacen son acusadas de "fascistas" (=anticristo). La población ha interiorizado esa jerga presuntamente "humanitaria": el estigma de "racista", "nazi", etcétera, aplícase así a cualquier signo que identifique la comunidad nacional como valor supremo, por encima del "hombre" (=el judío dios, léase: la "persona" sujeto de derechos, el individuo). Las identidades nacionales fueron envenenadas desde la raíz por una fe milenaria que colonizó las almas europeas y occidentales hasta disolverlas en el individualismo cosmopolita del "yo inmortal". La comunidad nacional resultó traicionada y abandonada a cambio de una fábula indecente: la vida eterna del "ego"

Excepto Israel. Porque Israel, en este aspecto básico, sí es realmente un pueblo. E "inmortal" en calidad de pueblo (no de individuo); Israel se autoafirma como tal en la nación y en el estado (Estado de Israel); incluidos aquí no sólo la lengua y la cultura, sino nada menos que los genes, la herencia, la sangre, es decir, aquello que fuera rigurosamente prohibido a todos los "pueblos", "naciones" y "estados" del hemisferio "cristiano" (katholon). La iglesia es la comunión genocida sustitutoria de la comunidad nacional pagana originaria, el "pueblo de dios" que, por encima de las naciones, favorece la "hermandad" (=mestizaje) entre unos individuos-masa atomizados, aislados, egoístas, obsesionados sólo con la idea de su "salvación"... El mercado mundial neoliberal consuma, en la modernidad y con una vida centrada en el negocio privado, un proyecto (que no un plan o "conspiración") iniciado milenios atrás por Saulo de Tarso. Mientras tanto, Tel Aviv mantiene vigente el ius sanguinis

Filosofía: la tradición 

europea enterrada bajo el
imaginario bíblico.

Tareas de la filosofía crítica


FILOSOFÍA CRÍTICA, en esta nueva singladura a que nos obliga en España la ley Gallardón, pretende esbozar los fundamentos teóricos de la lucha contra la oligarquía occidental. 

Es ésta, sin embargo, una resistencia de las naciones contra la extrema derecha. No puede apoyarse, para tal singular combate, en el tipo de conceptos que tanto la propia oligarquía cuanto sus presuntos adversarios (las ultraderechas no-sionistas) abrigan, abierta o encubiertamente, a fin de interpretar el universo y la historia de acuerdo con los letales intereses de Yahvé.

La extrema derecha, el racismo, la ultra católica y todo aquello que se ha presentado hasta ahora como "patriotismo radical", es para nosotros -en el mejor de los casos- quincalla ideológica y el principal obstáculo para articular una defensa de la nación coherente y eficaz. 

FILOSOFÍA CRÍTICA tampoco puede, por otro lado, caer en la trampa que le tiende el discurso liberal-progresista, forjado para desarmar moralmente a las naciones gentiles frente a un mundialismo apátrida que es en verdad el rostro maquillado e invertido del más horrendo racismo exterminador. Condenamos por principio la retórica con que preténdese criminalizar como tales los nacionalismos (osen o no "rivalizar" con las ínfulas seculares del "pueblo elegido") en nombre de presuntos "derechos del individuo" y ficciones liberales o ácratas similares. El pueblo es la nación, una comunidad, los "ciudadanos" pertenecen ya al universo cristiano-burgués de la society capitalista

En consecuencia, aunque debemos, por imperativo legal, acatar el código penal español, nuestra condena del racismo, del supremacismo, del colonialismo y de los demás elementos ideológicos tácitos (u ocultos) de las extremas derechas (oligárquicas o antioligárquicas) no responde, ni puede honestamente responder, a una reivindicación de los mitos modernos (y aquí Heidegger) con que la ultra yanqui-sionista va disolviendo las identidades nacionales a escala planetaria. 

El olvido de la pregunta que

interroga por el ser.

Por una izquierda nacional


Entendemos que, en efecto, debe de poder combatirse dicho proyecto racista/universalista occidental, pero jamás desde posiciones ultras no-sionistas u "opuestas" (¿?) posiciones mundialistas y anti-identitarias; sino sólo desde la trinchera de una extrema izquierda nacional o nacional-revolucionaria, que será nuestra tarea delimitar. 

El identitarismo es -en efecto- extrema izquierda nacional y socialista o no es nada. Hay que apostatar para recuperar la patria enterrada bajo siglos de aculturación etnicida judeocristiana. La extrema izquierda marxista no tiene ni la más remota idea de lo que significa una o-posición racional, laica, griega... En realidad esta "extrema izquierda" (internacionalista, cósmica) es únicamente uno de los brazos del gran pulpo mundialista con sede (mental) en Hollywood. 

Estamos, pues, de camino por otra senda que aspira a la libertad y dignidad de los pueblos, la cual comporta el rechazo de la opresión oligárquica, pero, a la par, de cualquier otra forma de opresión nacional racista que conciba el nacionalismo como exclusión o subordinación de una, de "algunas" o del resto de las naciones y etnias, es decir, el delirante esquema ontoteológico monoteísta de la elección divina. 

Las naciones, quiéranlo o no, se salvarán juntas o perecerán juntas; también la nación judía, pero sólo el día en que ésta se libere a su vez... de su propia impostura ultraderechista

La alianza de los pueblos, las etnias, las culturas y las naciones contra la extrema derecha sionista que gobierna el mundo pasa por la superación tanto del racismo y el antisemitismo cuanto del discurso de la (pseudo) "democracia" (=liberalismo, capitalismo) y los "derechos humanos". 

La clave: Martin Heidegger y la pregunta que interroga por el ser. 

Atenas versus Jerusalén. 

La Marca Hispànica
6 de enero de 2014

martes, 28 de enero de 2014

El capital monopólico ha tomado la iniciativa

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Por Osvaldo Calello

Finalmente el gobierno hizo lo que prometió que no iba a hacer. Terminó cediendo a la presión de los grupos exportadores y el capital monopólico y convalidó un aumento en la paridad del dólar que en la última semana llegó al 20,5 %, y que en 12 meses alcanzó al 60 %, equivalente a una devaluación del peso del 37,5 %. A este resultado arribó luego de que en 2013 el Banco Central perdiera 12.700 millones de dólares de sus reservas, pérdida que sumó más de 22.000 millones en los últimos tres años, equivalente a una caída de más del 40 %.

A una paridad de 8 pesos el gobierno cree que “el precio del dólar ha alcanzado un nivel de convergencia aceptable” y que, en consecuencia, los grupos exportadores liquidarán operaciones, y los importadores dejarán de anticipar compras para hacer la diferencia con un dólar barato. La explicación que formulan algunos sectores del kirchnerismo es típica de una cerrada actitud seguidista, que prescinde de toda reflexión crítica sobre la gravedad de la situación. En palabras de Luis D’Elía: “Una cosa es la devaluación por decreto que proponía Massa, hecha desde el Estado, y otra que el mercado genere una devaluación y que sea el gobierno el que le ponga un límite. Muchos analistas de la oposición decían que los precios ya expresaban un dólar de 8 pesos, así que no debería haber un aumento de la inflación”.

Lo cierto es que los acontecimientos de las últimas semanas indicaron algo bien diferente. La inflación ha escapado de control en diciembre, adelantándose al acuerdo de precios y seguirá su curso tras la devaluación del peso. Lo grave de este cuadro es que la escalada del dólar es parte de un ajuste en marcha cuyas manifestaciones han sido el aumento de las tarifas del transporte público en el área metropolitana, la suba de las naftas, los planes postergados de quita de subsidios al gas y la electricidad domiciliarios y el anuncio de un pronunciado incremento de la tasa de interés.



El gobierno ha terminado aplicando la solución que le impusieron los “mercados”, simplemente porque no controla el flujo de divisas. Hay que tener presente que el 50 % del total de lo que el país exporta es realizado por un puñado de grandes pulpos comerciales, que son los que gravitan decisivamente sobre la oferta de divisas. Esta burguesía intermediaria, junto con la banca extranjera, constituye el poder dominante en los negocios del comercio exterior. Sobre el grado de concentración de este mercado conviene tener presente una estadística correspondiente a 2011: el 85 % del total de exportaciones argentinas fue realizado por 273 grandes corporaciones; concentración que llega al 45 % si se computan los despachos de las 25 mayores firmas de ese grupo. De esas 25, casi la mitad (12) comercializan granos, oleaginosas y derivados, renglón dominado ampliamente por las multinacionales, a tal punto que en 2012, Cargill, ADM, Toepfer, Dreyfus y Bunge colocaron en el mercado internacional el 56 % de la producción granaria local.

Del mismo modo que el capital monopólico controla el proceso de formación de los precios, las multinacionales que operan en el comercio exterior y en el negocio bancario controlan el movimiento de divisas y, en consecuencia, gravitan decisivamente sobre la paridad cambiaria, por lo que los llamados “golpe de mercado” suelen llevar consigo el nombre y apellido de sus ejecutores.

El kirchnerismo no ha revertido el grado de concentración del capital que se aceleró en los años 90’. Por el contrario, en los diez años de la “década ganada” esa concentración se acentuó aún más: en 1990 el 28 % de las mayores 200 empresas que más facturaban eran de capital extranjero y sus ventas representaban el 23 % del total que correspondía a ese grupo; en 2001 el porcentaje de las corporaciones foráneas había subido al 46 % y su facturación al 55 %; finalmente, en 2010, 115 multinacionales (57,5 %) de las 200 compañías más poderosas, controlaban el 60 % de las ventas de esa cúpula empresaria.[1]

Esta tendencia a la concentración y extranjerización del capital es sintomática del desenvolvimiento de un patrón de acumulación cuyos resortes fundamentales, establecidos tras la contrarrevolución del 76’ y, especialmente, en los años 90’, no han sido removidos por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

El kirchnerismo surgió tras el agotamiento y la crisis del modelo constituido en torno al negocio financiero y el capital extranjero invertido en las empresas públicas privatizadas, y se afirmó inicialmente en un programa de sesgo desarrollista sostenido por los grupos exportadores y la gran burguesía industrial, y respaldado por la burocracia sindical con consentimiento de la mayor parte de la clase trabajadora. Sin embargo, el cambio de rumbo no significó en modo alguno un cuestionamiento al dominio del capital extranjero. En todo caso el capital financiero fue desplazado del centro de gravedad de las decisiones políticas, pero no de los grandes negocios ya que siguió registrando fuertes ganancias, y su lugar fue ocupado por el capital cuya reproducción depende del proceso productivo. En consecuencia, a pesar del discurso anti-neoliberal, persisten significativamente mecanismos de continuidad como, por ejemplo, la legislación financiera dictada por Martínez de Hoz o la Ley de Inversiones Extranjeras 21.382 de la época de la dictadura.

Sin embargo, la quiebra de la estructura de la dependencia semicolonial exige medidas de profundidad radical, en primer lugar la estatización del comercio exterior y de la banca extranjera, de modo de recuperar el control sobre el patrón de acumulación y echar las bases de una planificación democrática de la economía. Un corte de este tipo respecto del viejo statu quo, es lo que establece una diferencia irreductible entre un programa de contenido nacional-popular, y el progresismo de clase media, a través del cual una política de reformas democráticas parciales, se desenvuelve sin alterar las correlaciones de clase sobre las que gira el capitalismo argentino, sumergido en el atraso y la dependencia.

NOTAS:
1 - Martín Schorr. “Proyecto nacional” y extranjerización: discursos y procesos estructurales en la Argentina actual. http://www.agenciacta.org/spip.php?article11068

viernes, 17 de enero de 2014

El individualismo: origen de la corrupción

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Por Dominique Venner
En Europa, desde la más remota Antigüedad, siempre había dominado la idea de que cada individuo era inseparable de su comunidad, clan, tribu, pueblo, polis, imperio, al que se encontraba unido por un vínculo más sagrado que la propia vida. Esta indiscutida conciencia, de la que la Ilíada nos ofrece la más antigua y poética expresión, tomaba formas diversas. Basta pensar en el culto a los ancestros a quienes la polis debía su existencia, o a la lealtad hacia el príncipe era la expresión visible de la misma. Una primera fue la introducida por el individualismo del cristianismo primitivo. La idea de un dios personal permitía emanciparse de la autoridad hasta entonces indiscutida de los dioses étnicos de la polis. Sin embargo, impuesta por la Iglesia, se recompuso la convicción de que ninguna voluntad particular podía ordenar las cosas a su antojo.
Pero ya se había sembrado el germen de toda una revolución espiritual. Reapareció de forma imprevista con el individualismo religioso de la Reforma. En el siglo siguiente se desarrolló la idea racionalista de un individualismo absoluto vigorosamente desarrollada por Descartes (“pienso, luego existo”). El filósofo también hacía suya la idea bíblica del hombre dueño y señor de la naturaleza. Sin duda, en el pensamiento cartesiano, el hombre estaba sujeto a las leyes de Dios, pero éste había dado un muy mal ejemplo. Contrariamente a los dioses antiguos, no dependía de ningún orden natural anterior y superior a él. Era el único y omnipotente creador de todo, de la vida y de la propia naturaleza, según su exclusivo designio. Si semejante Dios había sido el creador desprovisto de todo límite, ¿por qué los hombres no estarían, a su vez, liberados de todo límite?
Puesta en marcha por la revolución científica de los siglos XVII y XVIII, esta idea ya no tuvo a partir de entonces el menor límite. En ella consiste lo que denominamos la “modernidad”: esa idea según la cual los hombres son los propios autores de sí mismos y pueden remodelar el mundo a su antojo. Sólo hay un principio: la voluntad y el capricho de cada cual. Por consiguiente, la legitimidad de una sociedad ya no depende de su conformidad con las leyes eternas del etnos. Sólo depende del momentáneo consentimiento de las voluntades individuales. Dicho de otra manera, sólo es legítima una sociedad contractual, derivada de un libre acuerdo entre partes que encuentran en tal pacto su propio beneficio.
Si el interés personal es el único fundamento del pacto social, no se ve qué es lo que podría prohibir que cada cual se aproveche de ello lo mejor que pueda, según sus intereses y sus apetencias, llenándose el bolsillo si su cargo le ofrece tal oportunidad. Tanto más cuanto que el discurso de la sociedad mercantil, por intermedio de la publicidad, establece para todos la obligación de disfrutar, o más exactamente de existir exclusivamente para disfrutar.
Pese a esta lógica individualista y materialista, el lazo comunitario del nacimiento y de la patria se había mantenido durante mucho tiempo, con las obligaciones que de ello se derivan. Este vínculo se ha ido destruyendo poco a poco en toda Europa en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, mientras triunfaba la sociedad de consumo procedente de Estados Unidos. Nuestras naciones han dejado de ser poco a poco una nación (basada en la natio, en el nacimiento común) para convertirse en una suma de individuos reunidos para pasarlo bien o satisfacer lo que por su interés entienden. A la antigua obligación de “servir” la ha sustituido la tentación general de “servirse”. Tal es la lógica consecuencia del principio que funda la sociedad en los exclusivos derechos humanos, es decir, en el interés de cada cual.
Fuente: El Manifiesto

jueves, 9 de enero de 2014

El Guerrero y la Ciudad

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Por Dominique Venner

En 1814, al final de las Guerras Napoleónicas, Benjamin Constant escribió con alivio: “Hemos llegado a la era del comercio, la era que debe necesariamente reemplazar a la de la guerra, tal como la era de la guerra tuvo que necesariamente precederle.” ¡Iluso Benjamin! Asumió la demasiado extendida idea del progreso indefinido apoyando el advenimiento de la paz entre hombres y naciones.

La era del comercio suave reemplazando a la de la guerra… ¡Sabemos lo que el futuro hizo de esta profecía! La era del comercio se impuso, de hecho, pero multiplicando las guerras. Bajo la influencia del comercio, la ciencia y la industria –en otras palabras, “el progreso” – las guerras incluso tomaron proporciones monstruosas que nadie hubiera jamás imaginado.

Hubo, sin embargo, algo de verdad en las falsas predicciones de Constant. Si bien las guerras continuaron e incluso prosperaron, por otro lado, la figura del guerrero perdió su prestigio social en beneficio de la sospechosa figura del mercader. Éste es el nuevo tiempo en el que aún vivimos, por el momento.

La figura del guerrero fue destronada, aún cuando la institución militar ha perdurado más que ninguna otra en Europa desde 1814. Ha perdurado desde el tiempo de la Ilíada –treinta siglos– mientras se transforma, adaptándose a todos los cambios; los de la época, los de las guerras, los de las sociedades y regímenes políticos, pero aún sigue preservando su esencia, el ser la religión del orgullo, del deber y el coraje. Esta permanencia a través de los cambios es sólo comparable con otra imponente institución: la Iglesia (o las iglesias). El lector está conmocionado. ¡Una sorprendente comparación! Y hay más aún…

¿Qué es el Ejército desde la Antigüedad? Es una institución cuasi-religiosa, con su propia historia, héroes, reglas y ritos. Una institución muy antigua, incluso más vieja que la Iglesia, nacida de una necesidad tan remota como la humanidad, y la cual ahora está cerca de extinguirse. Entre los europeos, nació de un espíritu que es propio de ellos y el cual  –a diferencia de la tradición China, por ejemplo– hace de la guerra un valor en sí mismo. En otras palabras, que nació de una religión civil originada a partir la guerra, cuya esencia, en una palabra, es la admiración por el coraje ante el rostro de la muerte.

Esta religión puede definirse como la de la ciudad, en el sentido griego o romano de la palabra. En un lenguaje más moderno, es una religión de la patria, sea de la grande o de la pequeña. Como Héctor dijo hace treinta siglos en el duodécimo libro de la Ilíada, para eludir un mal presagio: “No es por un buen resultado que luchamos por nuestra patria” (XII, 243). Patria y coraje están conectados. En la última batalla de la Guerra de Troya, sintiéndose amenazado y condenado, Héctor se aparta a sí mismo de la desesperanza con este grito: “¡Oh, bien! No, no moriré sin luchar, no sin gloria, no sin un gran acto que sea recordado en los tiempos por venir” (XXII, 304-305). Uno halla este clamor de trágico orgullo en todas las épocas de una historia que glorifica al héroe desventurado, engrandecido por una derrota épica: las Termópilas, la Canción de Rolando, Camerone o Diên Biên Phu.

Cronológicamente, el clan guerrero aparece antes que el Estado. Rómulo y sus belicosos compañeros trazaron primero los futuros límites de la Ciudad y establecieron su inflexible ley. Por haberla transgredido, Remo fue sacrificado por su hermano. Entonces, y sólo entonces, los fundadores raptaron a las Sabinas para asegurar su descendencia. En la fundación del estado europeo, el orden de los guerreros libres precede al de la familia. He aquí por qué Platón dijo que Esparta estaba más cerca del modelo de ciudad griega que Atenas. [1]

Aunque puedan ser débiles, los ejércitos europeos actuales constituyen islas en un entorno desmoronado donde estados ficticios promueven el caos. Aún disminuido, un ejército permanece como una institución basada en la férrea disciplina y participante en la disciplina cívica. Por esta razón, esta institución carga en ella una semilla genética de restauración, no por procurar el poder o militarizar a la sociedad, sino para reafirmar la primacía del orden por sobre el desorden. Es lo que las compagnonnages de la espada hicieron luego de la desintegración del Imperio Romano y muchos otros después de eso.

1. En Les métamorphoses de la cité, essai sur la dynamique de l’Occident (Paris: Flammarion, 2010), basado en la lectura de Homero, Pierre Manent destaca el rol de las aristocracias guerreras en la fundación de la antigua Ciudad.

Fuente: Counter-Currents 
[Traducción corregida por Augusto Bleda para El Frente Negro]

viernes, 3 de enero de 2014

Correa contra la ideología de género

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[Ver video debajo con las declaraciones]
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Rafael Correa dedicó la última emisión de Enlace Ciudadano, su programa semanal de radio y TV, a fustigar la ideología de género. Al mismo tiempo, defendió el feminismo, entendido como la lucha por la igualdad de derechos, que no significa la "igualdad total", según precisó. Y aludió a quienes afirman que no existe una diferenciación sexual natural sino que todo es "construcción cultural".

Correa aseguró estar a favor de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero no de la igualdad en todo, como si no existiesen diferencias biológicas entre los sexos. Aunque expresó respeto hacia quienes defienden estas teorías, rechazó que "traten de imponer sus creencias a todos". "Que no existe hombre y mujer natural, que el sexo biológico no determina al hombre y a la mujer, sino las 'condiciones sociales'. Y que uno tiene derecho a la libertad de elegir incluso si uno es hombre o mujer. ¡Vamos,por favor! ¡Eso no resiste el menor análisis!", exclamó el Presidente.

"Esas no son teorías, sino pura y simple ideología, muchas veces para justificar el modo de vida de aquellos que generan esas ideologías. Los respetamos como personas, pero no compartimos esas barbaridades", aseguró.

Correa advirtió, además, que se está adoctrinando en esa ideología (que calificó de "peligrosísima") en muchas escuelas: "No traten de imponerlo al resto y no se lo impongan a los chicos, porque hay gente que está enseñado eso a nuestros jóvenes".
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En octubre pasado, Correa había amenazado con dimitir si el Congreso ecuatoriano aprobaba el aborto. Ahora, se declaró partidario de la familia natural, aun a costa de parecer "cavernícola" y "conservador", aclaró, abriendo el paraguas a las críticas que sabe que recibirá: "Creo en la familia y creo que esta ideología de género, que estas novelerías, destruyen la familia convencional, que sigue siendo y creo que seguirá siendo la base de nuestra sociedad".

Consciente de las críticas que recibirá por colocarse a contramano del pensamiento dominante en el progresismo, Correa señaló que ser de izquierda no implica apoyar el aborto o estar en contra de la familia tradicional. "Esa es otra 'novelería': quien no se adscribe a esas cosas no es de izquierda. ¿Qué es eso de que si uno no es proaborto no es de izquierda? -desafió Correa-. Entonces, ¿si Pinochet está a favor del aborto, es de izquierda? ¿Y si el 'Che' estaba contra el aborto, entonces era de derecha?", preguntó también.

"Esas son cuestiones morales, no ideológicas", sostuvo, contrariando a una izquierda latinoamericana que, casi mayoritariamente, milita por la despenalización del aborto, en nombre del "derecho" de la mujer a "decidir" sobre su propio cuerpo. 

El pasado 13 de diciembre, el presidente de Ecuador se había reunido, sin embargo, con representantes de los grupos LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) para asegurarles que se opondría a su discriminación laboral o en otros ámbitos, pero sin que ello implicase considerar matrimonio a sus uniones.

Fuente: Infobae